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Granada, Granada, Spain
Empezaría diciendo que todo lo que escribo lo hago con papel y una pluma, pero mentiría. Una de mis mayores aficiones es escribir, yo lo llamaría como una especie de "escape" donde eres libremente de escribir lo que te plazca, ya sea hundirte en tus pensamientos o tan solo con deslizar tus dedos sobre el teclado comienzas a adentrarte en un mundo donde tu decides que sucede a cada instante y a cada segundo. ¿Maravilloso, verdad? No escribo para nadie, escribo para mi misma. Lo que nunca imaginé fue ver a toda esta gente leyéndome. Soy otra marioneta que ansia la libertad en esta sociedad manipuladora. Nunca permitas, por nada del mundo, que la sociedad te convierta en una persona quien no eres. Seamos libres de ser quien cojones queramos ser. Porque no hay nada más maravilloso que ser uno mismo y no como querrían que fueses. Amo la lluvia, los días de tormenta, amo el chocolate, también un buen café con leche en las tardes de invierno. Si has llegado hasta mi blog, bienvenidos pequeños mortales, si deseas quedarte será todo un placer, siempre serán bienvenidos aquí y si deseas marcharte, que así sea. ¿Te introduces en mi cuento de princesa inmortal?
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"En la vida es imposible sufrir, pero el hecho de arriesgarse por la persona a la que amas, hace que el dolor, merezca la pena."

domingo, 15 de septiembre de 2013

Capítulo 30: Secuestro en el anochecer.



Papá miraba a Rebecca con el ceño fruncido aún apuntándole con el arma. Rebecca no me había soltado aún, me agarraba el cuello, ésta vez con menos fuerza, ya que estaba sin habla ante la presencia de mi padre y el hecho de que le estuviese apuntando con un arma a la cabeza le dejó anonadada.
Hubo un silencio incomodo, nadie decía nada, total y absolutamente silencio. Era un silencio tan incomodo que se podría oír caer un alfiler.
Temía por mi padre. No quería que estuviese aquí, que tuviese que ver como era Rebecca en ese entonces, una Rebecca que nadie conocía, que incluso daba asco mirarle por como se comportaba, esa actitud que tenía como si todo, absolutamente todo le resbalase, en realidad no lo parecía, se lo resbalaba absolutamente todo. Pero ésta vez a Rebecca no se lo resbaló del todo.
 ¿Qué estará pensando mi padre?, me preguntaba. ¿Qué va a hacer Rebecca ahora?
Quería llevarme a mi padre lejos, antes de que Rebecca cometiese alguna estupidez, como por ejemplo hacerle daño. Papá era tan cabezota a veces que por más que le repetía las cosas por su bien, no me hacía caso. Comprendía que papá tenía todo el derecho a ver a su hija, a la Rebecca que es ahora, pero no quería que se sintiese mal, que el verla hubiese consecuencias y que mi padre estuviese hundido, deprimido, acabado.
Si no he querido que la vieses, me dije a mi misma, era porque conozco a Rebecca y hace daño a todo lo que se interponga en su camino, Papá.
Rebecca dejó de agarrarme el cuello y acto seguido comenzó a levantarse de encima mía. Me incorporé del suelo y también me levanté observando con total atención los próximos movimientos de Rebecca.
Rebecca soltó una risa irónica mirando a papá. Mi padre, confuso por su risa, no dejaba de mirarla y apuntarle aunque le doliese el corazón hacerlo.
-No quiero tener que hacer esto, hija.-rompió el silencio papá.

-¡Mira a quién tenemos aquí!-exclamó Rebecca con tono burlón.-Cuanto tiempo, Jack.-dijo arreglándose el cabello con sus dedos.
Papá al oírla pronunciar su propio nombre y no llamarle "Papá" como solía hacerle hace unos años, le dio un vuelco el corazón, estaba desilusionado a la vez que dolido, pero no quiso mostrar su afecto y siguió apuntándole con el ceño fruncido.
-¿La pistola está cargada? apuesto a que esas balas son simplemente balas normales y corrientes. ¿Sabes que si me pegas un tiro no sentiré nada, no? quizás un poquito de cosquillas.
-No te reconozco, hija. Te miro y es como si viese a una Rebecca totalmente diferente a cuando eras haces unos años. No debí dejarte ir sola aquella noche...Si no hubiese pasado aquello hoy en día no serías...
-¡Me fui por mi propia cuenta, Jack!-interrumpió.-Esa noche era una noche cualquiera, y hubiese salido o no, quién sabe si tarde o temprano me hubiese mordido un vampiro. Aunque no hubiese salido esa noche, ¿quién sabe si en la próxima me hubiese pasado? no se sabe, Jack. En ese entonces, yo ya sabía la existencia de vampiros en Nueva York, ya que era tan sólo una humana y por las noticias una se entera de todo. Y no solo las noticias, la gente le da a la lengua y hablan demasiado, es muy fácil enterarse y más si es un tema del que todo el mundo habla. Si te estás preguntando si echo de menos mi humanidad, no, no la hecho para nada de menos. Y si fui convertida en vampira fue porque dí a elegir "vivir" antes que morir desangrada. El vampiro que me convirtió me dio a elegir si quería vivir o si quería morir. Elegí vivir, y aquel vampiro me mató, partiendo mi cuello y cuando estaba muerta me dio a beber su sangre. Cuando desperté supe que ya no era la misma de antes y que algo en mi estaba cambiando. Un humano se convierte en vampiro si el vampiro te mata y te da a beber su sangre para revivir de nuevo, siendo uno de ellos. ¿Sorprendido? creo que no te conté mi historia, así que ya lo sabes.
-¿Quién fue tu creador?
-¿Aunque te lo dijera que cambiaría? ¿Vas a matar al que me convirtió? ni siquiera sé si sigue en Nueva York. La última vez que hablé con él fue la noche en la que me convirtió.
-Tu madre y yo hemos estado muy preocupados por ti. Te hemos estado buscando un largo tiempo, incluso antes de que tu hermana se enterase. ¿Por qué no volviste a casa...?
Rebecca empezó a apretar su puño. Apartó la vista de mi padre y dirigió una mirada hacia mi. Me miraba como si estuviese a punto de salir cuchillos de sus ojos y clavármelos.
A Rebecca la voz sentimental de mi padre le comenzaba a cabrear. Odiaba como le miraba, con ojos de cachorrillo triste, incluso la mano de mi padre con la que apuntaba el arma le comenzaba a temblar. A Rebecca esta conversación le resultaba patética, no quería hablar de ella y aún así lo estaba haciendo y contando su historia de lo ocurrido de esa noche.
-¿¡Esto ha sido idea tuya?!-me preguntó.
-Yo no he tenido nada que ver en esto. Papá me ha seguido.
-¿Y qué queréis, eh? ¿Qué nos demos todos un abrazo, lloremos de alegría y volvamos a casa?-soltó una carcajada.-Porque si es así estáis muy equivocados.
-No entiendo del porque de tu comportamiento, ¿qué te ha echo ser así?-dijo mi padre. Rebecca se dirigió hasta él. Se plantó en frente de él mirándole fijamente, acto seguido le quitó la pistola de su mano. Todos los que estábamos en el local nos sobresaltamos.
Papá le miraba con terror incluso preocupación, ¿sería capaz de matar a su propio padre?
Ella miró el arma, abrió el cargador y la pistola no estaba cargada. Miró a mi padre de nuevo y le devolvió la pistola.
-Tú no serías capaz de matar a tu propia hija.
Rebecca se apartó de él y se dirigió a la puerta para marcharse. En ese momento, justo antes de que ella abriese la puerta mi padre se giró y dijo:
-Y tú, ¿serías capaz de matar a tu propio padre?
Rebecca se paró en seco. Sin girarse dijo:
-Hasta otra, Jack.
-¡No! hija, espera.-dijo mi padre dirigiéndose a ella.
Rebecca hizo caso omiso, abrió la puerta y la cerró de un portazo. Cuando mi padre corrió tras ella y salió fuera del local ya no estaba.
Erick se dirigió a mi padre que aún buscaba con la mirada a Rebecca entre la multitud de gente.
-Señor Smart, le aseguro que su hija no sería capaz de matar a su propio padre. Puede tener maldad, pero no tanto como de asesinarte.
-Mató a mi suegro, ¿por qué no iba a matarme a mi?
-Su suegro era vampiro desde hace muchos años al igual que su mujer, sé que lo mantenían en secreto y que vosotros no estabais orgullosos de ello, sobretodo tu mujer.
-¿Cómo sabes eso?
-Soy novio de su hija, ella me lo contó.
Tras unos minutos de silencio, mi padre miró a Erick fijamente y le dijo:
-¿Cómo puedes soportar que mi hija Rebecca matase a tú familia y no haberla matado a ella? tienes que vivir con odio.
-Vivir creo que no,-sonrió.-pero sí, se podría decir que vivo con odio hacia ella.
-¿Si ella te pidiese perdón por lo que hizo, serías capaz de perdonarla?
-No. No podría perdonarle aquello, pero si ella lo hiciese y todo esto hubiese acabado, trataría de llevarme bien con ella, pero siempre me quedará el recuerdo de como era antes y de como asesinó a mis padres. ¿Usted sería capaz de perdonar si le matasen a sus propios padres delante de usted? ¿Sería capaz de perdonar a esa persona?
-La verdad es que no...
-Tranquilo, que yo no perdone a su hija, no quiera decir que vaya a matarla. Sé que hay veces que me gustaría con todo mi ser matarla, pero no lo hago, además no podría. Es su hija, y es la hermana de Amy.
Mi padre le colocó su mano en el hombro de Erick.
-Lo siento mucho, chico, por la muerte de tus padres y siento que haya sido mi hija.
-No se preocupe, ya no vivo con dolor. Estoy bien. Pero usted no debe sentirlo.
-Créeme, lo siento de verdad.
-Ésta bien.
-Erick, no me llames de usted.-sonrió.-me hace parecer mayor.
Erick soltó una risa amigable y le dijo:
-Ésta bien, pero soy demasiado educado...con algunas personas.
-Eso es bueno, hay que ser educado y amable con quién se lo merezca.
-Sí.
Miré a papá con el ceño fruncido. No me había gustado para nada que me siguiese y peor que hubiese pasado aquello. Me dirigí hacia él y le miré enfadada.
-Te lo dije. Yo sabía que si me seguías o cometías cualquier estupidez pasaría esto. ¿No puedes quedarte quietecito?
-No me mires así...Al verte en peligro por tu propia hermana me he dado cuenta de que no os lleváis nada bien. Ella te odia.
-Sí, me odia. Y yo debería odiarle a ella puesto que fue la vampira que mandó a Erick a convertirme a mi. Y aún así, por cosas realmente malas que ha hecho no la odio. Espero que no le cuentes nada a mamá.
Hubo una pausa de silencio, ya que mi padre pretendía contárselo a mamá.
-¿De acuerdo?
-Tranquila, no le contaré nada a tu madre.
-Y prométeme que no cometerás ninguna tontería que pueda ponerte en peligro.
-Te lo prometo. Será mejor que vuelva a casa. Nos vemos allí.
Volvimos a entrar en el bar. Reuní a Jared, Erick y Emily para hablarles.
-Rebecca hace un momento a pronunciado al vampiro que fue su creador. Según ella no sabe si sigue aquí o se marchó de la ciudad. ¿Creéis que para Rebecca su creador significará algo?
-Bueno,-dijo Jared.-para Rebecca es difícil que alguien signifique algo para ella. Pero si ella no sabe el paradero de aquél vampiro desde que le convirtió entonces no creo que tengan algún significado entre ellos. A no ser que nos haya mentido. ¿Por qué te interesa?
-Porque es el creador de mi hermana, el que la hizo así y ser así. Me gustaría tener una conversación con él.
-Todo vampiro puede ser peligroso,-dijo Emily.-que seas uno de ellos no significa que estés a salvo. Es como ser humano; no puedes pretender que porque eres humano ya todo el mundo no puede hacerte daño. Porque seas vampira no significa que los de tu misma clase no pretendan hacerte daño, al contrario, algunos van directamente a hacerte daño.
-Lo entiendo. Quizás Rebecca no mentía, quizás no sabe donde se encuentra su creador.
-Quién sabe.-dijo Jared.-Conociendo a Rebecca es difícil averiguar cuando dice la verdad y cuando miente.

                                                     *     *    *


Rebecca se encontraba paseando por las calles de Nueva York. Quizás perdida en sus pensamientos. No sabía hacia donde caminaba, tan sólo se limitaba a caminar y tratar de parecer humana entre la multitud de gente. Sus manos iban metidas en los bolsillos de su cazadora, la expresión de su rostro era seria, como era de esperar, pero esta vez tenía motivo para estar seriamente seria; le había sentado muy mal ver a papá. No quería verle, no quería ver sus ojos nublados, vidriosos y apunto de estallar. Odiaba los dramas.

Recordó la última frase que dijo papá, le vino como un Flash-back a la mente; "Y tú, ¿serías capaz de matar a tu propio padre?"
-¡Tsk!-rechistó.-Será mejor que me vaya a beber a cualquier local y deje de comerme el coco.
En ese preciso momento, Rebecca pasó delante de un callejón cuando un tirón de brazo le hizo arrastrarle a dentro. Rebecca, en guardia, sacó sus colmillos y rápidamente acorraló a aquella figura que le había asustado por unos segundos. Ella tenía retenida a aquella persona, presionando su brazo al rededor de su cuello y acorralado en la pared, pero perdió las fuerzas cuando logró verle el rostro a aquella persona.
-¿Pero qué coño...?
-Hola, Rebecca, se te ve bien últimamente. Muy atractiva, por cierto. Adoro las chicas morenas de ojos oscuros y labios carmín, y más si son irresistiblemente atractivas, como tú. ¿Qué tal te va?
Aquella persona era una figura masculina, de aspecto atractivo, cabello corto y rubio, un rubio que parecía casi blanco, ojos de un color caramelo y de piel pálida. Aparentaba unos veintipocos, posiblemente mayor que Rebecca, pero como bien he dicho, "aparentaba." No. No era una persona, era el creador de Rebecca.
-¿Qué diablos estás haciendo aquí?-Dejó de presionarle el cuello y se alejó varios pasos de él.
-Veo que aún me tienes respeto, conociéndote ya me hubieses matado, pero al fin y al cabo soy tu creador, ¿cierto?
-Qué seas mi creador no significa que no quiera matar....
Sin poder acabar la frase éste le empujó contra la pared, dio un puñetazo en ella haciendo un terrible agujero a la pared de piedra, mostró sus colmillos, y se acercó bastante cerca a la cara de Rebecca.
-Cuidado con las palabras que dices, preciosa, en cualquier momento puedo hacer algo realmente malo del cual no te gustaría que hiciese.-posó su mano en la cara de Rebecca y acarició su mejilla.-tengo más años que tú y no me refiero a los que aparento. ¿No te alegras de verme de nuevo? la última noche que nos vimos nos lo pasamos realmente bien...-mostró en sus labios una sonrisa pícara y acto seguido se mordió el labio inferior.-¿recuerdas?
-Bienvenido de nuevo a Nueva York, Cedric.-sonrió con malicia.
Éste le agarró de la cintura y la presionó hacia el cuerpo de él. Le miraba fijamente y ella igual.
-Creo que el carmín de tus labios va a desaparecer en breve.
-¿Qué?
Acto seguido éste le besó suavemente y Rebecca se dejó llevar.


                                                               *     *    *


Esa misma tarde, ya estaba anocheciendo. Aún me encontraba en el bar de Jared, pero esta vez no estaba a dentro, estaba afuera apoyada en la pared. Observaba el cielo. Pensaba en aquél vampiro que por poco nos mataba a mi y a Erick anteriormente, más que vampiro era una bestia. Pensaba en si en algún otro lugar habrá más de ellos, que es posible, ya que lo dijo Erick.

Recordé aquellas palabras que dijo: "La chica vampira que no mata ni a una mosca."
Según aquella bestía había oído hablar de nosotros, pero, ¿de qué había oído hablar de nosotros? ese monstruo me conocía y no sabía porqué. Todo se me hacía muy extraño, otra vez las preguntas sin respuesta, otra vez el misterio.
-Menuda mierda.-dije por lo bajo.-Todo es una completa mierda, una gran bola de mierda.
En parte tenía miedo por si volvían a aparecer más bestias como aquellas. Pero por ahora todo estaba tranquilo...por ahora. Aunque con Rebecca nunca había nada tranquilo.
Mientras estaba observando el cielo cerré un momento los ojos, dejando que la brisa abanicase mi cabello y me diese algo de fresco en la cara. El invierno comenzaba a notarse, pero yo no notaba nada ya que no tenía frío ni calor. Abrí los ojos de nuevo y miré por la ventana de cristal a Erick dentro del bar. Estaba hablando con Jared y ambos se reían juntos. Me gustaba verlos así, por lo menos había algo de tranquilidad en la noche. Al girarme de nuevo me encontré con un rostro masculino en frente mío mirándome con una expresión algo siniestra en su rostro. Me miraba sonriente. Sus manos estaban metidas en los bolsillos de su pantalón. Me quedé mirándole fríamente puesto que no le conocía de nada y no sabía del porque me miraba así.
-Hola, mi nombre es Cedric.
-Hola...Lo siento, no te conozco.
-Trabajas aquí, ¿verdad?-preguntó mirando el local.
-Sí.
-Así que eres ella...-dijo por lo bajo.
-¿Perdona?
-Oh, lo siento, pensaba en voz alta. ¿Cómo te llamas, querida?
-Amy.
-¿Nombre completo? Lo siento, no soy de aquí y en mi pueblo se suele decir el nombre completo y estoy algo acostumbrado.
-Amy Smart.
Volvió a aparecer esa sonrisa siniestra en su rostro. Me decidí  alejarme de él. No me daba buena espina su presencia, me incomodaba hablar con él. A veces éste me echaba miradas de arriba abajo, como si estuviese sorprendido de lo que veía. No quise seguir hablando con él, por lo tanto quise marcharme.
-Lo siento, tengo que volver a entrar.-agarré el pomo de la puerta para entrar.
Justo antes de abrirla este sacó de sus bolsillos una cadena de plata y me la hizo enredar por el cuello. Él llevaba guantes de cuero por lo tanto no le afectaba a su piel, supe que era vampiro de inmediato por su tal rapidez inhumana. Dí un grito de dolor pero antes de que gritase más éste me puso la mano en mi boca.
-Tú te vienes conmigo.
Erick se sobresaltó de su asiento y miró hacia atrás por la ventana. Ya no había nadie, pero estaba seguro que me escuchó gritar. Salió corriendo hacia afuera, Jared se sobresaltó y Emily igual.
Erick observó por ambas partes observando donde me encontraba, pero allí no había nadie.
-¡Amy!-gritó intentando buscar una respuesta.
-¿Qué pasa?-preguntó Emily al ver la cara de Erick.
-Os juro que la he escuchado gritar.-dijo inquieto buscando con la mirada hacia todas partes.-Sé que era ella.-¡Amy!-volvió a gritar.
-¡Eh, eh!-dijo Jared agarrando los hombros de Erick.-¿Estás seguro que era ella?
-¡Joder, sí! ¡Sé cuando está en peligro!
-La encontraremos, cálmate.
Erick mostró sus colmillos y frunció el ceño mirando a Jared.
-Que me digas que me calme cuando mi novia ha sido secuestrada, créeme que me voy a calmar una mierda.


Me encontraba en otro lugar, no sabía donde estaba ni del porque me llevaba a cierto sitio.

Estaba muy débil, mis manos estaban atadas con cadenas de plata y al rededor de mi cuello también había. Logré abrir los ojos, mi vista estaba borrosa pero logré ver claro al cabo de segundos. Vi aquel rostro masculino, observándome. Estaba de cuclillas. Me fijé en mi, estaba apoyada en una pared, la habitación estaba vacía y realmente daba grima y miedo. Busqué una salida con la mirada, pero la puerta era de metal, que justamente era anti-vampiro. La puerta tenía cerrojos y un candado.
Cedric me estaba mirando con una sonrisa, me colocó sus dedos en la barbilla y me  levantó la cabeza lentamente.
-Probablemente no sepas quién soy, ¿verdad? soy el creador de tu hermana.
Abrí los ojos como platos y le miré fijamente.
-¡Tú!-exclamé. Al sobresaltarme de tal reacción las cadenas de plata me quemaron más y grité de dolor.-¡Quitame ésto, por favor!
-Shhh.-se colocó su dedo índice en sus labios.-Eres muy impaciente. Así que tu eres la hermana de Rebecca... qué interesante.
-¿Por qué convertiste a mi hermana...?
-Hmm, vaya, ahora te animas a preguntar. Convertí a tu hermana porque me aburría. ¿Qué esperabas que te dijera? ¿Qué la convertí por un motivo aparente? pues no.
-¡Has arruinado su vida!
-¿Yo? ¿Qué culpa tengo yo de que ella sea una loca psicópata que mate a gente para alimentarse? en eso ella y yo nos parecemos mucho, quizás lo aprendió de mi.
-No hay necesidad de matar teniendo bolsas de sangre de hospital.
Éste se acercó a mi y me apretó las cadenas de plata haciendo que me quemasen aún más, volví a gritar de dolor haciendo que se me salten las lágrimas.
-La sangre en bolsitas estúpidas de hospital no sabe igual que directamente de la vena de un humano.
Esa frase me hizo recordar a Rebecca. Alcé mi cabeza y le escupí en la cara. Acto seguido saqué mis colmillos y mis pupilas se trasformaron.
-Te estás cabreando ¿verdad?-soltó una risa por lo bajo y se limpió la cara con su manga por mi escupitajo.- bonitos colmillos.-Él también mostró los suyos.-¿Qué te parecen los míos?
-¡Vete a la mierda! ¡Déjame salir de aquí! ¡DÉJAME SALIR!
 Cedric se levantó y de su bolsillo sacó su móvil. Marcaba un número, tras unos segundos contestó Rebecca.
-Hola preciosa, adivina con quién estoy.
-¿Cedric? ¿Con quién estás?
-Adivínalo.
Cedric se volvió a poner de cuclillas y volvió a apretar las cadenas, volví a gritar de dolor-
-¿¡Amy?!
-¡Premio para la ganadora!
-¿¡Qué estás haciendo con ella?!
-Cosas malas.
-Escúchame, Cedric, yo puedo odiar mucho a mi hermana, puedo tenerle todo el odio del mundo, pero no permito que otros la señalen con el dedo.
-¿Te estás volviendo blanda?
-¡No me estoy volviendo como tal! ¡simplemente aléjate de ella, suéltala! Cedric, pueden pasarte muchas cosas como no la sueltes. Su novio la estará buscando, él es Erick.
-Oh vaya, ¿el chico que tuviste como tu esclavo un tiempo? que venga, tengo ganas de verle también.
-También me vas a ver a mi. Porqué sé donde vives, y sé donde la tienes.
-Te estaré esperando.
Las maldita cadenas de plata me quemaban como el infierno, justo me paré a pensar en mi colgante. ¿Dónde estaba? no lo tenía colocado en mi cuello. Entonces alcé la vista y Cedric lo tenía balanceándolo en sus manos. Le miré con total y absolutamente asco. No entendía porque me hacía esto, no entendía el porque me secuestro. "Si tengo que quitarme estas cadenas a mordiscos las quitaré, aunque sea prácticamente imposible." me dije para si.
Estaba asustada, pero más que asustada estaba también con rabia, con ganas de explotar estas cadenas y matar al cabronazo que tenía delante mío. Tenía muchas preguntas que hacerle, y justamente en aquel momento no se me ocurrían ninguna. Me limitaba a intentar buscar la manera de quitarme las cadenas, aunque con hacerlo y moverme me quemasen aún más. Mis heridas eran muy visibles en mis muñecas, incluso podría apreciarse sangre. Intenté calmarme un poco, estaba tan inquieta que no me estaba dando cuenta en lo daño que me estaban causando las cadenas y en las quemaduras que me estaba causando.
Solté un suspiro por lo bajo, mis lágrimas caían por mis mejillas sin aviso, puesto que las cadenas me quemaban como el maldito infierno.
Cedric, recordaré su nombre, y en cuanto saliese de allí él sería quien tuviese estás cadenas alrededor de su maldito cuello.


Cedric Lawrence.



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