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Granada, Granada, Spain
Empezaría diciendo que todo lo que escribo lo hago con papel y una pluma, pero mentiría. Una de mis mayores aficiones es escribir, yo lo llamaría como una especie de "escape" donde eres libremente de escribir lo que te plazca, ya sea hundirte en tus pensamientos o tan solo con deslizar tus dedos sobre el teclado comienzas a adentrarte en un mundo donde tu decides que sucede a cada instante y a cada segundo. ¿Maravilloso, verdad? No escribo para nadie, escribo para mi misma. Lo que nunca imaginé fue ver a toda esta gente leyéndome. Soy otra marioneta que ansia la libertad en esta sociedad manipuladora. Nunca permitas, por nada del mundo, que la sociedad te convierta en una persona quien no eres. Seamos libres de ser quien cojones queramos ser. Porque no hay nada más maravilloso que ser uno mismo y no como querrían que fueses. Amo la lluvia, los días de tormenta, amo el chocolate, también un buen café con leche en las tardes de invierno. Si has llegado hasta mi blog, bienvenidos pequeños mortales, si deseas quedarte será todo un placer, siempre serán bienvenidos aquí y si deseas marcharte, que así sea. ¿Te introduces en mi cuento de princesa inmortal?
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"En la vida es imposible sufrir, pero el hecho de arriesgarse por la persona a la que amas, hace que el dolor, merezca la pena."

sábado, 24 de noviembre de 2012

Capítulo 25: La trampa.




Jared, Emily, Erick y yo, nos mirábamos. Nuestras miradas decían que todo había acabado, por fin habíamos encerrado a Rebecca. Rebecca que se encontraba encerrada en esa "habitación" chillando, dando golpes, enfurecida. Una parte de mi no quería que estuviese ahí, pero sabía que tenía que encerrarla. No podía dejar que matara a más gente. La puerta en la que ella se encontraba adentro, tenía una rejilla pequeña en la que se podía ver lo que hacía ella y como se encontraba en cada momento. En ese momento di un leve suspiro. Rebecca no paraba de repetir mi nombre, suplicando que la dejase salir. Sabía que era una trampa. No iba a caer en ella, sabiendo que al cabo de minutos mataría a más gente. Aveces, era tan inocente que por un momento la creía. Creía que si la dejaba salir no haría más locuras, no mataría a más gente. Pero ya confié una vez en su palabra y me traicionó. 
-Vamos. -dijo Jared.
Comenzaron a subir las escaleras del sótano, yo me quedé atrás, mirando la puerta. Erick se giró para mirarme.
-Amy, vamos. -dijo Erick.
Asentí con la cabeza me dirigí a subir las escaleras del sótano. Una vez que estábamos de nuevo en el bar me senté en una de las sillas de la barra como de costumbre. Estaba preocupada, no dejaba de suspirar y morderme las uñas.
-Amy, no la vamos a matar. La vamos a dejar ahí un tiempo hasta que se espabile y deje de matar gente.-dijo Erick.
-¿Cómo sabes si eso funcionará? ¿cómo sabes si cuando salga de nuevo volverá a matar a más gente? me parece una tontería lo que estamos haciendo. Rebecca es así, por más que queramos no va a cambiar y vosotros lo sabéis.
-Amy, ¿nos estás queriendo decir que no quieres luchar por tu hermana? ¿es eso lo que nos estás queriendo decir?-dijo Jared.
-Estoy queriendo decir...-hice un breve pausa.-¿Y si no va a cambiar por mucho que lo intentemos?
-Sabes perfectamente que tu hermana no es así, no era así. Si ahora ella es así, es por que no supo controlar sus ansias de sangre. Cuando fue convertida no supo controlarse. Bebió y bebió, mató y mató y por eso ahora se comporta como tal. ¿Es que no lo sabías? sabes perfectamente que ella no es así. 
-¿Y si ha cambiado? ¿Y si ahora es así y no hay forma de cambiarla? ¡Estoy harta de ella!-Comencé a chillar.-¡Estoy cansada de luchar y no conseguir nada! ¡La odio, joder!
Jared miró a Erick totalmente sorprendido por las palabras que estaba diciendo. Emily también lo estaba, se acercó a mi pero yo me levanté de la silla y lancé la silla contra la pared. Estaba demasiado cabreada hasta el punto de lanzar sillas por los aires, por un momento le iba a destrozar el bar a Jared. Erick se acercó a mi en pasos largos, puso sus manos en mis mejillas y me levantó la cabeza.
-Hey, cálmate, por favor. No puedes estar diciendo eso, Amy. Estás cabreada, lo sé, pero tú no eres así, tú no te rindes como si nada. Has llegado muy lejos, has encontrado a tu hermana. 
-¡¿Y de qué me ha servido haberla encontrado?! ¿¡Eh?! ¿¡de qué?! ¡Es que no te das cuenta de la clase de monstruo que se ha convertido! ¡Esa no es mi hermana!