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Granada, Granada, Spain
Empezaría diciendo que todo lo que escribo lo hago con papel y una pluma, pero mentiría. Una de mis mayores aficiones es escribir, yo lo llamaría como una especie de "escape" donde eres libremente de escribir lo que te plazca, ya sea hundirte en tus pensamientos o tan solo con deslizar tus dedos sobre el teclado comienzas a adentrarte en un mundo donde tu decides que sucede a cada instante y a cada segundo. ¿Maravilloso, verdad? No escribo para nadie, escribo para mi misma. Lo que nunca imaginé fue ver a toda esta gente leyéndome. Soy otra marioneta que ansia la libertad en esta sociedad manipuladora. Nunca permitas, por nada del mundo, que la sociedad te convierta en una persona quien no eres. Seamos libres de ser quien cojones queramos ser. Porque no hay nada más maravilloso que ser uno mismo y no como querrían que fueses. Amo la lluvia, los días de tormenta, amo el chocolate, también un buen café con leche en las tardes de invierno. Si has llegado hasta mi blog, bienvenidos pequeños mortales, si deseas quedarte será todo un placer, siempre serán bienvenidos aquí y si deseas marcharte, que así sea. ¿Te introduces en mi cuento de princesa inmortal?
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"En la vida es imposible sufrir, pero el hecho de arriesgarse por la persona a la que amas, hace que el dolor, merezca la pena."

martes, 18 de febrero de 2014

Entre cielo e infierno. Capítulo 10: El notición de Kaiser.



Nathan corría hacia ellas con cara de preocupación, Scarlett sorprendida le miraba. El hecho de que él se preocupase por ella le sorprendía un poco. Recordó las palabras de aquella Ángel, Akane, la chica rubia que anteriormente se había esfumado, huido. "Tú eres uno de los puntos débiles de Nathan, quizá seas el mayor punto débil...", recordó. No se podría creer que eso fuese verdad.
Es imposible que yo sea uno de sus puntos débiles, se dijo para si con incredulidad, ¿cómo voy a ser yo uno de sus puntos débiles? ¿Qué significo para él? es evidente que sólo es amistad. Quizás sea una fuerte amistad, me considere una de sus mejores amigas, pero para eso ya está Kyle. No, es imposible que yo sea uno de sus puntos débiles, aquella zorra no sabe lo que dice, recordó a Akane.
Además de desconfiada y reservada, Scarlett era una persona que no se creía lo que decían a no ser que viese hechos. Era imposible que el chico sintiese debilidad por ella, ¿o quizás si era posible?.
Nathan se puso de cuclillas y las observó mirando si estaban heridas.

—No te preocupes, yo estoy bien.—aseguró Natsuki. Tenía sangre en el muslo de la pierna, y sus pantalones estaban rajados por un corte. Pero no había herida alguna. Una de las cosas buenas de ser demonio es que las heridas cicatrizan. Pero, por ejemplo, si hablamos de apuñalar su corazón, moriría.
—¿Tú estás bien?—preguntó él a Scarlett. Algunos mechones de ella tapaban su frente, pudo observar una mancha debajo de ese mechón. Él se lo apartó y tocó su frente. Tenía una herida tras haber sido golpeada anteriormente con una pared. No era profunda, pero sí tenía pinta de doler. Ella soltó un pequeño quejido, ya que sus dedos rozaron la herida.—¿Quién ha sido?—preguntó apreciando en su tono de voz enfado.
—Una Ángel, no sé como se llama, pero es rubia.—respondió Scarlett.
—Akane...—musitó. Nathan la recordó. Recordó como esa mañana se había colado en su apartamento y le había hecho creer a Scarlett que se acostaron juntos. Pero eso era lo de menos, recordó una frase que dijo ella antes de marcharse de su apartamento: "Por cierto, no me amenaces, o te daré en uno de tus puntos débiles..." Con que a eso se refería, pensó echándole una mirada a la pelirroja. Honestamente cuando el cuervo a venido a mi apartamento y me trataba de decir que ella estaba en apuros, casi me da algo cuando lo entendí al fin, pero, ¿tanto como mi punto débil?  ¿Puede ser ella mi punto débil?
—¿Por qué me miras así?—preguntó Scarlett.
—¿Eh? perdona...—apartó la mirada. Nathan observó el cielo, observó algunos de los postes donde podía estar el cuervo, pero no estaba. Hace un momento estaba volando por debajo de él, pero ahora parece que se había marchado.—Se ha ido...

—¿Quién?—preguntaron ambas.
—El cuervo. A veces desaparece sin más, y otras aparece cuando menos me lo espero. Me pregunto adonde irá.
—Es un cuervo muy inteligente.—dijo Natsuki.—A mi me avisó de que ella estaba en peligro viniendo a nuestro apartamento y tecleando en el ordenador. Me quedé alucinada. ¿Cómo un cuervo puede ser tan inteligente?
—Los cuervos son inteligentes de por si, pero éste se lleva el record. Creo que mi tío le ha hecho algo para que sea así.
—Espera, ¿tú tío?—preguntó Scarlett.—¿Qué me he perdido?
—¡Oh! es verdad, ¿qué tal con él?—preguntó Natsuki.
—Supongo que bien, se fue a tomarse una birra "en mi honor" y me llamó aburrido por no querer ir con él. Así que todo perfecto.—sonrió.
—Supongo que ya me contarás lo que ha pasado en mi ausencia.—dijo.—Será mejor que nos vayamos a casa.
—¿Te acompaño?
—No, gracias, ya me acompaña Natsuki, total, vivimos juntas.
—De acuerdo.
—Hasta mañana, entonces.
Ambas se levantaron del suelo, ya que anteriormente estaban sentadas. Justo cuando iban decididas a marcharse, éste llamó a Scarlett y ella se volteó para mirarle.
—Respecto a Akane, la chica rubia que casi te mata...Ella y yo no tenemos nada, ella te hizo llamar para hacerte creer aquello.
—Lo sé, además que tú no te acostarías con una Ángel. De todas maneras no tienes que darme explicaciones de nada, no soy tu novia.
—Sólo quería aclarar el malentendido. Te llamé un par de veces, pero no me cogías el móvil.
—Me lo deje en mi apartamento.—mintió.—Hasta mañana.
—Hasta mañana.—se despidió Natsuki con una sonrisa.
Mientras se alejaron de la zona unos cuantos metros, Natsuki le miró a Scarlett, no parecía que estuviese muy bien, se le notaba algo triste.
—Has hecho bien al decirle que no eres su novia, no te preocupes.
—No quería cogerle las llamadas—comenzó a decir—, no quería hablar con él porque me temblaría la voz y parecería una estúpida. Pero ahora sé que fue una mentira, así que ya está, todo está bien.
—¿Seguro que todo está bien? mírate, haces como que no te importa, que ya no te duele, y en el fondo estás sangrando en silencio.
—¡Estoy bien!—exclamó. Natsuki no quiso abrir más el tema, ya que ella comenzaba a molestarse, aunque más bien fingía estar bien cuando no lo estaba. Al cabo de segundos el rostro de Scarlett comenzó a volverse aterrador, como si su propia mirada matase. Ella comenzó a apretar el puño con fuerza.
—Voy a matar a esa zorra.—comenzó a decir.—Voy a matarla sin importar qué. Como si me muero o como si no, pero yo la mato.
—Scarlett...—pronunció preocupada.
—Tengo un dolor de cabeza insoportable, por culpa de esa zorra tengo una herida en la frente,  llega a ser más fuerte el golpe y seguro que me quedo en el sitio.
—Ha huido.
—No, no ha huido, se ha ido por el momento. Como si no supieras lo que va a tardar en venir otra vez y acabar con lo que no ha terminado.
—No quiero que te pase nada malo.
—¡Deja por un momento de preocuparte por mi!—exclamó. Eso a Natsuki la sobresalto, ¿a qué venía este repentino comportamiento de la pelirroja? ah si, la rubia le había calentado lo suficiente.—Deja por un momento de preocuparte por mi.—repitió de nuevo ésta vez más calmada.—Sé lo que tengo que hacer, y como hacerlo, por favor, no intentes pararme.

Nathan, se había quedado aún en el lugar donde había encontrado a Scarlett y Natsuki. Miraba a la nada, parecía pensativo. Con las manos metidas en sus bolsillos soltó un último suspiro y comenzó a caminar.
Justo cuando iba decidido a marcharse un silbido en tono seductor le hizo parar. Se giró hacia atrás de donde provenía aquel silbido, al girarse se encontró con el rostro de Kaiser.

—El que decía que estaba cansado.—dijo Kaiser con un tono burlón.
—Me ha surgido algo.
—¿Te ibas a casa?
—Sí.
—Perfecto, me gustaría enseñarte algo.
—¿El qué?
—Ya lo verás.

Al llegar al apartamento, Nathan se tiró de nuevo en el sofá como lo hizo la última vez. Kaiser quedó observándolo. Ésta vez si parecía cansado, pero en su rostro había algo más que cansancio; parecía algo triste, dolido, pensativo. De vez en cuando soltaba un suspiro, y cuando se suelta suspiros porque si es porque estás triste o enamorado, ¿o quizás ambas cosas?
Nathan cerró los ojos tratando de descansar la vista. Kaiser comenzó a hablar.

—Recibiste un disparo de bala, ¿cierto?
—Sí, ¿cómo lo sabes?—preguntó con los ojos cerrados.
—Me lo contó Natsuki. ¿Puedes levantarte un momento?
—¿Para qué?
—Para mostrarte algo.
—No quiero levantarme.
—¡Levanta, coño!—exclamó haciendo que éste abriese los ojos de golpe y le mirase.
—¡Vale! tampoco hace falta gritar.—Se puso en pie y lo miro.—¿Qué quieres?
—No me tomes en serio a lo que voy a hacer a continuación.
—¿Qué vas a...?
Antes de que Nathan terminase su pregunta, Kaiser le apuñaló con una navaja en el estómago. éste sin entender aquello soltó un quejido, boquiabierto observaba a Kaiser. Por un momento éste se sintió traicionado, por un momento pensó que Kaiser era malo, que le entregaría, que lo mataría como quiso hacerlo hace unos años. Kaiser retiró la navaja clavaba en el estómago de Nathan. Nathan se sentó en el sofá agarrándose la herida. Cuando Nathan iba a preguntar que porque había echo aquello, éste lo interrumpió.
—Esa herida se va a cerrar en cuestión de segundos. No te vas a morir, ni vas a morir desangrado. Todo aquel que intente matarte con pistolas, navajas o cualquier tipo de armas, no te hará herida alguna. Mira, observa, levanta tu camiseta.
Nathan sorprendido se levantó la camiseta y observó como aquella herida se había cerrado. Se tocó levemente donde supuestamente había recibido el navajazo. No le dolía, solo había quedado algo de sangre.
—La única forma en la que si puedes morir es clavándote la navaja en el corazón.  Así que no te asustes si recibes un disparo en el hombro, porque esa herida se cerrará en cuanto te saques la bala. ¿Has observado tú hombro éstos días? échale un vistazo, quítate la venda y observa.
Nathan se quitó la chaqueta y luego la camiseta. Aún tenía el hombro vendado y con todo lo que había estado pasando no había tenido tiempo de mirarlo. Se quitó el vendaje lentamente, sorprendido observó que la herida de bala ya no estaba, ni incluso quedó cicatriz. Todo estaba como si nunca hubiese recibido un disparo.
—¿Cómo has sabido si al clavarme esa navaja no habría consecuencias? ¿Cómo has sabido que no moriría?
—He estado contigo desde que eras un crío. He visto como te has cortado, caído, arañado, como te has roto un brazo, una pierna...¿Cómo crees que no lo sé? ya sabes que tuve que dejarte a una cierta edad porque si no empezarían a buscarme a mi, aún no saben que estoy contigo, pero poco tardarán en saberlo. Ya sabes que en eso me culpo, por ser un cobarde. Pero ahora digamos que estoy aquí.
—No te culpo, en parte lo entiendo. Pero decidiste volver a buscarme cuando ya cumplí una cierta edad y eso te lo agradezco. Estoy aún...flipando, porque no tenía ni idea de ésto.
—Es normal que si recibes un disparo en el hombro el impacto duele, pero una vez que saques la bala, la herida cesará y todo estará perfectamente normal. Hay muchas cosas de ti que desconoces.
—Las desconozco porque no sabes lo que es vivir en el mundo humano y desde pequeño comportarte como uno de ellos. Quieras o no te acostumbras, y acabas olvidándote de como saber utilizar tus poderes si no los utilizas. Lo único que nunca se me olvidó era sacar mis alas, porque de vez en cuando las sacaba en pleno apartamento para ejercitarlas y agitarlas un poco. Ni yo mismo me conozco.
—Te conocerás, yo te ayudaré. Y además, tienes a más gente a tu lado que quiere ayudarte.
—Lo sé.—dijo colocándose la camiseta que anteriormente se había quitado.
—Y dime, ¿se te ha aparecido tu mamá en sueños?
Eso a éste le hizo abrir los ojos como platos. Era cierto que su madre se comunicaba con él a través de los sueños y pensaba que solo le pasaba a él.
—¿Cómo lo sabes?—preguntó sorprendido.
—Porque es la única manera de comunicarse con un ser querido una vez que un Ángel y un Demonio esté muerto.
—¿Mi madre lo ha hecho contigo?
—Sí.
—¿Qué te ha dicho?
—"Gracias, hermano." Cuando la oí llamarme hermano fue... hacía tanto tiempo que no me llamaba de ese modo.
Eso a Nathan le resultó emotivo. Por un momento se contuvo las lágrimas, aparte de que no le gustaba mostrar sus sentimientos ni llorar. Carraspeó y volvió a preguntar.
—¿Por qué mi padre aún no se ha comunicado conmigo?
—Todo a su tiempo, chaval.
—No sé, me parece raro.
Nathan cogió su cazadora, que la había dejado en el sofá. Al agarrarla el móvil de éste cayó en el sofá, pero él no se dio cuenta.
—Yo me voy a la cama, si quieres quédate a dormir en el sofá.
—Sí, gracias, me quedaré ésta noche.
—Hasta mañana.
Éste se metió en el dormitorio y cerró la puerta. Kaiser se sentó en el sofá, notó algo en su trasero así que se levantó y vio el móvil de Nathan. Se quedó pensativo. No sabía si llevárselo, dejarlo ahí, o espiarle un poco.
—Por echarle un vistazo no pierdo nada.—se dijo a si mismo. Se sentó de nuevo en el sofá. Con su dedo indice buscaba las imágenes.—Veamos que imágenes guarras tiene mi sobrino por aquí.
Tecleó en imágenes, con su dedo índice pasaba una tras una. Kaiser las observaba fijamente. Al parecer en las imágenes salía con Kyle, en la mayoría de ellas parecía que ambos se lo pasaban realmente bien. De hecho, había una foto bastante graciosa para los ojos de Kaiser; salía Nathan, mostrando su dedo corazón en signo obsceno hacia a un chico con un sombrero de mafia que estaba a las espaldas de éste. Esa foto se la tomó Kyle. Mientras Kaiser observaba las fotos una tras una, se paró fijamente en una.—¿Quién es ésta chica?—se preguntó para si. En la imagen salía Scarlett, mirando a la cámara seriamente, como si quisiera matar al que le tomó la foto, que evidentemente fue Nathan.—Interesante.—sonrió. Ésta vez miró los mensajes; buscaba si le había enviado alguno a aquella chica que le resultó curiosa. Había un mensaje que no hacía mucho que se lo había enviado. Decía: "¿Por qué no me coges las llamadas? oye, que lo de la chica que te has encontrado en mi apartamento, te ha mentido, ella y yo no somos nada. No me la he follado. No seas tonta, ella es una de ellos."—¡Uh! ¡Esto es mejor que los dramas de hoy en día!
Nathan en ese momento salió de la habitación. Kaiser rápidamente canceló todo lo que estaba haciendo en el móvil y lo dejó en la mesita del salón.
—Se me había olvidado el móvil.—dijo cogiéndolo.
—Ya veo.—le sonrió.—Buenas noches.

A la mañana siguiente, Scarlett como de costumbre, se levantó temprano, pero ésta vez tuvo un motivo; Los nervios la despertaron. Además de que esa noche no pudo dormir bien, el hecho de gritarle a Natsuki y ponerse mal con ella, le sentaba mal. Ella comprendía que se preocupase por ella, pero ya era mayorcita para apañárselas, y cuidarse sin que nadie esté pendiente de ella. No quería que Natsuki se preocupase tanto por ella, a veces incluso parecía su madre, o así lo veía ella. La pelirroja odiaba estar molesta con su mejor amiga, aparte de que la chica no tuvo la culpa de nada.
Se incorporó en la cama, se colocó alguno de los mechones de su pelo tras su oreja y soltó un suspiro.
—Qué mierda.—maldijo levantándose de la cama y saliendo de la habitación.
Se dirigió a la habitación de Natsuki. Tocó con dos suaves golpecitos.
—Natsuki, ¿estás despierta?
La chica no respondía. Ella tocó de nuevo con dos golpes pero aún así no contestó. Decidió abrir la puerta y en la habitación no se encontraba Natsuki. Su cama estaba deshecha. Scarlett sin poder hablar con ella, salió de la habitación y cerró la puerta. Se preguntaba donde habría ido.
Ni siquiera pudo hablar con ella a noche porque se fue directa a la cama sin decir una palabra. Scarlett se dirigió a su habitación, iba a coger el móvil y llamarla pero en ese momento ella escuchó el sonido de unas llaves en la cerradura de la puerta de entrada. Al girar la cabeza vio a Natsuki, con varias bolsas de compra entrando en el apartamento.
—¿Ya estás despierta?—preguntó.—He ido a comprar, no había casi nada para desayunar. No quería despertarte sólo para decirte que iba a salir. ¿Te duele aún la cabeza?—preguntó dejando las bolsas en la encimera y sacando lo que había comprado.
—No...ya estoy mejor.—dijo algo seca.—Oye...
—Si vas a disculparte por lo de anoche,—la interrumpió.—no hace falta.  ¿Qué quieres para desayunar?
—Natsuki, no seas así. Sí que hace falta, me comporté como una estúpida, te grité.
—¿Crees que por gritarme voy a dejar de ser tu amiga o algo? ¿Crees que algún día me marcharé y no me verás nunca más por aquí? mira, comprendo que te siente mal que me preocupe en exceso por ti, y sé que incluso piensas que parezco tú madre, pero, es tan difícil saber lo que piensas, saber que te pasa, porque nunca me dices nada. ¿Aún desconfías de mi por ser un Demonio?—preguntó la chica con tristeza.—¿Cómo quieres que no me preocupe por ti si siempre haces las cosas por ti sola y nunca me dices nada?
—No desconfío de ti, ya no. Sólo no quiero que me veas como una persona débil, inútil, que no sirve para nada. Que me salvaras de la muerte de mi padre no significa que necesite ayuda para todo.
—Oh, con que es eso...
—¡No...! no lo he querido decir así.
—¡Mira lo que te pasó a noche!—exclamó.—Ni siquiera me llamaste para decirme lo que habías visto en el apartamento de Nathan, ni siquiera me dijiste como te sentías. Me avisaste tarde. Debí intuir que pasaba algo.
—Necesitaba estar sola.
—¡Siempre necesitas estar sola!—volvió a exclamar. Natsuki se estaba comenzando a cabrear y eso a Scarlett la estaba preocupando. Ella sólo intentaba disculparse y las cosas sólo estaban empeorando.
—Natsuki, ¡lo siento!, ¿vale?, ¡lo siento! Soy una reservada, una estúpida que se guarda sus sentimientos y se los come. Una estúpida que prefiere sufrir en silencio a que alguien la ayude, ya sea con consejos o con cualquier cosa. ¡Soy gilipollas!
—Tampoco debes culparte por ser como eres.—le dijo. Su tono de voz comenzaba a apreciarse más calmado.—Sólo me gustaría que por lo menos me hicieses sentir que confías en mi. Cuéntame lo que te pasa. Me da igual tirarme horas intentándolo sacar de tu boca, pero quiero saber que ronda por la cabeza de ésta estúpida, para así poder ayudarla, como me gustaría hacerlo. Y no eres gilipollas, un poco estúpida sí.
—Lo siento.—se disculpó con tristeza.
—¿Me prometes que intentarás contarme más a menudo lo que ronda por tu cabeza?
—Te lo prometo.
Natsuki se dirigió a ella y la abrazo. Scarlett correspondió su abrazo y la achuchó con fuerza.
En ese mismo instante, llamaron a la puerta de forma brusca, como si alguien tras esa puerta estuviese realmente enfadado. La pelirroja dejó de abrazar a su amiga y la miró con el ceño fruncido.
—¿Esperas a alguien?—le preguntó.
—No.—respondió ella.
Scarlett  se dirigió a la puerta. Primeramente observó por la mirilla y pudo ver a través de ella a Blake. Ella puso los ojos en blanco. No quería abrirle, no tenía ganas de escuchar algunas de sus quejas sobre Nathan, o cualquier tipo de cosa.
—¿Quién es?—preguntó Natsuki extrañada.
—Blake.—susurró la pelirroja.
—Abre la puerta, te estoy oyendo respirar.—dijo Blake.
Ella volvió a poner los ojos en blanco y abrió la puerta. Blake miró a Scarlett con el ceño fruncido, ella no sabia porque le miraba así.
—¿Qué coño te pasa a ti?—preguntó la pelirroja observando la cara del chico que parecía realmente molesto. Blake entró en el apartamento, apartando a Scarlett a un lado, ella extrañada cerró la puerta y se giró para mirarlo.
—Tú, ¿le has hablado a algún Ángel de mi?—preguntó Blake.
—¿Por qué iba a hablarle de ti?
—¡No te hagas la tonta!—exclamó.—¿A quién coño le has dicho que estoy con vosotros? no, mejor lo preguntaré de otra manera, ¿a quién coño le has dicho que estoy en vuestro equipo?
—Yo no le he dicho a nadie que estás en...—Scarlett se detuvo en seco. Recordó algo; recordó como la noche pasada la chica Ángel que la había atacado, la pelirroja dijo que Blake tenía un mismo tatuaje. La chica Ángel lo interpretaría mal y pensó que éste estaba metido en el saco.—Creo que alguien lo interpretó mal...—dijo.—Una Ángel, me atacó la otra noche y...
—¿¡Cómo?!—interrumpió exclamando—O sea, que era cierto.
—Pero a todo ésto, ¿cómo lo sabes?
—Por ésto.—Blake mostró un papel que se lo había pegado en la frente a la pelirroja. Ella soltó un quejido y agarró el papel. Al parecer era una carta escrita a mano. Scarlett lo miró y luego echó una mirada también a Natsuki.
—Léela en voz alta para que tu amigita se entere también.—Blake se giró ya que estaba Natsuki a sus espaldas.—Hola.—saludó con una sonrisa.
—Imbécil.—dijo ella.
—"Tengo entendido que nos estáis defraudando.—leyó en voz alta.—Al parecer estáis metido en el saco, estáis unido a ellos. Si os mandé a Tokyo, especialmente a ti y a tu hermanastro, era para que sacaseis información sobre el Nephilim, ¿qué ha pasado?, tu hermanastro no ha vuelto ni ha dado información alguna, ¿y tú? ¿Dónde andas metido, Blake? Tranquilo, sé la respuesta. Al parecer cuando mandamos a algunos de nuestros Ángeles más inútiles a esa estación de metro y secuestramos a la chica pelirroja, vi como vinisteis tú, tu hermanastro, una Demonia y el Nephilim. Adivina quién estaba escondido detrás de una pared observándolo todo. Qué valiente por tu parte salvar a esa Demonia.
Akane, una Ángel de nuestro mundo que probablemente conozcas, nos ha dicho que andas con ellos y no precisamente para traernos al Nephilim. No finjas. Estás con ellos así que no lo niegues. Y si no estás con ellos, hazme saber lo contrario, y creo que sabes a lo que me refiero. Pero creo que tu hermanastro no tiene solución. Él está con el Nephilim, no cambiará de opinión, sabes perfectamente lo que le toca. Estaremos en contacto."
—Adivina quién va a llevar a Nathan por fin con ellos.—dijo Blake maliciosamente. Scarlett tiró la carta al suelo y agarró la camiseta de Blake bruscamente pegándose a él.
—Llévalo con ellos y te juro que me encargaré yo misma de matarte.—amenazó.
—¿Tu sola?—se mofó.
—No, conmigo.—dijo Natsuki.
Blake apartó a Scarlett a un lado. Se agachó, agarró la nota y miró a Natsuki.
—Una lucha contigo, ¿eh?—miró a Natsuki de arriba abajo.—qué excitante.
—Vete a la mierda.
Blake sonrió y se marchó del apartamento. Scarlett miró a Natsuki extrañada.
—¿A qué ha venido eso?—preguntó la pelirroja.
—¿A caso no sabes que es gilipollas? tengo que enviarle un mensaje  rápido.—cogió su móvil y empezó a teclear.
—¿A quién?
—A Kaiser, el tío de Nathan.

Blake mientras salía del edificio donde ambas vivían, la carta que anteriormente había leído Scarlett, se la guardó en su bolsillo de su chaqueta. Caminaba con las manos metidas en sus bolsillos cuando de pronto sintió como le echaban una foto. Ese sonido, ese click cuando disparas al hacer una fotografía, ¿de dónde venía?
Blake se detuvo en seco, observando a sus al rededores. ¿Por qué allí no había nadie? sabía perfectamente que le fotografiaron a él por como venía de cerca el sonido. "Quizás sea una paranoia mía", pensó para si.
Antes de echar de nuevo a caminar, volvió a echar un último vistazo intentando lograr encontrar a aquél individuo que le había fotografiado. Blake se fijó que había unas cuantas personas fotografiándose entre ellos con sus parejas o amigos, entre toda esa gente iba a ser difícil encontrar a aquella persona. Blake dedujo que el sonido venía de las cámaras de aquellas personas pensándose que iba para él. Echó de nuevo a caminar dejando pasar lo ocurrido.

Al anochecer, Blake tenía planeado llevarse a Nathan consigo al mundo de los Ángeles, pero aún no sabía como hacerlo. Necesitaría algún tipo de calmante que consiga dormirle, o sino tendría que derramar sangre para poder llevárselo consigo. ¿Funcionará el cloroformo con él?, se preguntó para si.
Recordó aquella lucha que tuvo con Nathan la primera vez que lo vio, le resulto muy gracioso como pudo ver que no sabía utilizar sus poderes, aunque luego no le resultó tan gracioso cuando recibió el disparo en el hombro.
Cuando Blake se disponía a conseguir todo tipo de calmantes al pasar por un callejón, una gran fuerza lo hizo arrastrar a dentro. Parecían unas manos realmente fuertes, una fuerza sobrenatural. Cuando éste alzó la vista para mirar a aquel ser que lo había echo entrar en ese oscuro callejón, éste le dio una patada en el estómago con tal fuerza que lo hizo volar unos cuantos metros. Esa fuerza era demoniaca, y nunca mejor dicho. Kaiser, allí estaba parado, con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón, disfrutando como hizo patear a un Ángel, o a un "soplapollas" como lo llamaba él. Kaiser se acercó a Blake, éste pudo oír los pasos como se acercaba. Blake se incorporó del suelo, recibió un golpe en la cabeza, pero iba recobrando el sentido. Un humano ya habría sido desmallado. Se levantó del suelo, soltando un quejido por el golpe en el estómago. Cuando Kaiser ya estaba parado en frente de él, éste alzó la vista y lo miró fijamente. No sabía quien era ni del porque lo había pateado tan brutalmente.
—¿Se puede saber quién coño eres tú?—preguntó en un tono que a Kaiser le hizo molestar. Kaiser le dio un puñetazo en la cara haciendo que éste escupiese sangre.
—Hola, ¿qué tal?—saludó sacudiéndose la muñeca con la que había pegado el puñetazo.
—¿Me estás vacilando?—pregunto Blake quitándose la sangre de sus labios.
—No.
—Eres un Demonio, ¿no?
—No un Demonio cualquiera, muchacho.
—Me la resbala quién seas.
Kaiser colocó una sonrisa de lado y alzó una ceja. Al parecer el chico se la estaba jugando, y cuando Kaiser pegaba, pegaba como si se le fuera la vida en ello, pero quiso controlarse ésta vez.
—Veo que tienes deseos de morir.
Blake alzó su puño para pegarle pero éste lo esquivo y se lo agarró con fuerza. Le dobló la muñeca haciendo que éste soltase un fuerte quejido. El muy jodido tiene bastante fuerza, pensó para si.
—Mira, soplapollas, apuesto a que en cuanto te diga quién soy vas a echar a correr en busca de papá y mamá.
—¡Suéltame el puto brazo, joder!
Éste dejó su brazo libre, pero ésta vez se dirigió a su cuello. Le agarró con fuerza y lo pegó contra la pared. Kaiser lo miraba fríamente, incluso se podría decir que empezaba a incomodarle a Blake. Éste intentaba deshacerse de ese brazo que parecía casi imposible.
—Mi nombre es Kaiser, y Nathan es mi sobrino.—sonrió con malicia mientras lo observaba.—Me han contado que ibas a entregarlo...¡por encima de mi puto cadáver, lo vas a entregar!—exclamó.—No me des por culo, chaval, porque no dudaré en atravesar tu pecho y arrancarte el corazón de cuajo. Soy lo suficientemente Demonio como para querer hacerlo y disfrutar de ello, pero a diferencia de vosotros, sé comprender que nadie elige de quien se enamora, y que esa regla es la regla más absurda que he visto en años. Así que no me toques los huevos, porque como vea que vas a ir a por él, voy a darte una muerte muy, muy, muy dolorosa y disfrutaré de ello. Así que tú eliges: O te vas y vuelves con tus queridos soplapollas, o te quedas con nosotros sin hacer ningún tipo de daño.
Blake hizo un gesto para que le soltase el brazo de su cuello para poder hablar. Kaiser dejó de apretarle y le dio la oportunidad de seguir hablando.
—No pienso unirme a vosotros, sois basura.
—¿Eres consciente de que soy un Demonio lo suficientemente listo y sexy como para no saber que ronda por tu cabeza? si te soy claro sólo hay: Natsuki, Natsuki, Natsuki, Natsuki, Natsuki, blah blah blah, Natsuki.
—¿Qué coño...?
—Así que o te unes o le digo a tus soplapollas que amas a una Demonia y que estás incumpliendo la regla.
—¡Yo no la amo, gilipollas!
—Ay...la negación. Todos hemos pasado por eso.
Blake comenzaba a irritarse. Le ponía de los nervios, era casi igualito a Nathan, sólo que éste podía apreciarse más cabrón. Comenzó a apretar los dientes por tal de no darle una hostia, porque sabía perfectamente que éste le volvería a esquivar y recibiría otro puñetazo.
—O te unes, o lo cuento todo.—volvió a repetir. Éste le sacó la carta que aún Blake tenía guardada en sus bolsillos.—Y ésto me lo quedo.

Scarlett estaba parada enfrente del edificio en el que vivía Nathan. Quiso hacerle una visita, en parte necesitaba contarle lo que había visto. La carta. Dudaba en si entrar. No lo avisó de que iría, ya que éste no le cogía el móvil, tampoco sabía si estaría ahí. Pero al fin y al cabo no le dio más vuelta y entró. Subió por el ascensor y pulso el botón 3º. Al llegar se dirigió al apartamento y llamó a él. Parecía tardar demasiado en contestar, pero ella se quedó esperando un poco más. Llamó de nuevo. Como no parecía estar a dentro, se giró decidida a marcharse, pero en ese momento abrió la puerta y se giró para mirarlo.
—Hey, ¿qué haces aquí? no me habías dicho que venías.
—Te he llamado un par de veces, pero no me lo has cogido. ¿Puedo pasar?
—Sí, claro.
Nathan la llevó a su habitación ya que anteriormente estaba en ella. Éste se sentó en la cama y ella igual. Ella observó su habitación, el ordenador de su escritorio estaba encendido, parecía que lo acaba de dejar de utilizar. La cama estaba echa y su habitación era bastante agradable. La cama de él también era grande, justo podría caber dos. Ella recordó como aquella vez él dijo que la habitación de la cama de ella estaba bien para hacer "cosas". Nathan la miró extrañado ya que no paraba de observar la habitación y perderse en su imaginación.
—¿Es la primera vez que entras en mi habitación?
—Sí. ¿Por qué lo haces en tono de pregunta?
—Porque he llevado a muchas a mi habitación y no estoy seguro si tu has pasado por aquí.—sonrió picaramente.
—Cerdo.
—Te diría que era broma, pero es cierto, aunque últimamente no he querido fijarme en nadie.
—¿Por qué?
—Por t...—se detuvo en seco.—Por todo lo que está pasando, ya sabes, Demonios, mi tío, los Ángeles...—apartó la mirada, ella pudo observar que estaba ruborizado.
—Lo que iba a contarte es que Blake a venido a mi apartamento y...—Scarlett no paraba de observarle incluso a veces se detenía, como ahora, que no dejaba de observar sus labios, que de vez en cuando se los humedecía pasando su lengua por ellos y eso la distraía.
—¿Y...?—soltó una pequeña risa que a ella le parecíó muy seductora.
"Me cago en la puta", pensó la pelirroja para si.
—Y bueno, ha traído una nota que ponía...—se detuvo de nuevo.
—¿Scarlett, estás bien? te noto algo... rara.—preguntó extrañado.
Ella colocó sus manos en los hombros de éste, se levantó de la cama y se sentó en su regazo. Eso a Nathan le sorprendió. La respiración de la pelirroja estaba acelerada. Ella acarició el cuello de éste, mirándolo fijamente.
—Oye, ¿qué haces?—preguntó soltando una risa nerviosa.
Ella sin contestarle le colocó las manos en su pecho y lo hizo tumbar en la cama, ahora ella quedó completamente encima de él. Nathan comenzaba a ruborizarse y no entendía del porque hacía todo ésto ni a que se debía. Scarlett comenzó a darle pequeños besitos en el cuello, Nathan abrió los ojos como platos y la detuvo haciendo que lo mirase a la cara.
—Scarlett, para.—ella pudo notar que la voz de él comenzaba a temblar y a notarse nervioso. No sabía si hacerle caso o seguir con lo suyo. Ella estaba claro que quería seguir, pero no quería hacerle pasar un mal rato. No quería meterle en una situación incomoda, así que se quitó de encima de él.
—Lo siento mucho.—se disculpó.—Creo que debo irme. De verdad, lo siento...
Cuando ella iba a salir de la habitación Nathan, la giró bruscamente y la miró fijamente. Al parecer la respiración de él estaba demasiada acelerada, a causa de la pelirroja. El no paraba de mirarle a la zona de los labios. Nathan colocó sus manos en la cintura de ella y lo pegó contra él.
—¿Qué estamos haciendo?—preguntó éste con la respiración bastante acelerada.
—No lo sé.—respondió ella.
El la agarró de los muslos levantándola hacia arriba, ella se dejó agarrar. Nathan la lanzó a la cama y éste quedó encima de ella. Él observó su cuello, sin resistirlo le dio un seductor lametón acompañado de un beso. Eso a ella le hizo estremecerse. El le dio un pequeño mordisco y ella soltó un pequeño gemido. Nathan bajó su mano y agarró uno de los muslos de ella. Lo acarició suavemente a pesar de que llevaba pantalón largo.
—Demasiada ropa.—le dijo deslizando su mano por su muslo hasta llegar a su cintura. Le levantó la camiseta y le acarició el vientre.—No sé si debo parar o seguir.
—Sigue, por favor.—suplicó ella.
—Pero...
Ella lo empujó de encima y lo apartó a un lado de la cama. Ahora ella se volvió a tumbar encima de él. Ella le quitó la camiseta bruscamente, el se la dejó quitar. Comenzó a darle pequeños besitos por el pecho hasta bajar hasta su vientre.
—Joder...—dijo Nathan en un pequeño susurro, levantando la cabeza para observarla. Scarlett comenzó a desabrochar el botón del pantalón de éste, eso a él le estremeció. Le bajó la cremallera de su pantalón y quiso meter la mano debajo de sus calzoncillos pero Nathan la detuvo y la miró fijamente.
—O-Oye...—dijo en un pequeño tartamudeo a causa de los nervios.
—Sólo déjate llevar.—le dijo ella. Cuando iba a introducir de nuevo la mano dentro de sus calzoncillos, llamaron a la puerta de la habitación de Nathan con dos golpecitos. Antes de que les diese tiempo a incorporarse, Kaiser entró en la habitación observándolos como cual niño que ve por primera vez porno.
—¡Aquí huele a sexo!—exclamó Kaiser en una risa.
—¡Joder!—exclamó Nathan abrochándose el botón de su pantalón apresuradamente.
—¡Oh, la chica de la foto!—exclamó Kaiser.
—¿Foto...?—preguntó Scarlett sin entenderlo.
—Nathan, tengo que contarte un notición.—dijo sonriéndole alzando ambas cejas.





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