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Granada, Granada, Spain
Empezaría diciendo que todo lo que escribo lo hago con papel y una pluma, pero mentiría. Una de mis mayores aficiones es escribir, yo lo llamaría como una especie de "escape" donde eres libremente de escribir lo que te plazca, ya sea hundirte en tus pensamientos o tan solo con deslizar tus dedos sobre el teclado comienzas a adentrarte en un mundo donde tu decides que sucede a cada instante y a cada segundo. ¿Maravilloso, verdad? No escribo para nadie, escribo para mi misma. Lo que nunca imaginé fue ver a toda esta gente leyéndome. Soy otra marioneta que ansia la libertad en esta sociedad manipuladora. Nunca permitas, por nada del mundo, que la sociedad te convierta en una persona quien no eres. Seamos libres de ser quien cojones queramos ser. Porque no hay nada más maravilloso que ser uno mismo y no como querrían que fueses. Amo la lluvia, los días de tormenta, amo el chocolate, también un buen café con leche en las tardes de invierno. Si has llegado hasta mi blog, bienvenidos pequeños mortales, si deseas quedarte será todo un placer, siempre serán bienvenidos aquí y si deseas marcharte, que así sea. ¿Te introduces en mi cuento de princesa inmortal?
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"En la vida es imposible sufrir, pero el hecho de arriesgarse por la persona a la que amas, hace que el dolor, merezca la pena."

viernes, 13 de diciembre de 2013

Entre cielo e infierno. Capítulo 08: Sorpresita familiar.





Hubo un silencio después de la última frase de Nathan. Nathan miraba a Natsuki, y no era la típica mirada,  ella sabía lo que significaba aquella mirada. Era la única que entendía a lo que se refería, a parte de Kyle.
El metro estaba hecho un desastre; había sangre por todas partes y cinco cadáveres. Uno de ellos estaba hecho migas en el metro.
Scarlett rompió el silencio y con un tono de enfado y preocupación dijo:
—¿Cómo que irás al mundo de los Demonios? Natsuki, ¿ésto ha sido idea tuya?
Blake comenzó a reír a carcajadas, todos se inquietaron por la risa de Blake, menos Nathan, que le miraba con bastante odio, como la primera vez que supo de su existencia. Blake comenzó a dar varias palmadas mientras reía como un auténtico demente.
—¡Vaya!—exclamó.—A sí que vas a ir al mundo de los Demonios.—dijo controlándose la risa.—Espero que vayas y que no vuelvas. No creo que salgas de allí, aquellos también te quieren muerto. Ya te imagino; vas allí, te ven, se sorprenden, y de pronto una patrulla de hombres demonios se dirigen a ti para acorralarte y matarte. ¡Oh, sí! ¡Ve allí, chaval!—exclamo riéndose de nuevo.
Nathan se enfadó bastante y se lanzó hacia él. Como estaban al lado, Nathan le dio un empujón que eso hizo cortar la risa a Blake.
—¿Y tú porqué no te vuelves a tu jodido mundo?—comenzó a decir Nathan.— llevas aquí bastante tiempo y lo único que haces es molestarnos. ¿Qué es lo que estás haciendo aquí? ¿Matarme? ¿Por qué no me has matado ya en vez de seguir molestándote en hablar conmigo? ¡Oh, venga! si quisieras matarme ya lo hubieses echo. ¡Pedazo de gilipollas!—ésto último lo exclamó con un tono más alto y lo agarró de la chaqueta.
—Te recuerdo que te pegué un puto tiro.
—¡Y porqué no me lo pegaste en la cabeza! ¿Qué tratas de averiguar de mi? ¡Si ya lo sabes todo! si me odiases tanto como dices, ya me habrías matado.
—Como tú has dicho: Trato de averiguar cosas. Y lo que yo haga o deje de hacer no es de tu incumbencia, maldito nephilim. Que yo no te mate no significa que otros no lo intenten. Ya has visto a los Ángeles que acabamos de matar hace menos de cinco minutos. Y hazme el favor de soltarme, tienes la extraña manía de arrugarme la ropa.
—Tú maldita actitud hace que quiera que te pegue de hostias.
—Lo mismo te digo.
Natsuki se metió en medio y los apartó de un pequeño empujón.
—¡Parad ya! sí, yo he tenido que ver en ésto. Es idea mía la de ir al mundo de los Demonios. Pero a él no le pasará nada allí. Alguien quiere hablar con él desde hace un tiempo.
Blake soltó una risa irónica.
—Ya claro, "no le pasará nada allí." ¿Te lo han dicho ellos, acaso?—preguntó Blake con tono burlón.
—Sí.—respondió ella.
—¡Por Dios!—exclamó.—¡Qué son Demonios! a esos no se les puede creer ni los más mínimo.
—¿Tú no querías verme muerto?—dijo Nathan alzando una ceja.

—Y quiero verte muerto. Sólo digo que no se pueden confiar en los Demonios. Natsuki, para ser una Demonia, parece que no les conoces muy bien.
—Silencio vosotros dos.—interrumpió Natsuki.—Los Demonios no van a hacerle daño a Nathan. No me han mentido ni tienen la intención de mentirme. Confía en mi Nathan, no comiences a dudar por culpa de éste idiota.—dijo mirando a Blake.—De verdad, no te estoy mintiendo.
—No he dudado en no ir en ningún momento. Voy a ir, pase lo que me pase, sea verdad o sea mentira.
—A mi ésta idea no me convence.—comenzó a decir Scarlett.—A ver, Natsuki, te creo, pero no sé si puedo fiarme de ellos.
—Me han dado su palabra, ¿por qué iban a mentirme? y además, quién me ha dado su palabra es expresamente alguien  importante en nuestro mundo. Y puede que te asombre cuando descubras quién es, Nathan.
Esa última frase hizo que Nathan abriese los ojos como platos.
—¿Hablas en serio?—preguntó Nathan con incredulidad.
—Totalmente en serio. Prestarme atención: Ellos saben que estoy en el mundo de los humanos, de hecho me mandaron aquí. Pero no expresamente para matar a Nathan.
—¿Y para qué, expresamente?
—Llevarte conmigo al mundo de los Demonios y poder hablar.
—Oye, Nathan.—interrumpió Kyle.—De verdad, como te he dicho antes en tu apartamento: Ten cuidado si vas a ir.
—Lo tendré. No te preocupes.
—Pues buena suerte.—dijo Blake.—¡Oh! ¡Pero qué digo! ¡Mala suerte! y espero que nos hagas el favor de no volver.
Nathan alzó su dedo corazón, haciendo un gesto obsceno a Blake. Blake sonrió con malicia.
—¿Cuándo vamos?—preguntó Nathan.
—Cuando tú me digas.
—Mañana al anochecer. A las nueve.
—De acuerdo.
—Será mejor que volvamos a casa...
—¿Qué hacemos con los cadáveres?—preguntó Kyle.
—Tranquilos, yo me encargo de ellos.—respondió Natsuki.
—¿Tú sola? ¿No necesitarás ayuda?
—No, de verdad. Marchaos.—sonrió.—Scarlett, nos vemos en el apartamento.
—De acuerdo.—dijo Scarlett.
Nathan, Scarlett, y Kyle. Comenzaron a caminar y a subir las escalaras de la estación. Blake se quedó parado, con las manos metidas en sus bolsillos y mirando a Natsuki.
—¿No te vas?—preguntó.
—¿Quieres que lo haga?
—Pues sí.—respondió ella. Blake se esperaba otra respuesta, y frunció el ceño.
—¡Argh! ¡Tú...!—sin terminar la frase dijo.—Da igual, te ayudo con los cadáveres.
—Como quieras.—dijo secamente.
Blake soltó un suspiró y negó con la cabeza. Se dirigió a uno de los cadáveres, como estaba boca abajo éste le dio la vuelta y al girarlo puso cara de asco.
—¡Uf! ¡Estás hecho un desastre, amigo! pero el peor de todos es aquél amigo de allí que está hecho migas.
—Blake, deja de hablar con el muerto. Arrastra los cadáveres y colócalos al lado cada uno.
—No me des ordenes, no eres quién.
Blake arrastró el cadáver.
—¿Y porqué me obedeces entonces?
—¡Cállate!
Natsuki cogió también a uno de los cadáveres y lo colocó al lado de los demás, menos a uno que estaba hecho migas y no había quién lo cogiese ni mirase. Y así con los otros dos cadáveres. Al colocarlos como había dicho Natsuki, ella miró a Blake.
—Por cierto, ¿por qué me has salvado antes?
—¿Cuándo?—Blake sabía a lo que se refería, pero se hacía el tonto.
—Cuando estuvo a punto de pegarme un tiro en la cabeza. Corriste y te lanzaste hacia él impidiéndole disparar.
—Pues porque te he salvado. ¿Qué te hace pensar que hay un motivo? el motivo es porque sí, porque estabas en peligro y te he salvado. ¡Tsk! ¿Qué te crees, que lo he hecho por otro motivo? el mundo no gira al rededor de ti, niña.
Natsuki soltó una risa.
—Gracias de todas formas, y por cierto: vuelves a llamarme niña y serás como aquél cadáver que está hecho puré en las vías del tren.
—¡Por Dios! ¡Estás loca!
—No estoy loca, sólo puedo ser psicópata cuando quiero.
—Pues eso, loca. Por cierto, a todo ésto, ¿qué es lo que vas a hacer con los cadáveres?
Natsuki sonrió maliciosamente y deslizó su lengua por sus labios.
—¡Santo Dios!—exclamó Blake con una arcada.

Nathan, Scarlett y Kyle, se dirigían hacia sus respectivos apartamentos. Mientras caminaban había un silencio, pero no incomodo. Kyle comenzó a romper el silencio y empezó a hablar con Nathan. Le hablaba de una noche que se emborrachó demasiado, y vomitó a una chica con la que bailaba, mientras Nathan le grababa en vídeo para luego reírse y enseñárselo. Ambos se estaban riendo al recordarlo, pero Scarlett estaba seriamente seria. Estaba como perdida en sus propios pensamientos.
El silencio de Scarlett le resultó bastante raro a Nathan, le miró por unos instantes. Mientras caminaban, Scarlett iba con la cabeza agachada, mirando sus propios pasos y completamente perdida.
—Eh, ¿estás bien?—le preguntó.
Scarlett se sobresaltó.
—Sí.—respondió balbuceando.
—No parece que estés muy bien, ¿te preocupa algo?
—En realidad si que me preocupa algo.—dijo directamente.—No me gusta la idea de que vayas al mundo de los Demonios. ¿Y si todo es una trampa?
—No tienes porqué preocuparte por mi.
—¡Pues lo hago!—exclamó. Eso a Nathan y a Kyle le sorprendieron.
—Emm...Chicos, me adelanto. Hasta luego.—Kyle comenzó a dar pasos largos, dejándolos a solas.
—¿Por qué te pones así?—preguntó.
—Soy más de preocuparme por los demás que por mi misma. ¿Eso responde tú pregunta?
—No me parece bien. Mira, si esto te consuela, Natsuki irá conmigo.
—No es el hecho que me consuele o no, es que ni tú sabes siquiera si puede ser una trampa.
—Ya, pero Scarlett, quiero saber quién quiere hablar conmigo. ¿Y si ese alguien puede darme una pista del asesinato de mis padres? compréndelo, necesito ir. Y si es una trampa ya me las apañaré. ¿No harías eso tú por tu padre? ponte en mi lugar.
—También llevo buscándolos bastante tiempo, y ha sido cuando recientemente me enteré de que habían sido los Ángeles quienes le mataron.
—Ahora estamos en el mismo saco. Los Ángeles asesinaron a nuestros familiares. Tú  y yo tratamos de buscar a quienes le asesinaron.
—Lo sé, si lo entiendo, pero...
—Te prometo que todo va a salir bien.
—No creo en esa frase.—dijo en un tono serio.—La última persona que me prometió que todo iba a salir bien, ahora está muerto. No puedes prometer que todo va a salir bien cuando si ni siquiera tú sabes que te pasará dentro de un minuto. Todo puede pasar dentro de un minuto.
—Lo siento.
—No tienes que pedir lo siento, sólo dime qué...vas a tener cuidado.
—Ésto si te lo prometo. Te prometo que tendré cuidado.—sonrió. Ella le devolvió la sonrisa, aún forzándola. Tras unos segundos de silencio Nathan quiso preguntarle algo que le surgió a la mente.
—Respecto al tema de tu padre. ¿Tú madre qué opina de que trates de averiguar quienes le mataron?
—Me prohibió un par de veces que lo intentase, que intentase buscarles. Como toda buena madre se preocupa por su hija, y ella no quiere que me pase nada malo. Le asusta la idea de que me maten, sólo de pensarlo le recorre un escalofrío por todo el cuerpo, según ella. Pero como yo estaba tan resentida con quienes se llevaron la vida de mi padre, todo me daba igual. Los iba a buscar costase lo que me costase. Finalmente mi madre se dio por vencida, ya que no le hacía caso respecto al tema de mi padre.
—Por lo menos tu madre sigue viva.
—Y...¿No tienes más familiares?
—No les conozco y no sé siquiera donde están.
—Es extraño que no tratasen de contactar contigo. Quizás tengan miedo de relacionarse contigo, ya que te están buscando para matarte.
—De ser así serían realmente cobardes. Pero me da igual, no les conozco, por lo tanto no tengo sentimientos hacia ellos.
—Cambiando de tema...¿Por qué la otra noche, en la que te dispararon, hubo un momento en que parecía que ibas a besarme? es una pregunta que siempre quise saber la respuesta. No me la diste.
Nathan apartó la mirada. No sabía como responder aquello. ¿Qué diría?; "Porque quise hacerlo", "Porque quería besarte", "No lo sé"...
Sin conseguir la respuesta adecuada, los segundos se le hacían eternos e incómodos. Finalmente contestó.
—Estaba jugando contigo. Hice como que te iba a dar un beso pero finalmente te lo di en la mejilla. Ya te dije que me encanta picarte y ver la cara que se te queda. "Creo que esa respuesta ha estado bastante bien." pensó para sí.
—Pues la próxima vez que trates de besarme o jugar conmigo de esa sucia manera, te vas a llevar una buena hostia en la cara y con un cabreo por mi parte. A mi los cabreos me pueden durar horas. ¿Te ha quedado claro?—El tono de voz de Scarlett comenzaba a sonar realmente frío. Ella comenzó a andar en pasos largos dejando a Nathan atrás.
¡Mierda!, maldijo éste para sí, joder, ni siquiera sé porque hice aquello, simplemente...¡Joder, no lo sé!
Nathan la siguió detrás.
—¡Oye! ¿Te has cabreado?
—No me he cabreado, estoy molesta. No deberías jugar así con las personas, bueno, más bien con las chicas.
—Con la única chica con la que juego es contigo.
—¡Oh, vaya!—dijo con ironía.—¿Debería tomarlo como un cumplido?
—Pues sí.
Ella le lanzó una mirada como si quisiera asesinarlo en ése instante.
—¡Vale! ¡Lo siento! no volverá a pasar.
—Estás perdonado.
—Pero si pienso picarte de vez en cuando.—Alzó ambas cejas sonriendo.
Scarlett puso los ojos en blanco. Aquella conversación no llegaba a mucho. Él le acompañó hasta su apartamento, a pesar de que estaba lejos, pero no le importaba. Le venía bien caminar esa noche.
Al llegar se despidió de ella con un cálido abrazo, eso ha ella le sorprendió. Aunque fuese una despedida, éste le abrazo por primera vez y no fue ella quién lo hizo. Una sonrisa tonta se dibujó en los labios de ella.
—Hasta mañana, pelirroja.
—Te he dicho que no me llames así. Para algo tengo un nombre.—frunció el ceño.
—Qué guapa estás cuando frunces el ceño.
Ella acto seguido, ruborizada se metió en el edificio. Antes de cerrar la puerta de entrada alzó la voz y dijo:
—¡Odio cuando haces eso!
—Sé que te encanta.—sonrió picaramente.—Por cierto... Eres muy valiente. Estás intentando buscar a quienes asesinaron a tu padre con las consecuencias que conlleva eso. Puede pasarte algo malo. Cuando hace un momento llegué a la estación de metro, vi tu cara frente a aquellos Ángeles, no parecías asustada, de hecho luchaste conmigo, con nosotros. Eres valiente y fuerte, y es algo que admiro de ti. Se podría decir que incluso llevas escrito en la frente: "No me da miedo morir."
—Realmente no estaba asustada por lo que me pasase en el metro. Incluso empecé a discutir con el supuesto líder de ese grupo. Pero gracias por verme de esa manera, aunque yo no me vea valiente y fuerte. También puedo llegar a ser realmente...débil.
—A mi no me parece que seas débil; Si fueses realmente débil no hubieses luchado con nosotros, y tampoco me habrías enseñado a luchar a mi, a sacar mis poderes. Joder, Scarlett, no digas tonterías. Jamás vi a una chica tan valiente como tú. Y por encima de todo humana.
—Supongo que gracias.—dijo con una pequeña sonrisa.—Pero a ti tampoco parece que te de miedo morir.
—No lo parece, no le tengo miedo a la muerte. Venga, sube a tu apartamento, no te entretengo más.
—De acuerdo. Hasta mañana, Nathan.
Cuando Scarlett se metió en su apartamento, Nathan se quedó parado unos segundos. Soltó una pequeña risa recordando como hacía apenas unos segundos las mejillas de Scarlett estaban rosadas. A veces es como una niña pequeña, pensó, su forma de ruborizarse, su forma de enfadarse...No sé, tiene algo que me resulta realmente atrayente. Ella en sí es bonita, pero su carácter y personalidad la hace más bonita aún.
Cuando Nathan iba dispuesto a marcharse, algo le detuvo en seco: El sonido cuando disparas y haces una foto. Le habían echado una foto, ese sonido sonaba de cerca, y el flash de la cámara apuntaba a él.
¿Pero que coño ha sido eso? se preguntó para si. Empezó a mirar a ambos lados, intentó buscar con la mirada a aquel individuo que le había sacado una foto. Pero allí no había nadie, como si se hubiese desvanecido en el acto. ¿Cómo es posible? si hubiese sido una persona estaría de frente,  de lejos o escondida.
Nathan comenzó mirar detrás de los coches aparcados, el hecho de que le hubiesen sacado una foto no le agradaba para nada. ¿Quién querría una fotografía de él? ¿Cómo es posible que allí no hubiese nadie?
Ni si quiera detrás de los coches había una persona. Sin encontrar solución alguna, dejó pasar lo ocurrido.

Se dirigía a su apartamento. Como iba algo pensativo mientras caminaba, sin querer chocó con el hombro de una persona. Se giró para disculparse y se encontró con la cara de Blake.
—Tokyo tan grande y tú tienes que estar por esta zona.—dijo al ver que era Blake con la persona que se había chocado.
—No tengo ganas de perder mi tiempo ahora contigo.
—Llevas ya tiempo perdiendo tu tiempo conmigo.
—Me largo.—dio varios pasos cuando Nathan le paró en seco al hablar.
— Por cierto, ¿qué es lo que te traes tú con Natsuki? te vi como te quedabas con ella en la estación de metro.
Blake se giró para mirarle.
—¿Qué te hace pensar que me traigo algo con ella? y además, ¿a ti que más te da? métete en tus propios asuntos y a mi déjame en paz. Odio que se metan en mis asuntos gente que no es de su incumbencia.
—No, si a mi me da igual lo que hagas.—éste se acercó más a él y le susurró en voz baja.—Puede que conozcas a Natsuki antes que yo, quizás de tu pasado. Pero espero que no te traigas lo que yo sé con ella, o serás tú quién acabe incumpliendo una regla. Quizás empiecen a buscarte a ti también, Blake.—sonrió guiñándole un ojo. Nathan se giró para marchase.
—¡No me guiñes un ojo, eso es muy gay!
—Sabes la razón por la cual te lo guiño.—dijo de espaldas soltando una carcajada.
—¿Sabes qué? ¡piensa lo que te de la gana! ¡Y que sepas que estás muy confundido!—exclamó tratando de que lo oyese.
—Creo que es la conversación más divertida que he tenido con éste estúpido.—dijo para sí en un susurro.

Le resultaba bastante curioso lo que Blake se tramaba con Natsuki. Aunque él dijese que Nathan estaba confundido, quizás el único confundido fuese él. Creo que yo también tengo derecho a investigar sobre Blake, se dijo, ya que él hace lo mismo conmigo. Éste tema realmente me ha llegado a interesar: He llegado a sospechado algo de Blake la noche anterior en la que me pegó el tiro en el hombro, y al ver a Natsuki salió corriendo por patas. Pensé que simplemente huyó, pero conociéndolo no hubiese huido si Natsuki no hubiese interrumpido. Creo que ya tengo un tema bastante interesante del que investigar sobre éste capullo.
Mientras se dirigía a su apartamento, de nuevo volvió a ocurrir una cosa bastante extraña para él: Una chica, rubia, de unos diecipocos años, de origen asiático estaba impidiendo su paso. Ambos a escasos metros se estaban mirando. ¿Y ahora que coño pasa? se preguntó para si sin dejar de observar a aquella chica. La chica empezó a dibujar una sonrisa de medio lado con el ceño fruncido. Esa sonrisa parecía realmente malévola.
Nathan no le dio más importancia y comenzó de nuevo a caminar. Intentó cruzar, pero aquella chica se le cruzaba de nuevo en frente. Hizo lo mismo pero ésta vez a la izquierda, y ella se lo impidió de nuevo. Nathan soltó un suspiro, no tenía ganas de jugar con aquella extraña que no la conocía de nada. Empezó a hablar en japonés.
—"Oye, no tengo ganas de jugar a lo que sea que estés jugando. Déjame pasar."
—"Eres divertido."—respondió ella.
—"No sé donde me ves que sea divertido. Déjame pasar, maldita sea."
—"¿Tienes prisa?"—preguntó alzando una ceja.
—"Quiero irme a casa."—respondió seriamente.
—"Qué pena. En fin...Nos vemos, Nathan."
Ella se apartó de su camino y comenzó a andar.
—¡Oye, tú!—Le gritó antes de que se fuese. Ésta vez no le habló en japonés.—¿De qué me conoces? ¿Quién eres? sé que hablas mi idioma, no te hagas la tonta.
—"Lo siento, no puedo entenderte."—dijo ella en japonés, girándose de nuevo con una sonrisa juguetona en su rostro. Sin decir nada más, se perdió entre la multitud de gente. Nathan intentó buscarla con la mirada, pero ya no la veía.
—Ésta tía me tomaba por imbécil, vamos.—murmuró.—En fin...menuda nochecita me están dando.

A la mañana siguiente tempranamente la chica rubia que Nathan vio la noche anterior, estaba parada enfrente del edificio en que éste vivía. La chica sonrió con malicia. ¿Quién era esa chica? ¿Por qué estaba persiguiendo a Nathan? ¿Era uno de ellos?
Una anciana del edificio salió por la puerta, ella sujetó la puerta para que no la cerrase, le dio las gracias amablemente y entró. Se metió en el ascensor y pulsó el 3º botón. Sabía perfectamente dónde vivía. Al llegar observó el largo pasillo.
Se escondió rápidamente detrás de la pared en la que se subía a la otra planta: Kyle salía del apartamento de Nathan, no hace mucho que entró para hablar con él. Una maldita casualidad lo que pasaría a continuación y una verdadera suerte para ella: Kyle había entrado con la llave escondida del apartamento. Volvió a esconder la llave en su respectivo lugar. Ella se quedó observando de reojo.
Cuando Kyle se marchó del edificio, ella cogió la llave escondida y la miró fijamente. Sonrió para si misma.
Entró con cuidado en el apartamento, sin provocar ningún tipo de ruido. Se escuchaba el agua caer de la ducha, parece ser que Nathan se estaba duchando.
—Menuda suerte tengo hoy.—musitó para si.
Cerró la puerta de entrada con cuidado y se dirigió al salón. La chica estaba buscando el móvil de Nathan, Primeramente ella se quedó observando su apartamento. Echó un vistazo a los cuadros: Vio el cuadro que Nathan pintó de sus padres. El rostro de ella se volvió serio y algo aterrador.
—Oh, pobrecitos.—dijo con ironía.
Volvió a sus sentidos y empezó a buscar el móvil antes de que éste saliese de la ducha. Ella observó la mesita del salón: Al lado había un cenicero con un cigarillo consumido y al otro lado el móvil.  El muy tonto se ha dejado el móvil aquí, pensó, pensé que lo tendría más complicado.
Cogió el móvil y sonrió con malicia a lo que iba a hacer a continuación: Entre los contactos de Nathan, buscó el de Scarlett y le envió un mensaje de texto.
"¿Puedes venir a mi apartamento? tengo que contarte una cosa realmente importante." ella respondió al cabo de segundos y dijo: "Sí, voy."
—Como un perrito.—pensó ella.
La chica se sentó cómodamente en el sofá. Quería un poco de diversión, quería divertirse con Scarlett.
Tras diez minutos pasados, y Nathan aún en la ducha, Scarlett llamó al apartamento. La chica rubia se quitó la chaqueta, los zapatos, el pantalón, quedándose en ropa interior menos la parte de arriba. Se despeinó el cabello con sus manos. Se le escapó una pequeña risa antes de abrir la puerta, se imaginaba la cara que iba a tener. Abrió la puerta y Scarlett su rostro se volvió seriamente serio, observaba a aquella chica, en ropa interior y totalmente despeinada. Sin quererlo a ella le dio un vuelco el corazón.
—¿Quién eres?—dijo la chica rubia con un tono serio.
—Yo...Nathan me ha...—balbuceó.
—¿Puedes venir luego? estamos ocupados. ¡Adiós, preciosa!
Acto seguido ella le cerró la puerta en sus narices. Scarlett sin habla se quedó parada en frente de la puerta. Estaba alucinando. Ella se llevó una mano al pecho, colocándosela en el corazón. La mirada de ella estaba perdida, hundida en lo que había pasado, imaginándose en lo que estaba pasando.
No entiendo porque me duele, se dijo, no entiendo porqué noto que mi corazón va a salir en cualquier momento. Noto un nudo en la garganta, y siento dolor en el pecho. Él y yo no somos nada. Puede acostarse con todas las chicas que le de la gana, pero, ¿porqué me duele?
Scarlett se marchó del edificio. La chica rubia intentó no soltar una fuerte carcajada. Nathan, que salió del cuarto de baño con una toalla al rededor de su cintura, se dirigió al salón a coger su móvil y se encontró con aquella figura femenina que vio la otra noche. Quedó algo asombrado, ya que estaba en ropa interior como si ésta fuese su casa o a saber.
—¡Pero bueno! ¡¿Quién eres tú?!—le dijo con el ceño fruncido.—¿Eres una de esas acosadoras?—Nathan al fijarse mejor en la chica, se acordó que era la misma chica que se encontró a noche mientras caminaba.
La chica echó una mirada de arriba abajo a éste, ya que estaba desnudo si no fuese por esa toalla que le cubría. Se mordió el labio picaramente.
—Sabía que hablabas mi idioma, chica.—sonrió de lado.
—Quería divertirme un poco.
—¿Eres una señorita de la noche?
—¿Una qué?
—Una puta.
—¡No!—exclamó.
—¿Y que coño haces así?—dijo observando que estaba en ropa interior.
—Oh, pues, una chica de cabello rojo ha venido a tu apartamento y le he echo creer que nos hemos acostado.
—¿¡Qué qué?!—exclamó.
—Ha puesto una cara que parecía un cuadro.
—¡Maldita idiota!
Nathan se dirigió a coger su móvil para llamar a Scarlett y aclarar el mal entendido. Pero la chica agarró el móvil y se lo metió en la parte de su sujetador. Nathan se paró en seco en frente de ella.
—Si lo quieres, cógelo.
Nathan lo cogió sin pensarlo dos veces, eso a ella le sorprendió.
—Y ahora vete.
La chica lo empujó fuertemente contra el suelo. Por la fuerza que tenía Nathan dedujo que no era humana, sino una de ellos. La chica se tumbó encima de él.
—Me llamo Akane.
—¿Y a mi qué?
—¡Oh, por Dios!—exclamó.—¿Por qué eres así? me han encargado que te llevase conmigo al mundo de los Ángeles, pero cuando he visto como eres me ha sorprendido. Eres tan...—le acarició el pecho bajando hasta la toalla. Nathan le paró la mano y se la presionó fuertemente.
—Cuidadito con lo que haces.
—Vamos, quítate esa toalla.
—Vaya, vaya, una chica Ángel que está deseando tener sexo conmigo. Menuda novedad.
—Deberían haberme informado mejor de como eras. Pero créeme, sí que quiero matarte, de hecho, estoy deseando verte ahogado en tu propia sangre, pero eres jodidamente sexy. No voy a negártelo.
—¿Eso no te pondría en problemas? pensar así de mi de esa manera. 
—Me da igual. Nadie va a enterarse. 
—Pues como no te apartes de mi si que pueden enterarse y meterte en problemas, pequeña. Además, tengo demasiado rencor con los Ángeles.
Ella mosqueada se quitó de encima de él. 
—De pequeña no tengo nada. ¿Acaso no soy tu tipo?
—Nop.—respondió con una sonrisa.—Y hazme el favor de largarte de mi puto apartamento.
Ella frunció el ceño, se dirigió a la puerta de entrada, pero antes de irse se volteó y dijo amenazante:
—Por cierto: No me amenaces, o te daré en uno de tus puntos débiles. 
—¿Puntos débiles? yo no tengo de eso.
—Oh, sí, sí que lo tienes.—sonrió con malicia.—No voy a matarte ahora, voy a dejarte con vida, pero no me iré. Voy a quedarme y a divertirme un poco en ésta interesante y divertida ciudad. ¡Ah! se me olvidada...Toma, he entrado a tu apartamento con ésta llave.—se la lanzó y Nathan la cogió al vuelo.
—Creo que tengo que cambiar la llave de su escondite.
—Nos vemos, Nephilim.
La chica se marchó, él agarró de nuevo su móvil y tecleó a Scarlett. Parece ser que tardaba demasiado en contestar, o no quería hacerlo. Le dejó varias llamadas perdidas, unas trece para ser exactos. Nathan se dio por rendido ya que no conseguía que cogiese el móvil. 

A la noche siguiente, Nathan estaba en su apartamento, mirando las agujas del reloj continuamente. Eran las ocho y media, poco darían las nueve e iría al mundo de los Demonios. Éste se sentía bastante nervioso. Es normal, era la primera vez que visitaría aquél curioso mundo. Se preguntaba quién sería el Demonio que querría hablar con él, tenía curiosidad e intriga.  ¿Y como será aquel dichoso mundo? se preguntaba a si mismo, ¿Será el cielo rojo? ¿Me matarán? ¿Será una trampa? ¿De verdad hay alguien que quiere hablar conmigo? no lo creo. Maldita sea, odio ponerme nervioso. Éste sacó un cigarrillo.
Por como se movían los dedos de sus manos, se podía apreciar que estaba realmente nervioso. Le surgían todo tipo de pensamientos, todo tipo de preguntas. No veía la hora de que llegasen las nueve. Se preguntaba como haría Natsuki para ir al mundo de los demonios, era una pregunta que le intrigaba bastante. Volvió a mirar el reloj, eran las menos cuarto. "Ya queda menos." pensó.
Natsuki le envió un mensaje de texto, decía:
"Ven al apartamento de Scarlett, allí podré llevarte al mundo de los Demonios."
Apagó el cigarro en el cenicero, cogió su cazadora y marchó al apartamento de Scarlett.

Al llegar, Natsuki le abrió la puerta. Ella le guió a su habitación. Parece ser que Scarlett no estaba en su apartamento.
Natsuki tenía un objeto redondeado bastante curioso colgado en la pared de su habitación: El curioso objeto tenía una cruz en el medio. Se preguntaba que hacía Natsuki con un objeto religioso en su habitación. Natsuki se dirigió a la piedra e hizo un gesto a Nathan para que se acercase.
—¿Dónde está Scarlett? me gustaría hablar con ella.
—No lo sé, no la veo desde ésta mañana. Pensé que fue a tu apartamento.
—Y vino...¿Para que sirve ésto?—preguntó observando la piedra de curiosa que tenía Natsuki.
—Ya lo verás.
Natsuki se quedó mirando la piedra fijamente, al cabo de segundos cerró los ojos. Nathan se preguntaba que hacía. Al parecer tenía relación con ir al mundo de los Demonios. Ella abrió los ojos: sus ojos estaban completamente negros, sin pupilas, su rostro bastante serio. Comenzó a hablar en otro idioma:
—"Infernus, mundus, aperi ostium"
—¿Eso era...Latín?
La piedra con la cruz se giró rápidamente, ahora la cruz estaba invertida.
Una masa negra se abrió frente a ellos: Como si fuese un tipo de portal. Éste asombrado echó un paso hacia atrás. Natsuki volvió a sus sentidos y colocó una amigable sonrisa en su rostro.
—Entremos.—dijo.
—¿Y ésto es seguro? ¿Ésto nos llevará allí?
—Sí, es seguro. ¿Tienes miedo?
—No, no es miedo. He visto cosas peores a lo largo de los años.
Nathan soltó un suspiro, y asintió con la cabeza mirando a Natsuki. Ambos entraron a ese curioso portal.

Al llegar al mundo de los Demonios, Natsuki y Nathan salieron del portal y acto seguido el portal se cerró. Quedó observando aquel mundo: A diferencia del mundo de los humanos, el mundo de los demonios el cielo era rojo bastante oscuro, un rojo sangre. No me ha acorralado nadie, tampoco me están matando, pensó observando aquellos demonios. Lo único que he acertado es que sólo el cielo es rojo sangre. Era un mundo bastante curioso y extraño. Unas pequeña risa juguetona se oyó en el cielo rojo, alzó la vista y pudo ver a una Demonia volando con sus negras alas, otro Demonio le seguía detrás, como si ambos se divirtiesen pillándose el uno al otro, jugando.
Los edificios eran bastante normales, algunos bastante tétricos, había Demonios por todas partes, y bastante Demonias atractivas paseaban por la zona. Una Demonia se acercó a él, ésta le acarició la mejilla, e hizo un sonido con su voz, bastante aterrador para Nathan, ese sonido era de seducción. Aquella Demonia le olisqueó por unos instantes, deslizó su lengua por sus labios y se marchó.
—Bienvenido al mundo de los Demonios—dijo Natsuki con una pequeña risa, observando la cara de asombro de Nathan.
—¿E-Esto es el mundo vuestro?—preguntó con un pequeño tartamudeo.—Cualquiera que venga aquí es un sueño, vamos.
—No te creas, es muy diferente a un humano, que a un Nephilim. Ellos saben quién eres. Si fueses humano ya habrías sido maltratado. Hubiesen jugado brutalmente contigo y sadicamente. Te "comerían" por así llamarlo. Pero no eres humano, eres el famoso Nephilim del que todos hablan. Eres muy famoso aquí también.  No para todos es un sueño estar aquí.
Las Demonias se quedaban mirando fijamente a Nathan, analizándolo con la mirada, comiéndole, saboreandole. Tanta mirada le ponía incomodo, pero eso eran algo más que miradas: Esas Demonias parecían que estuviesen cachondas perdidas con su presencia.
—Más de una le gustaría practicar el sexo ahora mismo contigo.—dijo Natsuki,
—Más de una me está follando con la mirada. Vamos a buscar a quien estemos buscando.—comenzó a caminar.
—De acuerdo.
—Por cierto, ¿a quién buscamos? ¿Al famoso diablo de cuernos rojos y un tridente?
Natsuki soltó una carcajada.
—¿En serio crees que el Demonio va por ahí con cuernos rojos y un tridente?
—Es como lo dibujan.
—El Demonio puede ser perfectamente una niña pequeña de aspecto inocente. El Demonio se viste de todo lo que tu quieras, o bien puede ser una niña, o un cuervo.
—¿Un...Un cuervo?—Recordó a su amigable cuervo, quién le ha salvado en más de una ocasión.
—No, no ese "cuervo".
—Oh, menos mal.  Y...¿Entonces, es él? ¿Buscamos al Diablo?
—No.

Natsuki le guió hasta donde se encontraba aquel Demonio, habitualmente.
Entraron a un club, donde la gente se lo estaban pasando en grande, más que bailar parecían que se estaban restregando. Se besaban algunos Demonios con algunas Demonias de manera que parecían que se iban a follar ahí mismo. Nathan estaba alucinando, ya que incluso en el mundo de los Demonios tenían locales, club, y todo tipo de cosas, sólo que en ese local no eran humanos, y en vez de bebidas parecían que bebían sangre, eso a Nathan le resultó asqueroso. En  los altavoces de local sonaba The Pretty Reckless-Going To Hell. Curiosa canción, para el mundo en el que estoy, pensó. Por lo menos escuchan buena música, se dijo para si.
Algunas Demonias lanzaba miradas seductoras hacia Nathan, éste ya estaba acostumbrado a eso, por muy egocéntrico que suene. El club era bastante grande, y con tantos Demonios bailando e intentado pasar parecía imposible. Cuando por fin se podía lograr ver algo, Nathan observó una figura masculina sentada en un sofá. Algunas Demonias le rodeaban, como si quisiesen algo de él. Al parecer Natsuki le estaba guiando hacia esa figura masculina. Cuando por fin llegaron hasta él, Nathan le observó fijamente. "Siento como si le conociese" se dijo para si.
La verdad era un hombre putamente atractivo. Llevaba traje con corbata, el pelo peinado hacia atrás, todo muy formal, y se apreciaba un poco de barba y perilla. Por su edad tendría unos treinta y pocos.
Cuando el hombre alzó la vista y vio a Natsuki y al lado de ella al famoso Nephilim, se levantó inmediatamente. Éste con un gesto de dedos apagó toda la música del local. Todos los Demonios se quedaron observando que pasaba. Ese Demonio parecía realmente importante en su mundo, ¿quién era?
 Éste le hizo un gesto con su dedo índice para que se acercase, pero Nathan dudo bastante en ir.
—Ve, no pasa nada.—murmuró Natsuki.
Nathan asintió y fue. Aquél hombre le analizó con la mirada, le miró de arriba abajo.
—¡Como has crecido!—exclamó.
—¿Eh...?
—¡Mírate! ¡Estás hecho todo un hombre! hablemos en un lugar más privado. Seguidme.
Éste volvió a encender la música del local. Natsuki y Nathan le siguieron detrás. Les llevaba a una especie de despacho. Cuando entraron éste se dirigió a servirse una bebida bastante extraña: parecía sangre y era espesa.
—¿Quieres tomarte algo?—preguntó amablemente.
—No...gracias.—dijo observando con asco lo que se estaba bebiendo.—¿Y tú eres...?
Éste soltó una risa.
—Te preguntarás porqué soy tan amable contigo, ¿no? en realidad son muchas cosas las que tengo que ponerte al día...o la noche. Para empezar, ésta hermosa Demonia que tenemos aquí la envié yo a conocerte.
—Eso lo sé, me lo ha contado.
—Conocía a tu madre, hermosa mujer, por cierto.—le dió un sorbo a su bebida.—Iba a matar a tu madre cuando descubrí que estaba enamorada de un Ángel. Más que matar, iba a provocarle una muerte muy dolorosa, pero no la maté.
—¿Por qué?
—Porque se me adelantaron los Ángeles. De todas formas, a mi me costaba demasiado encargarme de su muerte.
—Oh vaya, pensé que dirías algo como, "sentí pena por ella"—dijo frunciendo el ceño.
—Déjame contarte más, chico.—rió.—Ayla no me dijo nunca que estaba embarazada de ti. Un nueva raza venía encamino. La primera vez que te vi, habías matado tú a algunos de los Ángeles que habían asesinado a tus padres. Vi tu fuerza, una fuerza realmente poderosa, unos poderes que jamás vi, unos ojos como los tuyos realmente especiales. Estabas cubierto de sangre, y jadeabas tras haber derrochado tanto poder, luego te desmallaste. Era la primera vez que me encargaba yo mismo de ir al mundo de los humanos, normalmente envío a algunos de mis Demonios, pero esa vez me tocaba a mi, tenía que verlo con mis propios ojos. Al ver a un nephilim por primera vez, yo mismo, pensé: "Debo matarlo, es una nueva raza, sus padres incumplieron las normas, no debió haber nacido." pero no te maté en ese mismo instante: un hombre entró en la casa en la que vivías, era un Ángel. Al verme se paró en seco, por supuesto sabía quién era. Pero le dije: "Llevatelo" eso le sorprendió bastante que incluso se quedó anonadado.
—El padre de Scarlett...—murmuró.
—Mataron a ese Ángel, por ayudarte. Sé que tu huiste cuando viste a ese Ángel que no conocías de nada. Estabas solo, no sabías que hacer, a donde ir. Te encontré sentado en un banco. Me costó bastante iniciar conversación con el chico nephilim, porque supuestamente tenía que matarte. Comenzaste a llorar. Mi presencia te asustaba, cualquier cosa te asustaba. La gente te miraba por ir cubierto de sangre. Así que te lleve conmigo. Pero, eh, no te confundas, que te ayudase no significa que sea un buenazo. Tengo más maldad de lo que tu crees.
—¿Por qué lo hiciste?
—Porque quería investigar esos poderes desconocidos para mi. Quería investigar sobre ti, tenía curiosidad. Sé que no lo recuerdas, porque probablemente tu mente hizo que lo borrases, pero yo te llevé a Japón. Yo cuidé de ti, yo te críe. Como si fuese tu jodido padre.
Nathan asombrado sin habla no supo que decir.
—Yo no tenía ninguna intención de llevarte conmigo, ni de cuidarte, ni de nada. Tenía planeado matarte en un futuro, pero tú empezaste a encariñarte conmigo, y yo empecé a volverme menos Demonio. Por muy gracioso que suene, te crié como si fueses mi hijo. Y sólo porque tenía curiosidad por un maldito nephilim. Incluso me asombraba a mi mismo el hecho de poder encariñarme contigo. Que te tenga un cierto cariño, no significa que tenga buen "corazón" simplemente te ayudé. Tengo que mostrarte a alguien que quizás reconozcas.
En ese preciso instante un hombre, de unos cuarenta y pocos entró por la puerta. Nathan volteó la cabeza para mirarle, volvió a asombrarse bastante y abrió los ojos como platos.
—No puede ser...
—Has crecido mucho, chaval.
—¡El hombre del puesto de Ramén! ¡Tú me conseguiste el trabajo!—exclamó.
—Sí, exacto. Soy un Demonio, y me mandaron a protegerte. Irónico, ¿verdad? Demonios ayudándote.
—Ahora bien,—volvió a hablar de nuevo.—en el mundo de los Ángeles estás bien jodido. El hecho de que yo te criase, me asusta hasta a mi. Me da rabia decirte esto, pero... te envidio con esos poderes.
—Vale, vale...—comenzó a decir Nathan.—Tú me criaste, éste me consiguió el trabajo, ¿ahora qué? ¿Me adoptas como hijo o qué?
—¡Ni de coña! ahora tienes que luchar para que dejen de poner precio a tu cabeza. Tienes que derramar sangre.
—Pero si apenas sé controlar mis poderes. ¿Voy a luchar yo solo?
—Les tienes a ellos. A tus amigos.
—¿Y te tengo a ti?
—Puede que si o puede que no.—sonrió.—Lo único que tienes que hacer es hacer que quiten la regla, la regla de enamorarse entre un Ángel y un Demonio. Hace tiempo que se quitó esa regla aquí, por eso ninguno de nosotros te está buscando.
—¿Por qué tú lo permites?
—Porque yo mismo incumplí la regla. Los Demonios también pueden enamorarse. Y por último...Tu amiguito el cuervo te lo envié yo. Lo envié para protegerte, pero al parecer éste se ha encariñado contigo. Tengo demasiadas cosas que contarte aún, chico.
—Entonces tú... ¿Quién eres?
—Soy el hermano de tu madre. Soy tu tío, Nathan. Puedes llamarme Kaiser.—él hombre le brindó una cálida sonrisa.

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4 comentarios:

  1. Me encanta
    Eres una gran escritora
    Pero.... Solo hay una cosaqe no ne gusta es el tiempo qe tardas en subir un capitilo aunqe al final son largos (en mi opinion podrian ser mas cortos y tardar menos tiempo en subir el sigiente)
    Pero tu eres la escritora asi que tu decides
    Aun asi me encanta como escribes un beso
    Y espero el sigiente

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    1. Hola querido Anónimo.

      Respecto al tema de hacer los capítulos más cortos... No me gustaría hacer los capítulos demasiado cortos, sin apenas acción alguna y por encima "cortos". Sé que tardo en publicar capítulos, pero la inspiración a veces te viene cuando menos te lo esperas. Prefiero escribir, estar realmente inspirada y que me salga un buen capítulo, a escribir sin estar nada inspirada y que me salga caca de capítulo. Yo sin embargo, prefiero leer un capítulo largo, con buena acción y todo tipo de cosas, a un capítulo corto que te quedas con ganas de más. Intentaré subir el próximo capítulo más prontito.

      Un beso.

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  2. Tealmente me has dejado con la boca abierta, no mr rsperaba rsr ginal O.o simplemente geniaal, aunq ofio a ess rubita >_>
    Burn capi espero el siguiente ;)
    Besos

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    1. Aunque me haya costado entender lo que has escrito, porque estás desde el móvil, me alegras siempre con tus comentarios. <3 Ya te extrañaba por aquí.

      Un besazo!

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