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Granada, Granada, Spain
Empezaría diciendo que todo lo que escribo lo hago con papel y una pluma, pero mentiría. Una de mis mayores aficiones es escribir, yo lo llamaría como una especie de "escape" donde eres libremente de escribir lo que te plazca, ya sea hundirte en tus pensamientos o tan solo con deslizar tus dedos sobre el teclado comienzas a adentrarte en un mundo donde tu decides que sucede a cada instante y a cada segundo. ¿Maravilloso, verdad? No escribo para nadie, escribo para mi misma. Lo que nunca imaginé fue ver a toda esta gente leyéndome. Soy otra marioneta que ansia la libertad en esta sociedad manipuladora. Nunca permitas, por nada del mundo, que la sociedad te convierta en una persona quien no eres. Seamos libres de ser quien cojones queramos ser. Porque no hay nada más maravilloso que ser uno mismo y no como querrían que fueses. Amo la lluvia, los días de tormenta, amo el chocolate, también un buen café con leche en las tardes de invierno. Si has llegado hasta mi blog, bienvenidos pequeños mortales, si deseas quedarte será todo un placer, siempre serán bienvenidos aquí y si deseas marcharte, que así sea. ¿Te introduces en mi cuento de princesa inmortal?
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"En la vida es imposible sufrir, pero el hecho de arriesgarse por la persona a la que amas, hace que el dolor, merezca la pena."

lunes, 3 de junio de 2013

Capítulo 29: Márchate de aquí, no seas idiota.



Mi ropa estaba completamente empapada por la lluvia que no pareciese que fuese a calmar. Miré mi camiseta y parte de ella no estaba, estaba desgarrada por las garras de aquél ser, monstruo, vampiro, lo que fuese. Me arrancó un trozo de camiseta con tanta fuerza que incluso se podía apreciar parte de mi sujetador. 
Estaba cansada, me encontrada sentada en el suelo sin importarme empaparme aún más, total, ya me encontraba completamente mojada. Miré por un instante a Erick, que en su hombro izquierdo no tenía manga ya que el monstruo aquél también se la desgarró, pero no aprecié el hombro y que no tuviese manga, aprecié su herida, era profunda había sangre no hacía apenas unos minutos que le clavaron su propia Katana en su hombro. Vi como la herida de Erick cicatrizaba, más bien desaparecía. Lo bueno de ser vampiros es que la heridas cicatrizan rápido, y era cierto. 
Erick se dirigió a Jared y acto seguido se abalanzó a él para abrazarle, le dio dos palmaditas en la espalda mientras le abrazaba. En realidad, si no hubiese sido por él nos hubiese costado muchísimo más matar a ese ser. Qué irónico, un vampiro abrazando a un humano, y que ese humano odia precisamente a los vampiros. Una situación algo rara pero conmovedora. Honestamente a Erick era imposible odiarle, tenía más humanidad que los propios vampiros, se podría decir que tenía más corazón que los propios vampiros. 
A Jared no le caía mal Erick, e incluso pensaba que era un buen tío, pero había una persona que despreciábamos con todo el odio y el asco del mundo; Rebecca.
Cuando vi sus ojos, nublados, a punto de quebrarse, me di cuenta que podía mostrar sus emociones, que podía sentir, que sentía tanto como nosotros. Pero es lo que pasa cuando te encierras en tu mundo, desprecias a los humanos, no tienes respeto por nadie, odias a todo ser humano que se te acerque, sólo eres tú y nada más que tú. Y la soledad. La soledad que tuvo que sentir Rebecca, sin nadie, completamente sola, vacía, sin ayuda de nadie, soledad y nada más que soledad.  Si vives tanto tiempo en soledad, acabas siendo una persona fría, que no muestra ningún tipo de sentimiento, que está roto y vacío por dentro, que le gustaría tener a alguien que le escuchase y le comprendiese pero tan sólo tiene a cuatro paredes que ni le escuchan ni le comprende, ni nunca te darán un tipo de respuesta. Al final te acabas acostumbrando y todo ese dolor, ya no lo sientes, forma parte de tu vida. Todo aquello debió ser muy duro para Rebecca, sabiendo que tiene su familia cerca pero no podía regresar a casa, no quería regresar a casa, ella era un monstruo y estaba destrozada y descontrolada.  
Erick me tendió la mano y con una sonrisa me dijo:
-Volvamos a casa.-agarré su mano y me levanté del suelo, alejándonos de aquél lugar.


Al llegar a casa vi el jarrón de mi madre echo añicos, trozos es partidos por todo el suelo, Jared y Erick vinieron conmigo también, tenía que arreglar aquel desastre antes de que llegase mi madre, por suerte había demasiado silencio en casa y no noté la presencia de mis padres en ella. Cogí un cepillo y un recogedor y me puse a limpiar ese desastre, ¿qué le diría yo a mi madre respecto al jarrón? ni siquiera sabía si tenia algún valor para ella. Erick fue al baño a coger varias toallas para secarnos un poco. Justo en ese momento escuché como alguien introducía las llaves de casa en su cerradura, me di prisa en recoger los trozos pequeños del jarrón pero no me dio tiempo. Mis padres entraron en casa, se les borró la sonrisa que llevaban ambos al ver trozos de cristales por la puerta de entrada y a mi barriendo aquél desastre, a Erick parado en las escaleras con varias toallas en sus manos y a Jared que estaba aguantándose la risa por mi cara de desesperación. No era para reírse, pero que no falte nunca el sentido del humor. 
-¿Qué es este desastre? ¡Amy! ¿Qué ha pasado?-preguntó mi madre con tono de preocupación y a la vez de enfado.
¿Le vas a contar la verdad, Amy? me pregunté a mi misma antes de responder. ¿Qué se supone que le diría a mi madre? ¿Qué ha entrado un vampiro en casa, que quiso matarme e hipnotizó a mamá a noche para poder entrar en casa? sí, creo que lo entenderá, me dije.
-Han intentado matarme.
-¡¿Qué?! será mejor que llamemos a la policía.-dijo mi padre sacando su teléfono de su bolsillo.
-¡No!-exclamamos a la vez, Erick, Jared y yo.
-¿Cómo que no? han entrado en casa y han intentado matar a mi hija, ¿viste la cara de aquel hijo de perra?-dijo mi padre con el ceño fruncido.
-No fue un humano, papá, fue un vampiro.
Mi padre dio un suspiro y se llevó una mano a la frente mientras aún fruncía el ceño. A papá no le agradaba para nada los vampiros, aunque su propia hija fuese uno no quería decir que de pronto cambiase de opinión. Por culpa de los vampiros perdió a una hija que se niega  volver a casa. 
-Señor Smart-dijo Erick dirigiéndose a él.-La realidad es que han intentado matar a su hija, y no un vampiro como nosotros. Hay mucha clase de vampiros, estamos nosotros, y los que son llamados "de otro nivel" en pequeño resumen, son más bestias que vampiros. Se pueden transformar en humanos, en cualquier humano, pero su forma real es un monstruo bastante grande, y con unas pezuñas que puede desgarrarte entero. Hipnotizaron a noche a su mujer mientras ella se levantaba de la cama, se acercó a la ventana al oír algo y éste le hipnotizó y así consiguió entrar.
-¿Hipnotizó a mi mujer? espero que ese hijo de perra esté muerto.
-Lo está.
-¿Tú...?
-No, nosotros. Lo matamos nosotros.
-Un momento, ¿eres Erick Sullivan?-preguntó mi padre señalándole con el ceño fruncido.
-El mismo.
¡Mierda!, maldije en silencio. Mi padre sabe que Erick Sullivan fue mi creador, mi padre odia ese día en el que me convirtieron en vampira. E incluso odiaba a Erick en silencio, sólo por ser vampiro y convertirme a mi. Cerré los ojos con fuerza esperándome lo peor, que mi padre echase a Erick de la casa y maldiciéndole, crucé los dedos y supliqué en silencio que aquello no pasase.
Mi padre alzó su brazo y colocó su mano en el hombro de Erick. Le miró directamente a los ojos y le dijo:
-Fuiste quién convirtió a mi hija en vampira, yo tengo muchas cosas en contra de los vampiros, pero supongo que a ti no puedo odiarte. Has salvado la vida en varias ocasiones a mi hija, la proteges practicamente en todo, debo darte las gracias por ser así y por tener algo de humanidad.
-Yo no quise convertirle, señor Smart, créame, nunca quise.
-Mi mujer me contó que lo hiciste porque mi hija Rebecca te lo pidió. Te puso entre la espada y la pared, ¿no es así?
-Efectivamente.
-¿Sabe donde está mi hija Rebecca? ¿dónde se encuentra ahora?
Erick dirigió una mirada hacia mi. No sabía que responder y si le decía la verdad mi padre era capaz de cometer una locura. Estuvo a punto de buscarle y hablar con ella, tuve que prohibirselo, era capaz de ir a buscarle. Según mi padre él sólo quería hablar con ella, pero ¿acaso sabía si Rebecca quería hablar con él? no quería cometer el riesgo de intentarlo, Rebecca era capaz de cualquier cosa, pero no creía que fuese tan cruel de matar a su propio padre.
-No sé donde se encuentra su hija, suele merodear por la ciudad.-mintió.-Se mueve hacia todas partes.
-Hace mucho tiempo que no la veo...-musitó.
-No te recomiendo que lo hagas, mejor que se acerque ella hacia usted cuando esté preparada. Pero si se le acerca de malas yo me encargaré de que no lo haga. Se acercará hacia ustedes algún día.
Mamá apoyó su cabeza en el hombro de papá intentando que se animase. No podían saber de momento donde se encontraba Rebecca, no por ahora. 


                                                                                                 *    *    *

Rebecca llegó a casa totalmente mojada. Abrió la puerta de entrada con sus llaves y ésta la cerró de un portazo, entró en pasos largos y se dirigió al salón. Observó su casa, había demasiado silencio, ¿dónde estaba Héctor? 
Echó un vistazo a la casa, pronunció varias veces el nombre de Héctor, pero no pareciese que iba a recibir una contestación. Volvió al salón de nuevo, se llevó las manos a la cadera dando un leve suspiro mientras miraba el salón, vacio, como de costumbre, pero esta vez sin ninguna presencia. Se volteó y se fijó en una nota encima de la mesita del salón. Se sentó en el sofá para leerla; Era de Héctor, su mayordomo.

"Señorita Rebecca, he ido a por algunos recados. 
Usted no estaba en casa, no apareció la anterior noche me preocupé mucho. Es peligroso salir tan tarde a altas horas de la noche, pero usted es fuerte y se defiende bien, aunque no me parezca bien que usted mate a gente inocente, eso nunca me parecerá correcto, aún así hay que tener mucho cuidado, señorita. Aprovecho en esta carta para serle un tanto sincero: Usted se siente sola, ¿no es así? debería darse cuenta que su hermana menor está muy preocupada por ti y si usted sigue así llegará un día en el que dejes de importarle. Yo ya soy un anciano de muchos años, algún día yo no estaré ahí para usted si me necesita. Algún día yo ya no estaré ahí para escucharle, darle consejos, animarle... al fin y al cabo yo soy un humano, un simple y viejo humano. 
Yo sé que usted me tiene mucho respeto y que me considera como un abuelo, el abuelo que le gustaría tener, eso me agrada mucho, me agrada muchísimo. Yo a usted la considero como a mi nieta, en el fondo es usted una bella persona, por más que no quiera reconocerlo.
Con usted yo paso los mejores momentos de mi vida, aunque algunas personas no sepan apreciar su lado sentimental, su lado gracioso, su risa verdadera, su sonrisa verdadera, más bien usted no hace que lo aprecien. ¿Tiene miedo de algo, señorita? ¿Tiene miedo de volver a casa? ¿Tiene miedo de que le rechacen si vuelve? no tenga miedo, el miedo se apodera de ti. Con miedo se fracasa, con miedo no harás cosas que te gustaría hacer, y eso es lo que quiere el miedo, apoderarse de eso. Quizá me esté equivocando al escribirte esta carta, quizá no tenga ni la menor idea de toda ésta situación, pero no hace falta ser sabio para darse cuenta de que usted se encuentra sola. No quiero ni imaginarme si al día de mañana yo no estuviese ahí, ¿qué sería de usted? ¿usted se va a hundir de nuevo en su soledad? soy un anciano y le llevo a usted muchos años, y por favor, señorita, no se confunda: esto no es un "Adiós" no me estoy despidiendo, pero aunque fuese un adiós, jamás diría "Adiós" sino un "Hasta siempre". 
Él adiós suena a olvido, el adiós suena a despedida que nunca jamás volverás a ver a esa persona, el hasta siempre suena a... bueno, la frase lo dice: "siempre." 

Vuelvo en una hora."

Héctor.

Rebecca terminó de leer la carta y antes de que se diese cuenta, las lágrimas caían por el papel escrito con una escritura hermosa, una escritura elegante, unas palabras sinceras, de un hombre especial, de un hombre que desprendía cariño hacia Rebecca. "Algún día yo ya no estaré ahí" releyó. Y así lo releía y lo releía, hasta derrumbarse  aún más. 
Apoyó su codo en su rodilla y se apoyaba la cabeza en la palma de su mano. Observaba la carta una y otra vez.
-Siento debilidad por este hombre...-musitó.-Qué sinceridad en sus palabras, que tristeza a la vez.
Aunque sólo se fuese ido a comprar recados, Rebecca sentía un enorme vacío en la casa, como si jamás fuera a volver de comprar recados, como si verdaderamente esa carta sonara a despedida. 
-¿Por qué estás llorando, idiota...?-se pregunto a si misma con la voz quebrada. Acto seguido se limpió las lágrimas, dejó la carta encima de la mesa y se levantó del sofá. El rimel de Rebecca se le había estropeado de llorar, pero en realidad no le importaba su aspecto en ese momento. Fue a un pequeño armario donde en el contenía todo tipo de bebidas con alcohol y algunas sin alcohol. Se decidió por el vodka. Cogió la botella y un pequeño vaso, cuando iba a servírselo se quedó unos segundos quieta. En vez de servirse la bebida en vaso, dejó el vaso en su lugar y decidió beber a morro. Le dio un buen trago.
-Supongo que es la mejor forma de olvidarse de tus problemas.-ríe irónicamente.
Rebecca mientras bebía esa tarde algunas lágrimas intentaban escaparse sin su permiso, pensamientos que le venían a la mente, recuerdos, la carta de Héctor. A ella no le gustaba llorar, no le gustaba mostrar sus emociones, pero al fin y al cabo se encontraba sola, nadie le veía, era libre de llorar hasta rabiar si quisiese, pero no quería.
Siempre hay un recuerdo que logra llenarte los ojos de lágrimas, ya sea bueno o malo. Le volvió a dar otro trago al vodka, ésta vez más profundo mientras ponía cara de amargada. Se agarró su cabello con fuerza mientras se mordía el labio inferior, aguantándose las ganas de llorar. Notaba un nudo en la garganta, e incluso nauseas. 
Se acercó a la ventana, observó el paisaje. Casi estaba oscureciendo. Sin dejar de beber, se apoyó en la ventana.
-Si lloro es porque lo necesito.-se dijo.-Si lloro es por que...-hizo una pausa y cerró los ojos.
 Justo en ese momento Rebecca le vino un flashback de cuando hacía apenas unas horas la encontré en el parque y ambas hablábamos, ella más bien gritaba.
"Las penas que se acumulan en el corazón pueden trasformar a la gente en monstruos de tristeza." recordó.
Acto seguido abrió los ojos, de golpe, no quería recordar aquello. Frunció el ceño aún con lágrimas en sus ojos y su maquillaje totalmente estropeado. Agarró la botella con fuerza, notaba como casi ni se podía mantener en pié, miró la botella por un instante y casi no le quedaba gota. La apretó con fuerza, pero ésta vez con su fuerza de vampira, su poder. La apretó tanto que la hizo romper y ella misma hacerse un profundo corte en la palma de su mano. Se dejó caer sentada en el suelo mientras agarraba aún la botella rota y su palma de la mano soltando pequeñas gotas de sangre. En los cristales de la botella y parte de la botella se podía apreciar la sangre de Rebecca. 
-Qué más da.-musitó.-Esta herida cicatrizará en cuestión de segundos. 
Se volvió a levantar del suelo, esta vez le costaba mucho más.
-Vamos, Rebecca, tienes que ser fuerte.-se dijo a si misma como si quisiese imitar una voz que le acompañase.
Pero no se podía mantener en pié, volvió a caer se tiró en el suelo y acto seguido dio un golpe fuerte cerrando el puño con su herida. Estaba completamente borracha y beber a veces no es la solución a tus problemas, es enfrentarte a ellos, afrontar los echos y mirar al frente.
-Sois patéticos...-volvió a musitar tumbada en el suelo.-¡Sois patéticos!-refiriéndose a todos nosotros. Ésta vez lo gritó en alto.
Se incorporó del suelo y se apoyó en la pared, ésta vez su expresión era seria, dejó de llorar y tenía la mirada perdida. Miró la botella rota que estaba al lado de sus pies y ésta la dio una patada fuertemente. 
-Necesito sangre.-dijo levantándose del suelo, esta vez con más fuerza. Se pudo mantener en pie pero le costaba. Se dirigió a la puerta de entrada para marcharse de nuevo de casa,  e ir a alimentarse de un ser humano. Cuando llegó a la puerta de entrada y la abrió para irse, alzó la vista y se encontró una figura masculina, se fijo en que era Erick.
-¿A dónde vas, guapa?-le dijo Erick en un tono burlón.
-¡Apártate! ¡YA!-le gritó apretando su puño.
-¿Estás ebria? ¿Y esa cara Rebecca? pareces como si...-dijo buscando la palabra adecuada.-hubieses llorado un rió de lágrimas. 
-No he llorado, es la lluvia que me estropeó el maquillaje. Y sí, estoy completamente borracha. Ahora lárgate de aquí antes de que atraviese mi puño en tu pecho y te arranque el corazón.
-No.
-Vete con Amy y a mi déjame en paz, sois todos muy pesados. 
-Yo me iría encantado, pero recordé en que después de nuestra "discusión" no apareciste ni diste señales de vida, ¿qué pasó? ¿recapacitaste? por eso he venido, para asegurarme de que estabas mal. 
-¿Mal? ¿Recapacitar?-soltó una risa burlona
-Qué asco mirar a tu alrededor y observar que no tienes a nadie, ¿no, Rebecca?
-¡Vete al infierno!-Rebecca le cerró la puerta en sus narices. Pasados unos segundos, miró a través de la mirilla para observar si él aún seguía ahí. No vio a nadie y dio un leve suspiro. 
-¡Bú!-dijo Erick que estaba detrás de ella de brazos cruzados. Rebecca se volteó rápidamente y frunció el ceño.
-¿Por qué tienes la entrada permitida en mi casa? ¿Quién te invitó a pasar?
-Tu mayordomo. Hace tiempo que tengo permitida la entrada en tu casa. 
-Mira, Erick, no tengo ganas de escucharte y menos de mirarte. Hazme el favor de largarte de mi casa o haré que te largues.
-¡Pero si mi presencia te encanta!-exclamo sarcásticamente.
A Rebecca le comenzó a cambiar la cara totalmente. Apretaba su puño fuertemente y las pupilas se le estaban transformando, los colmillos también salieron a la vista.
-No voy a dejar que salgas por esa puerta sabiendo que vas a matar a lo diestro y siniestro.-Erick alzó su dedo índice y negó con el un "No"
-Ese dedo te lo metes por donde te quepa.
Erick rió y comenzó a dar vueltas por el salón. Rebecca le siguió detrás.
-Hmm, ¿Qué es esto?-dijo cogiendo la carta de Hector en sus manos y a punto de leerla. Rebecca se la quitó de las manos y arrugó la carta con sus manos.
-No toques lo que no es tuyo, ¿no te educaron así tus padres?
-Mis padres me educaron hasta los diez años, luego fuiste tú quien los mató y me secuestró. Así que se podría decir que me eduqué yo solito sin depender de nadie y menos de ti. 
-Oh, pobrecito.-dijo burlona.
Erick se giró dándole la espalda y vio la botella de vodka que anteriormente Rebecca tenía en sus manos, aún con sangre en ella y cristales rotos.
Cuando Erick estaba de espaldas Rebecca tenía la oportunidad de atacarle e irse por la puerta. Y así lo hizo. Se abalanzó sobre él para romperle el cuello pero éste se giró rápidamente le agarró las muñecas y la pegó contra la pared fuertemente. 
-Escúchame, puta loca: quizá fue un error decirte las cosas claras, ya que parece que te ha sentado como una patada en el culo. Pero, ¿y a ti que te sienta bien? llevo demasiado odio acumulado dentro, ese odio es por ti. No te mato aquí mismo por Amy y por tu familia, sino te mataba bien tranquilo. Fíjate que yo me pensaba que recapacitarías, que quizá mostrabas tu pequeño corazón y mostrando tus sentimientos, pero ya veo que la única forma de que muestres el corazón es arrancándolo. ¿Y sabes qué? sal por esa puerta, sal a alimentarte como siempre haces, mata como siempre haces. Total, a la única que le hace daño es a ti y a esas pobres personas.-Erick la agarró la cara y se acercó a ella mirándole fijamente a los ojos.-Yo no tengo porque preocuparme por ti. Algún día te descubrirá la policía y te encerrarán hasta que te pudras por no alimentarte. ¡Sigue así!
Soltó de agarrarla y acto seguido en un pestañear de ojos se marchó por la puerta. Rebecca soltó una risa irónica.


                                                                                           *    *    *

Sabía que ese mismo día Erick iría a ver a Rebecca, quería ir yo pero el se ofreció para ir. 
Me pegué una ducha para ir a trabajar en el bar de Jared ya que anteriormente estaba mojada por la lluvia. Me vestí y bajé al salón. Jared ya se había marchado para pegarse una ducha y abrir el bar. Me quedé sentada en el sofá, antes de irme. Me alisé el pelo con mis dedos, y apoyé mis codos en mis rodillas, acto seguido dejaba mi cabeza caer en las palmas de mis manos. 
Papá ya estaba un poco harto de aguantar tanto. Sólo de pensar que su hija era una vampira descontrolada le daba repugnancia. Vi a papá algo raro esa noche, estaba sentado justo al lado mío mientras en su cara se podía apreciar que no estaba muy bien: Fruncía el ceño, y de vez en cuando soltaba un suspiro. Le miré de reojo.
-Papá.-dije ésta vez mirándolo.-¿Estás bien?
-Sí.
-Mientes.
Mi padre me miró y embozó una sonrisa.
-No, no estoy muy bien, cariño. Vosotros sabéis donde está Rebecca, ¿verdad?
-No, papá, no lo sabemos.-Aparté la mirada y acto seguido saqué mi móvil de mi bolsillo para mirar la hora.
-Hija, se cuando mientes.
-No estoy mintiendo. Tengo que irme, papá. Luego hablamos.
Me levanté del sofá y salí por la puerta. Al salir dí un suspiro cerrando los ojos. En realidad se me daba fatal mentir y no me gustaba mentirle a mi padre.
Eché a caminar hacia el bar. Saqué mi móvil para llamar a Erick, marqué su número y esperé a que contestase.
-Hola, Amy.-me saludó.
-¿dónde estás? voy hacia el bar de Jared, ¿cómo está Rebecca?
-Está como siempre, la misma zorra de siempre. Aunque parece que ha llorado, su maquillaje estaba estropeado, y estaba totalmente borracha.
-Interesante. Mi padre no hace nada más que preguntarme que si sabemos algo.
-Por el bien de tu padre es mejor que no lo sepa.
-Lo sé. No me has dicho dónde estás.
-detrás tuya.
Noté como alguien me daba una suave palmada en el trasero, me giré bruscamente y vi que era él. Colgué la llamada.
-Tienes la mala costumbre de aparecer de la nada. En ocasiones me asustas.
-Lo sé.-ríe.-Me gusta la cara que se te queda, es graciosa.
Mientras ambos caminábamos hacia el bar, yo noté como una presencia humana siguiéndonos. La olía y sabía perfectamente por como olía que era humana y por el perfume que llevaba, ese perfume era de hombre y me resultaba familiar.
-¿Hueles eso?-le dije a Erick. Acto seguido giré la cabeza bruscamente pero allí no había nadie, tan sólo gente que caminaba hacia a alguna parte.
-Huelo eso.-respondió Erick.
-No hay nadie siguiéndonos, pero hay un humano que destaca entre esta multitud.
-Bueno, ten en cuenta que hay mucha gente paseando y caminando, los humanos al fin y al cabo son humanos y se distinguen por como huelen. Igual te estás confundiendo.
-No, Erick, el perfume que lleva ese humano me resulta familiar.
-Todo humano puede llevar ese mismo perfume. 
-Quizá tengas razón.
Erick rodeó su brazo por mis hombros y acto seguido me dio un suave beso en la cabeza.
-Te comes la cabeza demasiado.-me dijo.
-Un poco.
Entramos en el bar de Jared aún no estaba abierto estaba limpiando un poco y colocando bien las sillas. Entré y le saludé.
-¿Qué tal está tu padre respecto al tema de Rebecca?-preguntó.
-No muy bien. No para de preguntar si sabemos algo.
-Comprendo.
Tras varios minutos limpiando el bar antes de abrir volví a notar esa presencia humana. ¿Qué estaba pasando? ¿Realmente alguien nos ha seguido?
Pero justo en ese momento entró Rebecca por la puerta totalmente enfadada. Esta vez su maquillaje estaba bien y no parecía borracha. Se dirigía hacia a mi, como si realmente me fuese a pegar un puñetazo. Me sobresalté y vi que Jared, Emily y Erick miraban con mucha atención. 
Rebecca me agarró del cuello, me provocó una caída colocando sus pies detrás de los míos. Me tiró al suelo mientras ésta se subía encima mío y aún agarrándome del cuello.
Jared quiso apartarla de mi, pero Erick se lo impedía ya que cuando dos vampiros están a punto de pelearse si vas a ir a parar la pelea va a ser peor para ti. Saldrás mal parado.
-¿¡Quién te crees que eres, niñata?!-Preguntó casi gritando.
-¿A qué viene todo esto, Rebecca? ¡Suéltame!
-¿Te crees que puedes venir como si nada, como si siempre fueses la niñita buena y decirme cuatro gilipolleces y quedarte tan tranquila? 
-¡Yo no te las dije de mala intención, idiota! ¡Y no eran cuatro gilipolleces!
-¡Me importa una mierda las cosas que me digas! ¡Me importan una puta mierda!
-Parece que no te importa tanto cuando has venido expresamente a partirme el cuello y gritarme al oído. Si realmente no te importara te lo hubiese resbalado todo. A alguien que no le importa lo que he dicho no viene expresamente a gritármelo.
Rebecca apretaba cada vez más mi cuello, y Erick quería arrancarle la cabeza. Ambas nos estábamos transformando en vampiras y estábamos a punto de matarnos. Pero de pronto, vi como Erick se quedaba totalmente con la boca abierta, Jared y Emily igual. Me preguntaba que pasaba, no podía ver nada con el pelo de Rebecca dando en mi cara. No podía ver la puerta. Y justo en ese momento volví a oler esa presencia humana, había entrado en el bar y era el mismo perfume. Se acercaba a nosotras. Escuché el sonido de una pistola cuando se le apunta a tu enemigo. Apuntaban a Rebecca. 
-Ya basta, Rebecca.-dijo mi padre con un calibre apuntándole.
Rebecca alzó la vista bruscamente, se quedó anonadada al ver a mi padre, totalmente enfadado y con un calibre apuntándole. La primera vez que Rebecca veía a mi padre en tanto tiempo, y que mi padre veía a Rebecca en tanto tiempo.
Era mi padre la presencia que yo olía y notaba, sabía que era ese perfume el de mi padre y que por eso me resultaba demasiado familiar. Mi padre era muy cabezota, si quería saber algo lo tenía que saber hasta el final, prohibas lo que le prohibas. Mientas lo que le mientras siempre acababa pillándote, sabiendo que en tus palabras se aprecian mentiras. 
No me podía creer que fuese él quién nos siguió y fuese él quien tuvo el valor de apuntar con un arma a Rebecca. ¿Por qué no se lo prohibió mamá? 
"Márchate de aquí, papá, no seas idiota." pensaba yo. 

5 comentarios:

  1. ya sabes que.... SIGUIENTEEEEE!!!!!!!!!

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    1. En cuanto pueda haré el siguiente cap <3
      Gracias por leer. Así da gusto escribir, saber que te están leyendo. ^ ^
      Un beso.

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  2. Oye... Tu intención era matarme? Por que si lo era lo has conseguido. ENSERIO! como me dejas asi?!?!? ME encantó el capítulo y aún mas que subieras tan pronto. Tus capis son asdpgojhnadlgijn PERFECTOS! y lo mejor es que son laaargos y te da para mucho. Pero enserio. COMO ME LO DEJAS ASI!?!? SABES COMO ME VOY A ROMPER LA CABEZA PENSANDO EN QUE HARÁ EN PADRE?!?!?! LO SABES?!?! ya me estás subiendo pronto. EH!! Jajaja besos xX Isabel

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    1. Isabel, tus comentarios son tan adorables como tú.

      La verdad es que lo quise subir prontito porque había mucha gentecilla esperando el siguiente cap, y realmente tenía que escribirlo ya. ¡Al parecer ha gustado! (Espero que sí)
      ¡No te rayes mucho el coco, preciosa! pronto empezaré con el siguiente cap. <3
      Y esa es la intención que tengo: Escribir los cap largos, porque contra más largos y si al lector la trama le gusta y le engancha, es mejor.

      ¡Un beso enorme para ti!

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  3. Porfavor sigue la novela estaaan super-vampirica :)

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