.

.
.

Seguidores

Datos personales

Mi foto
Granada, Granada, Spain
Empezaría diciendo que todo lo que escribo lo hago con papel y una pluma, pero mentiría. Una de mis mayores aficiones es escribir, yo lo llamaría como una especie de "escape" donde eres libremente de escribir lo que te plazca, ya sea hundirte en tus pensamientos o tan solo con deslizar tus dedos sobre el teclado comienzas a adentrarte en un mundo donde tu decides que sucede a cada instante y a cada segundo. ¿Maravilloso, verdad? No escribo para nadie, escribo para mi misma. Lo que nunca imaginé fue ver a toda esta gente leyéndome. Soy otra marioneta que ansia la libertad en esta sociedad manipuladora. Nunca permitas, por nada del mundo, que la sociedad te convierta en una persona quien no eres. Seamos libres de ser quien cojones queramos ser. Porque no hay nada más maravilloso que ser uno mismo y no como querrían que fueses. Amo la lluvia, los días de tormenta, amo el chocolate, también un buen café con leche en las tardes de invierno. Si has llegado hasta mi blog, bienvenidos pequeños mortales, si deseas quedarte será todo un placer, siempre serán bienvenidos aquí y si deseas marcharte, que así sea. ¿Te introduces en mi cuento de princesa inmortal?
Traductor
English French German Spain Italian Dutch Russian Portuguese Japanese Korean Arabic Chinese Simplified
Quiero esto en mi Blog!

Comparte esto.♥

Compartir
"En la vida es imposible sufrir, pero el hecho de arriesgarse por la persona a la que amas, hace que el dolor, merezca la pena."

viernes, 13 de diciembre de 2013

Entre cielo e infierno. Capítulo 08: Sorpresita familiar.





Hubo un silencio después de la última frase de Nathan. Nathan miraba a Natsuki, y no era la típica mirada,  ella sabía lo que significaba aquella mirada. Era la única que entendía a lo que se refería, a parte de Kyle.
El metro estaba hecho un desastre; había sangre por todas partes y cinco cadáveres. Uno de ellos estaba hecho migas en el metro.
Scarlett rompió el silencio y con un tono de enfado y preocupación dijo:
—¿Cómo que irás al mundo de los Demonios? Natsuki, ¿ésto ha sido idea tuya?
Blake comenzó a reír a carcajadas, todos se inquietaron por la risa de Blake, menos Nathan, que le miraba con bastante odio, como la primera vez que supo de su existencia. Blake comenzó a dar varias palmadas mientras reía como un auténtico demente.
—¡Vaya!—exclamó.—A sí que vas a ir al mundo de los Demonios.—dijo controlándose la risa.—Espero que vayas y que no vuelvas. No creo que salgas de allí, aquellos también te quieren muerto. Ya te imagino; vas allí, te ven, se sorprenden, y de pronto una patrulla de hombres demonios se dirigen a ti para acorralarte y matarte. ¡Oh, sí! ¡Ve allí, chaval!—exclamo riéndose de nuevo.
Nathan se enfadó bastante y se lanzó hacia él. Como estaban al lado, Nathan le dio un empujón que eso hizo cortar la risa a Blake.
—¿Y tú porqué no te vuelves a tu jodido mundo?—comenzó a decir Nathan.— llevas aquí bastante tiempo y lo único que haces es molestarnos. ¿Qué es lo que estás haciendo aquí? ¿Matarme? ¿Por qué no me has matado ya en vez de seguir molestándote en hablar conmigo? ¡Oh, venga! si quisieras matarme ya lo hubieses echo. ¡Pedazo de gilipollas!—ésto último lo exclamó con un tono más alto y lo agarró de la chaqueta.
—Te recuerdo que te pegué un puto tiro.
—¡Y porqué no me lo pegaste en la cabeza! ¿Qué tratas de averiguar de mi? ¡Si ya lo sabes todo! si me odiases tanto como dices, ya me habrías matado.
—Como tú has dicho: Trato de averiguar cosas. Y lo que yo haga o deje de hacer no es de tu incumbencia, maldito nephilim. Que yo no te mate no significa que otros no lo intenten. Ya has visto a los Ángeles que acabamos de matar hace menos de cinco minutos. Y hazme el favor de soltarme, tienes la extraña manía de arrugarme la ropa.
—Tú maldita actitud hace que quiera que te pegue de hostias.
—Lo mismo te digo.
Natsuki se metió en medio y los apartó de un pequeño empujón.
—¡Parad ya! sí, yo he tenido que ver en ésto. Es idea mía la de ir al mundo de los Demonios. Pero a él no le pasará nada allí. Alguien quiere hablar con él desde hace un tiempo.
Blake soltó una risa irónica.
—Ya claro, "no le pasará nada allí." ¿Te lo han dicho ellos, acaso?—preguntó Blake con tono burlón.
—Sí.—respondió ella.
—¡Por Dios!—exclamó.—¡Qué son Demonios! a esos no se les puede creer ni los más mínimo.
—¿Tú no querías verme muerto?—dijo Nathan alzando una ceja.

martes, 12 de noviembre de 2013

Entre cielo e infierno. Capítulo 07: El mundo de los Demonios.




Blake se dirigía al mismo pub donde se encontró con Nathan la primera vez. Llevaba el arma escondida detrás de su pantalón, no se arrepentía de haberle disparado a Nathan, de hecho le alegró ver la cara que puso cuando le apuntó y sobretodo cuando le disparó. Recordó el momento del disparó, al recordarlo soltó una risa, pero esa risa se desvaneció y en sus labios se posó una seriedad en su rostro. Parecía estar recordando algo.
Entró en el pub. La música sonaba, alguna que otra gente estaba bailando, otras tan solo bebían y reían. Fue directo a la barra y se sentó en una de las sillas. En realidad no le apetecía para nada estar en aquél pub, pero necesitaba una copa. El camarero le sirvió su bebida y se la colocó en la barra.  Le dio un sorbo, soltó un suspiro y comenzó a darle pequeñas vueltas a su copa. Estaba tan pensativo que ni siquiera  podía oír la música de aquél pub, los pensamientos surgían en su mente y todo lo que podía oír era su propia voz en su cabeza.
Aquella chica, pensó, era Natsuki, ¿de qué diablos conoce a Nathan? ¿Por qué corrió hacia él cuando le disparé? Ella fue quién salvó a Scarlett del asesinato de su padre. Yo vi como la salvaba...
Nunca podré entender porqué le salvo, porqué lo hizo, y ni porqué estaba ella allí en ese momento. Si yo vi como asesinaban al padre de Scarlett era porque yo pasaba por la zona en aquél momento. Un pequeño detalle que no le conté a Scarlett.  ¿Se acordará Natsuki de mi?, ésto último lo pensó con nostalgia y volvió a darle un sorbo a su copa. ¡Por Dios! ¿Qué más da? voy a dejar de pensar gilipolleces y centrarme en mis asuntos. Ella no es mi asunto.

lunes, 14 de octubre de 2013

Entre cielo e infierno. Capítulo 06: ¿Notas la bala penetrando en tu piel?




Ahora que Nathan iba a utilizar a Kyle para sacar información sobre Blake, todo le iría más fácil. Aunque puede que a la vez complicado. Kyle mencionó anteriormente que no se llevaba muy bien con Blake, y el hecho de que ambos no se tragasen puede que no soltase prenda, pero habría que intentarlo para averiguarlo. Kyle dudaba si realmente Nathan de nuevo confiaba en él o sólo lo estaba haciendo para utilizarlo. De ser lo segundo se sentiría apenado. Pero Nathan estaba haciendo ambas cosas, aunque le costase fiarse de él de nuevo, lo iba a hacer.
—¿Dónde está Scarlett ahora?—preguntó Kyle.
—En mi apartamento. Le dije que se quedase allí, que ahora volvía.
—¿Tú y ella estáis...?
—¿Qué? No, ¿qué te hace pensar eso? es una amiga, simplemente.
—Entonces, ¿por qué te preocupas tanto por ella? por lo que veo no la tratas simplemente como a una amiga.
—¡Y qué sabrás tú! además, eso de enamorarse lo veo absurdo. Nunca lo he estado y paso de estarlo. Estoy bien tal y como estoy.
—Eso lo dices ahora. Pero no estás enamorado porque con las chicas con las que sales te las follas y ya está. No las vuelves a ver. Y, ¿acaso te has preocupado alguna vez de las otras chicas tanto como por Scarlett?
—Claro que sí. Me preocupo de... si llegan bien a casa después de marcharse de la mía.
Kyle alzó una ceja.
—¿Quieres que te diga más?
—¡Qué te den! y además, si me preocupo por ella es porque hicimos un trato; está en mi "equipo" por así decirlo y ella está buscando a alguien. Tendré que cuidar a los de mi equipo, ¿no?—sonrió.
—Yo estoy en tu equipo desde un principio y no me das ni agua.

martes, 24 de septiembre de 2013

Entre cielo e infierno. Capítulo 05: Sacar información sobre Blake.



Al oír la última frase de Blake, Nathan apretaba cada vez más el traje de Blake, arrugándolo. Nathan se sentía traicionado por Kyle. Se estaba relacionando con ángeles, y a ser obligado dar información. Nathan se sentía algo aliviado al saber que Kyle no le había dado información sobre él, pero si sabían que se relacionaban con él.
No entendía el porqué Kyle estaba haciendo todo aquello, ni de cuanto tiempo llevaba haciéndolo. Estaba enfadado, frustrado, decepcionado. Si Kyle se relacionaba con ángeles cabe la posibilidad de que él sea uno de ellos, de ser así Nathan no sabría como reaccionar ante aquello. Conozco a Kyle no hace menos de dos años, se dijo para si, y al año siguiente fue cuando le conté lo que era. Si Kyle todo este tiempo a sido un ángel sin decirme nada cuando yo le conté lo que era me sentiré demasiado decepcionado y frustrado. Odio a los ángeles, y no sé si podría odiarle a él. Es él único amigo que he tenido en toda mi vida, y la verdad me cuesta demasiado llamarle "amigo" a una persona, porque tarde o temprano esa persona no puede ser realmente tu amigo de verdad y te acabe traicionando...Como la mayoría.
Nathan comenzaba a cabrearse cada vez más, contra más pensaba en qué Kyle podía ser uno de ellos, más se enfadaba y sentía las ganas de apretar el cuello del ángel que agarraba con brusquedad. La mirada de Blake era fría. Sangraba por el labio al recibir el puñetazo. Ambos se miraban fríamente, como si sus miradas estuviesen a punto de salir rayos por los ojos, o incluso cuchillos. Nathan mostraba los dientes enfadado y sus pupilas estaban comenzando a cambiar.
—Juro que te mataré, —le dijo con totalmente asco a Blake y frialdad— pero éste no es el momento de provocar tu muerte.
Nathan lo apartó de un empujón haciéndolo estrellar con un contenedor de basura. Alzó sus  alas de su espaldas y voló por el oscuro cielo. Blake, tirado en el suelo donde se había estrellado con el contenedor, miró al cielo y lo vio desvanecerse en la oscuridad. Se tocó el labio sangrado y se quejó.
—Creo que no sabe lo de Kyle.—musitó.
Nathan aterrizó en un oscuro callejón y guardó sus alas. En ese callejón justamente enfrente estaba el edificio en el que él vivía. Miró el edificio y se fijó en el apartamento de Kyle. Al parecer no estaba dentro, las luces estaban apagadas y Kyle no se acostaba tan pronto.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Capítulo 30: Secuestro en el anochecer.



Papá miraba a Rebecca con el ceño fruncido aún apuntándole con el arma. Rebecca no me había soltado aún, me agarraba el cuello, ésta vez con menos fuerza, ya que estaba sin habla ante la presencia de mi padre y el hecho de que le estuviese apuntando con un arma a la cabeza le dejó anonadada.
Hubo un silencio incomodo, nadie decía nada, total y absolutamente silencio. Era un silencio tan incomodo que se podría oír caer un alfiler.
Temía por mi padre. No quería que estuviese aquí, que tuviese que ver como era Rebecca en ese entonces, una Rebecca que nadie conocía, que incluso daba asco mirarle por como se comportaba, esa actitud que tenía como si todo, absolutamente todo le resbalase, en realidad no lo parecía, se lo resbalaba absolutamente todo. Pero ésta vez a Rebecca no se lo resbaló del todo.
 ¿Qué estará pensando mi padre?, me preguntaba. ¿Qué va a hacer Rebecca ahora?
Quería llevarme a mi padre lejos, antes de que Rebecca cometiese alguna estupidez, como por ejemplo hacerle daño. Papá era tan cabezota a veces que por más que le repetía las cosas por su bien, no me hacía caso. Comprendía que papá tenía todo el derecho a ver a su hija, a la Rebecca que es ahora, pero no quería que se sintiese mal, que el verla hubiese consecuencias y que mi padre estuviese hundido, deprimido, acabado.
Si no he querido que la vieses, me dije a mi misma, era porque conozco a Rebecca y hace daño a todo lo que se interponga en su camino, Papá.
Rebecca dejó de agarrarme el cuello y acto seguido comenzó a levantarse de encima mía. Me incorporé del suelo y también me levanté observando con total atención los próximos movimientos de Rebecca.
Rebecca soltó una risa irónica mirando a papá. Mi padre, confuso por su risa, no dejaba de mirarla y apuntarle aunque le doliese el corazón hacerlo.
-No quiero tener que hacer esto, hija.-rompió el silencio papá.

martes, 6 de agosto de 2013

Entre cielo e infierno: Capítulo 04: Información no deseada.





Nathan se mostraba en el salón de su apartamento sosteniendo en sus manos ese papel que contenía esa frase, más bien, ese mensaje. Observó ese papel varias veces, incluso miró por la parte de atrás del papel por si podría contener algún tipo de nombre, pero no, totalmente anónimo. ¿Qué querría decir esa frase? Nathan echó la cabeza hacia atrás aún sosteniendo el papel en sus manos. Soltó un leve suspiro mientras cerraba los ojos. A continuación dejó la carta en el mismo lugar donde anteriormente la encontró: en la mesita del salón.No se imaginaba quién pudo escribir algo así, y del porque tendría que conocer mejor a Kyle. ¿Acaso Kyle no es quién dice ser? se preguntó mientras se llevo una mano a la barbilla. Llevo un par de años conociendo a Kyle, y prácticamente lo conozco bien. Aquél cuervo aún seguía apoyado en el marco de la ventana y no dejaba de mirar a Nathan. Éste observó que la lluvia comenzó a empeorar y las gotas comenzaban a pegar más fuere. Se dirigió a la ventana y observó al cuervo. El cuervo se sacudió el plumaje para quitarse el mojado de la lluvia.
 —Tengo que cerrar la ventana, amigo. La lluvia está comenzando a entrar.
Aquél cuervo en vez de marcharse se metió  dentro del apartamento. Voló y aterrizó en la pequeña mesita del salón, donde Nathan había dejado el papel. Nathan cerró la ventana sorprendido y, acto seguido miró al cuervo. Aquel cuervo comenzó a dar pequeñas vueltas al rededor de la mesita.
Nathan se fijó en que él estaba prácticamente desnudo y que solamente llevaba la toalla de ducha rodeada sobre su cintura. Le hizo una seña al cuervo para que no se fuese o se asustase y acabase estropeando el apartamento. El cuervo acto seguido trasmitió un sonido hacia a Nathan y se quedó completamente quieto, esperándole, como si el propio cuervo le hubiese obedecido. Nathan se metió en su habitación, se colocó unos boxer y su pantalón de pijama, el pecho se lo dejó descubierto. Volvió al salón a pasos largos y se sentó en el sofá. Era la primera vez que se intentaba comunicar con aquél animal, tan misterioso y curioso. La pequeña mesita del salón se situaba enfrente de el.
 —Tengo la extraña sensación de que me entiendes a la perfección. He oído hablar de que los cuervos son muy inteligentes, pero el hecho de que tú puedas entenderme me parece fuera de lo normal. Quizás sólo sean paranoias.—Nathan recordó la primera vez que vio al cuervo por primera vez. Aquella vez en la que se posó en  la ventana de su habitación y no le asustó su presencia. Como si el cuervo le hubiese elegido a él por alguna extraña razón.—¿Por qué yo...?—dijo observando al cuervo.
El cuervo comenzó de nuevo a dar pequeñas vueltas al rededor de la mesa, como si tratase de jugar, pero no estaba jugando. En ese preciso momento se dirigió a la carta que contenía aquél mensaje. El cuervo con una de sus pequeñas patas, con sus garras agarró la carta, acto seguido con su pico la mordió y se colocó en una posición en la que el cuervo le mostraba la carta a Nathan. Nathan se quedó bastante sorprendido, incluso soltó una pequeña risa de lo que veían sus ojos amarillentos. Éste agarró de nuevo la carta dejándola a su lado, volvió a mirar al cuervo.
—¿Qué es lo que eres, amigo?—Nathan azló su mano lentamente y acarició la cabeza del cuervo. El cuervo se dejó acariciar.—Eres realmente sorprendente. Vamos a jugar a un pequeño juego: Quiero que me trasmitas un sonido cuando te pregunte si la frase de la carta es realmente cierta, sino es cierta no trasmitas nada.—Pasados unos cuantos segundos Nathan preguntó.—¿Es la frase de la carta realmente cierta?
El cuervo trasmitió un sonido. Nathan sonrió de lado.
—Eso ha sido muy fácil, normalmente siempre sueles trasmitir sonidos, así que no sé si normalmente me entiendes. Vamos con otras preguntas. El no trasmitir nada significa no, el trasmitir algo significa sí. Así que atento. ¿Natsuki, la demonia que es amiguita de Scarlett, tiene la necesidad de matarme?
Éste no trasmitió ningún sonido. Nathan supo que el cuervo le entendía a la perfección y eso le resultó fascinante. El hecho de que un cuervo sepa entender lo que dices e incluso obedecerte como si fueses su propio dueño, eso hace impresionarte bastante.
Puedo comunicarme con éste cuervo, se dijo, éste cuervo es fascinante. El muy listo entiende lo que le digo, y trata de decirme que la frase de la carta es realmente cierta. ¿Trajo él la carta? ¿Puede haber sido posible que el propio cuervo haya escrito la carta? ésto es de locos. ¿Qué es lo que debería saber de Kyle que aún no sé? comprendo que todo ser humano tenga secretos, pero si Kyle trata de ocultarme algo oscuro del cual no quiere que sepa, no me gustaría enterarme por mi cuenta y que él no haya sido el primero en contarmelo. Me dolería mucho que no haya tenido el valor de contármelo cuando yo tuve el valor de confesar que era un Nephilim. Espero que la frase sea realmente cierta, porque si no ha sido una broma de muy mal gusto.
Nathan esa misma noche se las pasó investigando un poco más al cuervo. Se podría decir que incluso le había pillado cariño a ese extraño animal. Supuso que los cuervos comían carne cruda, así que Nathan no tuvo problema en alimentar al animal. Éste se levantó del sofá y se dirigió a la cocina, abrió la nevera y de ella sacó carne cruda. Corto un pequeño trozo y lo cortó en pequeños trocitos. Se volvió a sentar en el sofá del salón.
—Toma, pequeño. Probablemente no hayas comido en días, o igual me equivoco.—Cogió un pequeño trozo de carne cruda que tenía en sus manos y se la ofreció al cuervo. El cuervo fue directo a comerse la carne.
Colocó los pequeños trocitos de carne cruda encima de la mesa, para que al cuervo se le hiciese más fácil alimentarse. Mientras se alimentaba, Nathan giró la cabeza a su derecha y volvió a mirar la carta que estaba en el lado vacío del sofá. La expresión del rostro de Nathan se volvió seria.
Le preocupaba esa carta. Sentía la necesidad de hablar con Kyle, de preguntarle, de enseñarle que significaba aquello. Pero no quería hacerlo tan repentinamente. Investigaría por su cuenta, averiguaría que significaba aquello. No entendía el por qué debería conocer mejor a Kyle. Estaba claro que esa frase llevaba algo que no es bueno, algo que debería haberle dicho hace tiempo y no lo hizo, o algo que está sucediendo a sus espaldas.
Mañana mismo pienso entrar en el apartamento de Kyle cuando él no esté, se dijo para si, mientras cogía la carta y la doblaba para guardarla. Puede que haya algo escondido en su apartamento y pueda averiguar algo. Estaré atento cuando él salga de su apartamento.
Nathan miró al cuervo, vio que los trozos de carne no estaban, se los había comido todos. Al parecer si que tenía hambre. Nathan volteó la cabeza hacia atrás y observó por la ventana que la lluvia había calmado, se levantó y abrió la ventana por si el cuervo quería marcharse. A Nathan le rondó por la cabeza una última pregunta que hacerle al cuervo.
—Eh, una última pregunta... ¿Te ha enviado alguien para protegerme, ayudarme, o para cualquier otra cosa? la cuestión es... ¿Te ha enviado alguien?
El cuervo en ese preciso momento alzó sus alas y salió por la ventana, desapareciendo del apartamento. Sin responder a la pregunta, Nathan volvió a cerrar la ventana y se fue directo a su habitación para dormirse

A la mañana siguiente Nathan fue despertado por un mensaje de texto en su móvil. Era de Scarlett, Nathan le sorprendió un poco que le enviase un mensaje de texto tan temprano. Decía:
"Nathan, acabo de ver al hijo de puta que quería asesinarte y que a mi por poco lo hace. Ésta vez lleva un sombrero-mafia color negro, y como siempre anda vestido elegante. Lo reconocerás porque ya le viste la cara. La diferencia es que ahora lleva un sombrero. Estaba comprando en el supermercado cuando le vi en frente de la tienda. Parecía que me observase, no pude verle los ojos porque el sombrero se lo impedía, pero tuve el presentimiento que sabía que estaba allí. Por cierto, me he fijado que hace expresiones de dolor en su rostro y en ocasiones se suele tocar el hombro en el que le disparaste. Lo perdí de vista en cuanto salí de la tienda."
Nathan suspiró mientras se incorporaba en la cama. Maldita sea, maldijo, no me había acordado de que aquél imbécil seguía rondando por aquí. Ya era hora de que apareciese. Nathan respondió al mensaje de texto de Scarlett:
"Gracias por la información, pelirroja, pensaba que ese cabrón no aparecería. Pero ahora tengo un asunto que atender primero. Ese hijo de puta puede esperar, le daré un último respiro antes de que muera. Si es que no se vuelve a escapar. Nos vemos luego."
Nathan salió de la cama, fue directo a vestirse. Se colocó unos pantalones vaqueros rasgados junto a una camiseta negra de manga larga. El tiempo había refrescado bastante. Una vez que estaba vestido Nathan se colocó sus zapatos favoritos: Unas convers negras. Normalmente siempre las llevaba puestas, se sentía muy cómodo con ellas. Se arregló el cabello y una vez que estaba listo se dirigió a la puerta de entrada. Justo en el preciso momento en el que Nathan abrió la puerta, oyó como la puerta del apartamento de Kyle se abría, como si éste estuviese a punto de salir. Nathan volvió a cerrar la puerta, pero no del todo, dejándola entre abierta, observó por un pequeño filo de la puerta si Kyle salía de su apartamento. Y así fue. Kyle se marchaba del apartamento a alguna parte. Cuando Kyle pulsó el botón del ascensor y bajaba por él, Nathan salió de su apartamento, cerrando la puerta, y se colocó enfrente de la puerta de Kyle.
Kyle también tenía una llave de repuesto, por si alguna vez la otra llave se la dejaba en casa, más bien como Nathan. Kyle también guardaba la llave de repuesto junto a la de Nathan, en esa pequeña maceta del pasillo. Nathan se apresuró a por ella, una vez que la tuvo la insertó en el apartamento de Kyle. Entró en él y se dirigió al salón. Todo estaba perfectamente ordenado, Nathan no podía desordenar demasiado o Kyle sospecharía lo más mínimo. Lo primero que se le pasó a la mente a Nathan era entrar en la habitación de Kyle, y así lo hizo. Entró en ella, también su habitación ordenada. Se fijó en su escritorio, su ordenador estaba encendido, al parecer no hace mucho que lo había utilizado. Se sentó en la silla y trató de buscar información en el ordenador de Kyle, quizás podría encontrar algo.
Tecleó "Hotmail" trataba de averiguar si tenia cualquier mensaje sospechoso del que se pudiera sospechar. Por suerte Kyle tenía su Email y contraseña guardada, no era complicado acceder.
No parecía que tuviese mensajes sospechosos, todo perfectamente normal...
—Aquí no hay absolutamente nada...—dijo mientras cerraba la ventanilla de hotmail.
Nathan buscó por la mesa del escritorio cualquier tipo de carta. Abrió los cajones, contenía vario papeleo. Esto le iba a llevar unos minutos. Mientras buscaba y buscaba algún tipo de carta sospechosa se fijó en una carta que le llamó la atención más que cualquier otra carta que estaba allí dentro La cogió y fue a leerla la carta contenía esto:
"Kyle, nos estás fallando. No sé que es lo que andas con él y no sé del por qué nos desobedeces. Sabes perfectamente que él no es bueno, que nunca lo será, el no debió nacer. ¡Él debió morir! ¿Qué es lo que estás haciendo? dije que me trajeses información, y aún no he recibido noticias tuyas. A este paso voy a encargarme yo mismo de ti y te haré entrar en razón. ¡Espabila! sabes perfectamente que puedo localizarte, y sé donde te encuentras. No me hagas tener que ir y encargarme yo mismo de ti y de tu estúpido amiguito. Pero en realidad, si verdaderamente me estás fallando, entonces sí que me encargaré de ti, antes que de él."

La carta estaba firmada por un tal "Blake Tilman."
 —¿Quién te está pidiendo información, Kyle? ¿Quién es ese Blake Tilman?—preguntó para sí mientras observaba la carta. Nathan guardó en su lugar la carta en el cajón del escritorio. Ya había obtenido información suficiente. Esa carta no era muy normal, algo pasaba, algo estaba pasando.
Nathan salió del apartamento de Kyle, llevó la llave de repuesto a su lugar. Se dirigió al ascensor, bajó, y se marchó del edificio.
La carta lo había dejado muy pensativo, tan pensativo que ni siquiera sabía hacia donde caminaba. Necesitaba hablar con alguien y no dudo en llamar a Scarlett. Scarlett contestó de inmediato.
—He averiguado que mi mejor amigo esconde algo.
—¿Cómo lo sabes?
—He encontrado una carta bastante sospechosa en su apartamento.
—¿Has entrado sin permiso en su apartamento?
—Eso no importa, la cuestión es que esconde algo. La carta estaba firmada por un tal Blake Tilman.
—¿Y qué decía la carta?
—Decía que Kyle tenía que darle información a ese tal Blake, y aún no ha recibido respuestas. Y que a este paso Blake se encargaría de Kyle.
—La verdad es que es bastante sospechoso, ¿quieres que averigüe quien es ese tal Blake Tilman?
—Me harías un gran favor. Oye, voy hacia tu apartamento.
—¿Vienes? ¿Por qué?
—Por que igual necesito algo que tienes.
—Está bien. Hasta luego.
—Hasta luego.

Pasados unos veinte minutos  llegó al apartamento de Scarlett, llamó al timbre pulsando el botón 4E y ésta le abrió. Al subir a la cuarta planta la puerta de entrada de Scarlett estaba ya abierta. Nathan entró y la cerró. Al parecer Scarlett no se encontraba en el salón, supuso que estaría en su habitación. Nathan supo de inmediato en que habitación se encontraba Scarlett por como olía aquél rastro de ese dulce perfume que llevaba. Éste llamó a la puerta con dos suaves golpecitos, la voz de Scarlett se escuchó pronunciarse "Pasa."
Él pasó y cerró la puerta de la habitación. Scarlett se encontraba en su escritorio, con su portátil, con cara de concentraba. Supuso que estaba buscando cierta información sobre Blake Tilman.
Nathan observó la habitación de Scarlett, la verdad era acogedora. Mucha luminosidad, agradable. Nathan se fijó en su cama, en esa cama cabían perfectamente dos personas. Nathan soltó una risa picara de fondo. Scarlett le miró algo confusa.
—¿Qué te pasa?—preguntó mientras le miraba.
—Nada. Observo tu habitación, pero me llama mucho la atención tu cama. No sé. Te imagino ahí, tan plácidamente dormida, tan mona....Nah, es broma—soltó una leve carcajada.— No imagino eso, imagino en que en tu cama caben perfectamente dos personas, tu y yo somos dos. ¿Qué pasaría si ahora mismo te cojo, me abalanzo sobre ti y ambos caemos en la cama?
—Pues te aseguro que una torta en la cara te llevarías. ¡Y deja de hacer ese tipo de comentarios!
—Ya, claro. Sí sé que estás deseando que hagamos guarrerías. Admítelo.
—Yo no admito algo que no es verdad.
Nathan agarró la muñeca de Scarlett y tiró de ella haciendo que Scarlett se levantase de la silla de inmediato. Scarlett sorprendida miró a Nathan. Nathan la cogió por el trasero levantándola y acto seguido la lanzó a la cama. Scarlett miraba el rostro de Nathan que estaba encima de ella. Ella comenzó a ruborizarse de inmediato y empezó a fruncir el ceño. La respiración se le aceleraba y no sabía que decir en ese momento. Nathan le miraba con esa sonrisa picarona, seductora, que hacia que Scarlett se pusiese cada vez aún más nerviosa. Ella se sentía avergonzaba, porque respiraba demasiado acelerado y Nathan sabía que estaba nerviosa.
—Han pasado varios segundos y aún no me has pegado la torta. Veo como tus queridas manos están temblando, incluido todo tu cuerpo...—Nathan observó el cuerpo de Scarlett, parecía gelatina por como temblaba.—Comprendo que un susto te has llevado. Lo siento por el pequeño susto. Pero me encanta hacerte saber que te equivocas.—soltó una pequeña risa por lo que iba a decir a continuación.—Me pone cachondo cuando niegas la evidencia. Y más me pone hacértelo saber y que reacciones de tal manera. Pero sobretodo, me encanta hacerte temblar, y que no sea de frío.
Nathan se acercó a la cara de Scarlett, Scarlett le miraba fijamente sin poder reaccionar. Acaba de soltar palabras que hicieron temblar aún más a Scarlett. Nathan se acercaba más a su cara, Scarlett comenzó a cerrar los ojos. No sabía que iba a pasar a continuación, no sabía que estaba a punto de suceder. Cuando Scarlett empezó a notar la respiración de Nathan junto a ella, al cabo de segundos dejó de notarla. Scarlett abrió los ojos lentamente y vio a Nathan sentado en la silla del escritorio mirando el ordenador.
—Y bueno, ¿me has buscado información sobre Blake Tilman?
Estaba claro que Scarlett creía que iba a recibir un beso de Nathan. Ella se levantó de la cama, aún sorprendida por lo que acababa de pasar. Scarlett le lanzó un cojín a Nathan en la cabeza, Nathan se volteó para mirarle.
—¡Quién te crees que eres!—gritó Scarlett ruborizada y con el ceño fruncido.—¿Te hace gracia ésto o qué?
—Pues soy Nathan Growney, y no, no me hace gracia. ¿Me ves riendo?
—¡Acabas de hacerme pasar una vergüenza increíble!
—Y te a gustado.
—No.
—Lo que tu digas, señorita niégalo todo.
—No voy a negar que eres endemoniadamente atractivo.
—¡Vaya! acabas de soltar algo que es verdad. ¡Bravo!
—Odio tu puta actitud.
—En el fondo te pone.—Nathan le guiña un ojo.
Scarlett suspira. Se arregla el cabello con las manos y dice:
—No he averiguado nada de Blake Tilman, en internet no sale nada de ese hombre. Lo siento.
—Bueno, por lo menos sé que hay por ahí un tal Blake Tilman y lo encontraré.
—¿Y qué querías? has venido a mi apartamento expresamente a por algo.
—No quería nada, era una excusa para venir. Es que me aburría.—sonríe.
—La próxima vez no te dejaré entrar.
—Sabes que sí. Y si no lo haces entraré por la ventana.
—La cerraré.
—La romperé.
—La pagarás.
—Me da igual, con tal de entrar. Por cierto, ¿Y tú amiga Natsuki, la demonia? veo que no anda por aquí.
—Ha salido a tomarse algo, me dijo que fuese con ella pero no me apetecía.
—Aburrida.
—No es que sea aburrida, sé pasármelo muy bien.
—Por qué será que eso me suena obsceno.
—Por que tú todo lo ves obsceno.
—Quizás...Bueno, pelirroja, voy a buscar a ese hijo de puta que quiere asesinarme.—Nathan se levantó de la silla del escritorio.
—Vale. Y ten cuidado.
—¿Te preocupas por mi?
—¿Y qué si lo hago?
—Me resulta...curioso. Hasta luego.
Nathan antes de que se marchase de su habitación Scarlett dijo:
—¡Nathan!—Éste se volteó para mirarle.—Las palabras que me has dicho cuando me has tirado a la cama...¿Eran realmente ciertas?
Nathan  le sonrió de lado y acto seguido se marchó. al salir del apartamento de Scarlett caminó tratando de buscar a aquél cabronazo que aún seguía vivo. Deseaba tanto matarle, pero antes tenía que hacerle unas preguntas, aunque sabía que no iba a responderle.
Mientras trataba de buscarle éste apareció por si solo. Cuando Nathan cruzó por delante de un callejón, un silbido le hizo parar en seco. Cuando miró le vio la cara y aquél gorro de mafia como Scarlett había dicho anteriormente.
—Vaya, hoy te has puesto un sombrero.
—Sí, ¿te gusta?—dijo tocándose el sombrero.
—No.—respondió en seco.
—Qué antipático eres, chaval.
—No me agradas, la verdad.
—Lo suponía.
—Por cierto: ¿Qué tal tu hombro?
Eso le hizo mosquear a éste y frunció el ceño.
—Seguramente habrás avisado a tus otros perros sobre mi existencia, aunque bueno, ya lo sabía.
—No he tenido tiempo de pasarme. Además, ya lo saben.
—Sólo quiero saber quién fue el culpable del asesinato de mis padres.
Éste soltó una carcajada inundando aquél callejón.
—¿Qué te hace pensar que te lo diré?
—¿Qué te cuesta? dímelo y saldrás vivo de ésta. Yo no tengo intención de matarte, pero si tu vienes a por mi, yo voy a por ti.
—No voy a traicionarles, ¿sabes? además, yo primeramente no quiero matarte. Quiero dejarte inmóvil, llevarte conmigo y después matarte. Tú no deberías haber nacido, deberías haber muerto.
—Y tú eres un hijo de puta que no hace nada más que seguir ordenes absurdas sin recibir nada a cambio. Dime, ¿qué conseguís capturandome?
—Algún día tu cabeza valdrá un precio. Y te aseguro que conseguiré algo. Y ahora lo que conseguiría es que dejases de existir de una puta vez. O, lo siento... creo que en los días que nos conocemos aún no me he presentado. Qué maleducado soy...—Éste se quitó el sombrero y se lo colocó en su pecho.—Mi nombre es Blake, Blake Tilman.
¡Ese nombre! ¡Él es Blake Tilman!, dijo para si. Nathan abrió los ojos como platos y comenzó a enfadarse.
Se acercó a él y le agarró fuertemente de la chaqueta del traje.
—¿Qué tipo de información quieres que te de Kyle?—le dijo totalmente enfadado.
Éste soltó de nuevo una carcajada, esta vez más fuerte.
—Así que te llevas muy bien con Kyle, ¿eh? por lo que veo Kyle aún no te ha contado nada. Me imagino por qué. ¿Qué se siente que tu mejor amigo no confíe en ti?
—¡¿Qué tipo de información quieres que te de Kyle?!—volvió a repetir esta vez más enfadado.
—Veo que has leído la carta que le escribí. ¿Quién te lo dijo? ¿Kyle? me sorprende. Suéltame el traje, me lo vas a arrugar.
—¡No estás respondiendo a mis preguntas!—Nathan le pegó un puñetazo en la cara a Blake. Blake giró la cabeza y escupió al suelo. Acto seguido comenzó a reírse.
—Ese puñetazo a sido fuerte.
—¡Responde de una puta vez!
—Quería información de ti., pero nunca me la dio.

domingo, 30 de junio de 2013

Entre cielo e infierno: Capítulo 03: Una nota extraña.



Scarlett se limpió las lágrimas, aún temblando. Se intentaba mantener fuerte, fingir que no estaba asustada. ella ya se sintió varias veces al borde de la muerte en varias ocasiones, pero esta le superaba. Llevo observando Demonios mucho tiempo, se dijo a si misma, he comprendido que no todos los Ángeles son buenos, y que no todos los demonios se dedican a matar, de hecho, se podría decir que esta noche hay uno en mi apartamento.
 Alzó la vista lentamente y pudo apreciar las alas de Nathan detrás de su espalda, ella aún no la había apreciado tan bien.  Las alas de Nathan se desvanecieron como por arte de magia haciendo un sonido bastante curioso. Ambos estaban detrás de un callejón, que justamente daba con el edificio que anteriormente estaban.
Scarlett se sintió patética al no poder defenderse de aquél Ángel, ella no se esperaba en absoluto que iba a amenazarle con lanzarla al vació, ni siquiera ella tuvo culpa ahí. Aquél hijo de puta dio a elegir a Nathan entre Scarlett o el mismo. ¿Qué se esperaba que respondería? ¿Qué iba a elegirlo a él? hablamos de una chica, humana, que no tuvo nada que ver en ello y que ella no debía morir de una forma tan jodidamente cruel. Por desgracia seguía vivo, se reconocería si es él porque tenía una herida de bala en el hombro izquierdo.
Scarlett se despegó de Nathan, acto seguido ella alzó la vista y le miró.
 —Lo siento.—dijo colocándose un mechón de su cabello tras la oreja.
—¿Qué lo sientes, dices?—preguntó Nathan casi sorprendido.
—Sí, lo siento. Ha sido mi culpa, no debí seguirte, no debí llegar a la terraza del edificio.

lunes, 3 de junio de 2013

Capítulo 29: Márchate de aquí, no seas idiota.



Mi ropa estaba completamente empapada por la lluvia que no pareciese que fuese a calmar. Miré mi camiseta y parte de ella no estaba, estaba desgarrada por las garras de aquél ser, monstruo, vampiro, lo que fuese. Me arrancó un trozo de camiseta con tanta fuerza que incluso se podía apreciar parte de mi sujetador. 
Estaba cansada, me encontrada sentada en el suelo sin importarme empaparme aún más, total, ya me encontraba completamente mojada. Miré por un instante a Erick, que en su hombro izquierdo no tenía manga ya que el monstruo aquél también se la desgarró, pero no aprecié el hombro y que no tuviese manga, aprecié su herida, era profunda había sangre no hacía apenas unos minutos que le clavaron su propia Katana en su hombro. Vi como la herida de Erick cicatrizaba, más bien desaparecía. Lo bueno de ser vampiros es que la heridas cicatrizan rápido, y era cierto. 
Erick se dirigió a Jared y acto seguido se abalanzó a él para abrazarle, le dio dos palmaditas en la espalda mientras le abrazaba. En realidad, si no hubiese sido por él nos hubiese costado muchísimo más matar a ese ser. Qué irónico, un vampiro abrazando a un humano, y que ese humano odia precisamente a los vampiros. Una situación algo rara pero conmovedora. Honestamente a Erick era imposible odiarle, tenía más humanidad que los propios vampiros, se podría decir que tenía más corazón que los propios vampiros. 
A Jared no le caía mal Erick, e incluso pensaba que era un buen tío, pero había una persona que despreciábamos con todo el odio y el asco del mundo; Rebecca.
Cuando vi sus ojos, nublados, a punto de quebrarse, me di cuenta que podía mostrar sus emociones, que podía sentir, que sentía tanto como nosotros. Pero es lo que pasa cuando te encierras en tu mundo, desprecias a los humanos, no tienes respeto por nadie, odias a todo ser humano que se te acerque, sólo eres tú y nada más que tú. Y la soledad. La soledad que tuvo que sentir Rebecca, sin nadie, completamente sola, vacía, sin ayuda de nadie, soledad y nada más que soledad.  Si vives tanto tiempo en soledad, acabas siendo una persona fría, que no muestra ningún tipo de sentimiento, que está roto y vacío por dentro, que le gustaría tener a alguien que le escuchase y le comprendiese pero tan sólo tiene a cuatro paredes que ni le escuchan ni le comprende, ni nunca te darán un tipo de respuesta. Al final te acabas acostumbrando y todo ese dolor, ya no lo sientes, forma parte de tu vida. Todo aquello debió ser muy duro para Rebecca, sabiendo que tiene su familia cerca pero no podía regresar a casa, no quería regresar a casa, ella era un monstruo y estaba destrozada y descontrolada.  
Erick me tendió la mano y con una sonrisa me dijo:
-Volvamos a casa.-agarré su mano y me levanté del suelo, alejándonos de aquél lugar.

viernes, 10 de mayo de 2013

Entre cielo e infierno. Capítulo 02: Una pequeña lucha.



"¿Qué qué soy?" se preguntaba en silencio Nathan recordando su pasado. Scarlett no dejaba de mirarlo con una sonrisa sarcástica, y a Nathan eso le estaba poniendo nervioso. No tenía miedo por esa chica,  no tenía miedo de decir que era un Nephilim. Que Scarlett fuese una "caza demonios" no le preocupaba a Nathan en absoluto, de hecho le resultaba curioso. El cuervo aún seguía en el hombro derecho de Nathan. Nathan soltó una pequeña risa. Scarlett le miró alzando una ceja.
 —¿Qué te hace tanta gracia?—Preguntó la pelirroja. Nathan le miró directamente a los ojos. ella se fijó en esos ojos, cuyos ojos no había apreciado en toda la noche y parecían tan especiales. Realmente le sorprendió y le parecieron hermosos. Scarlett jamás se sintió atraída por un demonio, jamás había tardado tanto en matarlo, ni jamás vio a un demonio como Nathan Growney.
—Me hace gracia tenerte aquí, con la curiosidad matándote, ansiando que te diga que es "lo que soy". Me encanta.
—¿Te encanta?—Preguntó con un tono burlón.—Mira, si no me lo quieres decir, no me lo digas. No tengo problema. Te mato directamente aquí y ya está. Sé que eres un demonio...Pero no un demonio cualquiera. Jamás me sentí confusa a la hora de ver un demonio, sé que son ellos directamente por como se comportan, y realmente llevo cazando demonios desde hace unos años, por lo tanto detecto perfectamente cuando sé que son ellos. ¿Por qué en ti no veo un demonio y veo algo más que no sé que es?
—Scarlett.—Pronunció Nathan. A Scarlett le sonó bastante bonito su nombre dicho de sus labios—¿Realmente quieres matarme? dime, ¿Has hablado tantos minutos con un "demonio" y te ha caído bien?
—¿Qué te hace pensar que me hayas caído bien?
—No me has pegado directamente un tiro en la sien. Conociendo a una caza demonios, ya lo hubiese hecho.—Nathan cogió el brazo de Scarlett. Scarlett aún tenía el arma en sus manos. Nathan colocó el arma en su frente con el brazo de Scarlett. Ella le mira sorprendida por su acto.
—Pégame un tiro si realmente quieres matarme.—Su expresión se volvió seria. A ella le comenzó a temblar la mano con la que apuntaba el arma sin quererlo. Ella se sorprendió por si misma el hecho de que no quisiera matarlo en ese momento. Tenía la oportunidad de apretar el gatillo y matarlo, pero algo se lo impedía, más bien él hacía impedírselo.
—¿Si no te mato y te dejo con vida me dirás lo que eres?

miércoles, 10 de abril de 2013

Entre cielo e infierno: Prólogo más capítulo 01.



Hace mucho tiempo, cuando la humanidad no existía, los Demonios y los Ángeles luchaban por quien conseguía el poder, si "Dios" o "Lucifer"
Batalla tras batalla, morían mucho Demonios y Ángeles. Entre los guerreros de ambos lados destacaban; Una Demonia y un Ángel, cuyos algunos de su respectiva raza querían que ellos fuesen los que los lideraran, pero ellos eran leales a su respectivo "Rey". Muchas veces ellos dos acababan luchando a muerte, sin tener ganador. Muchas de esas veces acaban solos, con todo el ejercito que le acompañaban muertos por ambos lados, quedándose los dos sin siquiera levantarse uno al lado del otro. Al principio solo se sentían odio, pero en tantas batallas sin quererlo ni beberlo se hicieron amigos, pero aun así peleaban a muerte, era la costumbre en sus razas.
Pasaron muchos años, y de esa amistad, sin quererlo, llevó a algo más. Pero lo peor que se había visto era un Ángel y un demonio juntos. Muchas veces cuando había una época que no había luchas, ellos se escapaban a verse. Al principio sólo hablaban, alejados el uno del otro, pero poco a poco, se acercaban, tenían un poco de contacto, hasta que llegó el momento de algo más. Pasó mucho tiempo, hasta que la Demonia quedó embarazada. Escaparon de demonios y Ángeles, sobretodo de los ángeles, que poco a poco ganaron mas poder que los demonios, por eso los demonios estaban mas ocupados en otras cosas, pero muchos seguidores de ese Ángel no aceptaban que acabase con una Demonia.
Cuando la Demonia dio a luz, dio a un niño, y no era ni un Ángel ni un demonio, sino un Nephilim. Cuando un Ángel y un demonio tienen un hijo, nace una nueva "raza" cuyo nombre tiene es Nephilim; Mitad Ángel, mitad demonio.
Escaparon a la Tierra: mundo de la humanidad. Allí se tiraron cinco años hasta que un día, en el quinto cumpleaños del pequeño Nephilim encontraron a sus padres y les asesinaron, mientras tenían atado al Nephilim mirando aquella horrible escena. El pequeño gritaba y gritaba, llamaba a sus padres entre sollozos y lágrimas. No sabía que estaba pasando, no sabía el porqué le hacían esto a sus padres, tan sólo podía observar como les asesinaban ante sus ojos. Él Ángel, el padre del pequeño Nephilim le dedicó una ultima sonrisa, sin embargo, la Demonia ya había fallecido en el acto. De pronto, al pequeño le salió un aura negra. Sus ojos se quedaron blancos, le salieron unas alas con plumaje negro como el carbón. A causa del dolor, de la rabia, del enfado, del llanto, la tristeza.., el pequeño Nephilim, transformado con todo su poder, mató a algunos de los Ángeles que pudo acorralar en ese instante, otros escaparon y otros no sobrevivieron. La casa se llenó completamente de sangre; por las paredes, por el suelo, algunos que otros muebles. Pero el chico observó por última vez a sus padres, que yacían ensangrentado tirados en el suelo. El rostro del chico se volvió completamente serio.
Entre tantas carcajadas de Ángeles y asquedad hacia aquél ser superior, el Nephilim salió con ansias de venganza, venganza hacia los Ángeles, venganza hacia Dios, ese Dios cual orden fue matar al Nephilim a toda costa, y a los creadores de esa abominación.

14 Años después:
El Nephilim sobrevivió a aquella terrible noche, en que todo lo que tenía, lo perdió a manos de una estúpida regla en la que los Ángeles y demonios no podían estar juntos, solo por el miedo a que esos nuevos seres, frutos de demonios y Ángeles, exterminaran las demás razas, el Nephilim era mas inteligente, fuerte y audaz del  resto de los demás seres vivos hasta ahora conocidos.

martes, 26 de febrero de 2013

Capítulo 28: Las penas que se acumulan en el corazón, pueden transformar a la gente en monstruos de tristeza.


Por primera vez en tanto tiempo me sentía feliz. Sonreía, no podía dejar de estarlo hasta llegar al punto que te duelen los labios de tanto reír y sonreír sin parar. Me salía esa risa estúpida que solía aparecer cada vez que estaba verdaderamente feliz. Echaba de menos la sensación de estar enamorada, de querer a alguien con locura, de amarlo, de estar enamorada hasta las trancas. Esa jodida sensación que tanto deseaba sentirla y que creía que jamás de los jamases la volvería a sentir. Lo que no me resultaba creíble era estar enamorada de Erick Sullivan y ser su novia, sólo de pensarlo me sentía como si nada de esto fuese real, pero era jodidamente real, tan real que lo tenía enfrente mío, mirándome con esos hermosos ojos  marrones-verdosos y esa sonrisa de lado que me mataba. Me agarraba la mano como si se tratase de que me fuese a ir, me acariciaba como si se tratase de algo delicado, me miraba con esos ojos y ese brillo que jamás me paré a mirar antes. Esa sonrisa, joder, su sonrisa...
La noche no podía ir más perfecta. Sin Rebecca merodeando por aquí, sin dar el coñazo, sin nada de problemas, el aire fresco de la noche, la luna, Erick. 
Le miraba a los ojos, y en sus ojos me podía ver reflejada a mi misma. Sus ojos, en los míos, los míos en los de él. Su sonrisa, que instantáneamente me hacía aparecer una sonrisa en mi rostro.
Parados en mitad de la calle, a altas horas de la noche, y yo que no me dejaba de reír con mi risa estúpida de felicidad.
-¿Por qué te ríes, pequeña? -Me dijo con una pequeña risa también.
-No lo sé. -Respondí.- Supongo que estoy lo bastante feliz como para que me provoque reírme sin parar. Es raro.
-No, no es raro, estás feliz. Me gustas más cuando ríes y sonríes que cuando estás seria como habitualmente. -Me dijo mirándome a los ojos y acariciándome la mejilla.
-Supongo que no tenía por lo qué sonreír antes.- Acaricié la mano con la que él me acariciaba. -Ahora tengo algo por lo que sonreír.
-No sabes cuanto me alegra oír esas palabras dichas por ti, es... No puedo expresarlo. ¿Sabes cuánto tiempo llevo sin sentir nada por nadie, y encima tan fuerte y diferente? tú me haces ser diferente y lo que siento por ti me resulta tan fuerte e irreal.-Erick de pronto agachó la vista hacia el suelo.-A veces me arrepiento de haberte convertido en...

viernes, 11 de enero de 2013

Capítulo 27: Aveces una sola palabra puede llegar a doler más que un propio puñetazo.






Aquella noche, en la que hice por primera vez el amor con Erick, fue la mejor noche de mi vida. Erick me gustaba como persona. Me atraía su encanto,  su sonrisa, su caballerosidad, la forma en la que me miraba y me trataba... Más bien, me gustaba todo de él. ¿Estaba enamorada de él? ¿O quizás simplemente era atracción? no estaba segura. Me daba tanto miedo volver a enamorarme y que todo saliese mal... Pero sabía que Erick no era de esos. Su cálida voz, tan tranquila, su presencia, me daba confianza, tranquilidad, paz... ¿Cómo se suponía que debía actuar ahora con Erick? ¿Qué era él para mi y que era yo para él?
Amanecí en la cama de Erick. Los brazos de Erick rodeaban mi cintura. Parecía tan tierno durmiendo, como un bebé. 
Abrí los ojos lentamente, mientras el sol que entraba por la ventana me hacía volver a cerrarlos de nuevo. Las cálidas sábanas envolvían nuestro cuerpo. Aún no me podía creer que estaba durmiendo con Erick y que hicimos el amor. Me resultaba algo... increíble. 
Me giré lentamente para mirar a Erick mientras dormía. Sonreí al verle tan plácidamente dormido. Le acaricié la mejilla suavemente mientras con mi dedo indice bajé hasta sus labios y le acariciaba. "¿Cómo reaccionará Erick al verme a su lado?" pensaba yo mientras le seguía mirando. 
Erick abrió los ojos lentamente, acto seguido acarició mi mano, con la que yo le estaba acariciando a él. Me sonrió acompañado de un beso en la frente.
-Buenos días, pequeña. -dijo.
-Buenos días. -Le respondí sonriendo.
Me daba tanta vergüenza lo que hicimos que en momentos me daba por sonrojarme al recordarlo. Al parecer, a él no le pareció mal lo que hicimos. Si le hubiese parecido mal ya hubiese dado un sobresalto y apartándose de la cama, nervioso. Pero me equivocaba, parecía feliz. 
No sabía que decirle en ese momento, el se limitaba a mirarme mientras me sonreía, yo le miraba mientras me comía el coco. 
-¿Estás sonrojada?-Preguntó con una pequeña risa. Acariciándome la mejilla.
-¿Eh? ¡No!-En realidad si lo estaba.
Me achuchó contra él mientras me acariciaba el pelo. Sonreí. Puede que sí que estaba realmente enamorada de él. Ambos estábamos en silencio, con los ojos cerrados. El me acariciaba el pelo, mientras que yo a el le abrazaba y le acariciaba la espalda. Me gustaba estar así. Sin problemas, sin nada de lo que preocuparme.
Era una sensación que hacía mucho que no sentía y que la necesitaba sentir. Me hubiese quedado así toda la mañana con Erick pero de repente sentí un dolor horrible en mi estómago. Ese dolor que me decía que me alimentase, pero no de comida como todo el mundo come, sino de sangre. Dejé de abrazar a Erick.
-¿Te pasa algo?-Preguntó algo preocupado.