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Granada, Granada, Spain
Empezaría diciendo que todo lo que escribo lo hago con papel y una pluma, pero mentiría. Una de mis mayores aficiones es escribir, yo lo llamaría como una especie de "escape" donde eres libremente de escribir lo que te plazca, ya sea hundirte en tus pensamientos o tan solo con deslizar tus dedos sobre el teclado comienzas a adentrarte en un mundo donde tu decides que sucede a cada instante y a cada segundo. ¿Maravilloso, verdad? No escribo para nadie, escribo para mi misma. Lo que nunca imaginé fue ver a toda esta gente leyéndome. Soy otra marioneta que ansia la libertad en esta sociedad manipuladora. Nunca permitas, por nada del mundo, que la sociedad te convierta en una persona quien no eres. Seamos libres de ser quien cojones queramos ser. Porque no hay nada más maravilloso que ser uno mismo y no como querrían que fueses. Amo la lluvia, los días de tormenta, amo el chocolate, también un buen café con leche en las tardes de invierno. Si has llegado hasta mi blog, bienvenidos pequeños mortales, si deseas quedarte será todo un placer, siempre serán bienvenidos aquí y si deseas marcharte, que así sea. ¿Te introduces en mi cuento de princesa inmortal?
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"En la vida es imposible sufrir, pero el hecho de arriesgarse por la persona a la que amas, hace que el dolor, merezca la pena."

jueves, 8 de mayo de 2014

Entre cielo e infierno. Capítulo 11: Un hijo de perra más.



Nathan se levantó de la cama, se subió la cremallera de su pantalón y se abrochó el botón. La pelirroja estaba completamente ruborizada. Kaiser no paraba de observarla y realmente la situación le incomodaba.
Ella se sentía avergonzaba por lo que acaba de pasar y había estado a punto de pasar. En cierto modo se arrepentía de haber actuado así. No paraba de repetir en su mente, "¿Qué coño te crees que estabas haciendo, Scarlett?" una y otra vez, mientras se maldecía a si misma. Era evidente que la chica tenía deseos sexuales con él, pero mostrar aquello, desear acostarse con él era un grave error. No sólo tenía deseos sexuales, sino que a ella le gustaba él. Le resultaba interesante, curioso, misterioso... Pero ella se negaba a enamorarse de él. Al fin y al cabo, gustar es muy diferente a querer, como bien decía ella.
Scarlett no entendía a qué se refirió Kaiser con "la chica de la foto" eso la dejó confusa, pero no se atrevía a preguntar, ni mucho menos a mirar en éste momento a ambos a la cara.

—Siento la inesperada interrupción.—se disculpó.—Se os veía muy "ocupados".
—¿Qué quieres?—dijo Nathan.—¿Qué es ese "gran notición"?
Scarlett se levantó de la cama, agachó la cabeza y sin mirar a ambos salió de la habitación.
—¡Eh! ¡Oye, espera! ¿Adónde vas?—dijo Nathan dirigiéndose a ella.
—Me voy a casa. Hasta luego.
Salió del apartamento aprisa. Nathan se quedó plantado en el salón observando la puerta de entrada. Kaiser salió de la habitación de éste y se dirigió a él.
—Parece que estaba avergonzada. Qué mona. Veo que estaba muy interesada en hacerle cositas a tu "cosita".
—¡Cállate!
—¡Woh! ¡Qué humos! Debí haberme quedado escuchando tras la puerta.
—No creo que hubiese mucho diálogo.
—Cambiando de tema: Mira que cartita le he robado a tu amigo... ¿Blade se llamaba? Ah, no, Blake.
—¿Una carta? ¿De quién?
—Eso me gustaría saber. Llevo aquí sólo un día y ya voy descubriendo cosas por ti. Creo que me merezco una birra. ¿Invitas tú?
—Ya veremos.
Nathan agarró la carta que le mostraba éste y la leyó para si. La carta no estaba firmada, sólo Blake podía saber quién era el Ángel que la escribió.
—¿Te ha dicho quién la ha escrito?
—No, pero nos lo dirá.
—¿"Nos"?—preguntó confuso.
—Sí, bueno, eso es otro tema...

—¿Qué has hecho, Kaiser?
—¡Eh! Me preguntas eso como si hubiese echo algo malo. ¿Por quién me tomas? si soy un buen hom—
—¿Qué has hecho?—le volvió a preguntar con el ceño fruncido.
—Blake se ha unido a nuestro equipo.
—¿¡Cómo!?
—Él quería llevarte consigo al mundo de los Ángeles, él quería entregarte, ¡iba a entregarte! Le amenacé como yo sólo se hacerlo y no le quedó más remedio que unirse a nosotros. Pero eso no quita que no nos odie, según él.
—¿En serio? Odio tener que cruzarme con su cara, odio incluso su presencia y encima ahora tengo que verle la maldita cara todos los días. ¡No me jodas!
—Veo que os lleváis como el perro y el gato. Qué movidito va a ser ésto.
—He visto a perros y a gatos tener mejor amistad que yo con ese. Él y yo somos como el agua y el fuego. Ese hijo de puta no va a poder estar con nosotros.
—Créeme, no le queda otra.—sonrió.
—No me fío. Ese cabrón va a ser capaz de traicionarnos si se une.
—Si nos traiciona, morirá.
—Argh... ¡qué puta mierda! no quiero que se una, joder.
—Venga, ya, ya, ya paso.—Kaiser le dio varias palmaditas en la espalda, como si estuviese consolándolo. Nathan lo miró como si quisiera asesinarlo en ese instante. Apartó a Kaiser y se dirigió a la cocina, éste lo siguió detrás.
—Venga, no te pongas así. Míralo por el lado bueno.
—¿Acaso ésto tiene lado bueno?—dijo soltando una risa irónica. Nathan cogió un vaso y se echó agua.
—Claro, gracias a que se ha unido, ya no puede amenazarte con llevarte con ellos o intentar matarte.
—A mi eso me la sopla. Hay miles por ahí intentando llevarme con ellos.
—Pero uno menos de miles hace mucho.
—Oh, sí, hace muchísimo.—dijo sarcásticamente y acto seguido se bebió el agua de su vaso.
—¿Qué te traes con la pelirroja ésta, la chica que se acaba de marchar?
—Nada, no me traigo nada.
—¿Me puedo reír ya? pregunto por si es un chiste.
—Hablo en serio, no me traigo nada con ella, no somos pareja ni nada parecido.
—Oh, sí, y la chica te iba a hacer de todo porque sí, ¿no?
—De todas formas no sé ni como coño explicar como ha sucedido eso... ¡Y deja el tema! que pesadito estás desde que has llegado.
—Si ella ha sido la que se ha lanzado y tú no te has apartado o no la has alejado, significa que querías lo mismo que ella. Aunque, ¿qué hombre rechazaría a esa preciosidad? yo no, de hecho, si me hiciese lo mismo, sabría el significado de mi frase:  "empotrarla contra la pared y hacer de ella un arte."
Nathan agarró un cuchillo de unos de los cajones de la cocina. Rápidamente apuñaló a Kaiser en la barriga. Kaiser soltó una risa acompañado de un quejido por el impacto.
—Te lo debía.—dijo seriamente mientras salía de la cocina.
—Entiendo.—soltó de nuevo una risa sacándose el cuchillo clavado en su estómago. La profunda herida se cerró en cuestión de segundos. Kaiser dejó el cuchillo ensangrentado en la encimera.—Entonces... ¿me invitas a una birra?
—¡No!—exclamó Nathan desde su habitación.


Scarlett llegó a su apartamento. Abrió la puerta de entrada y la cerró lentamente. No quería hacer ningún tipo de ruido, por si Natsuki se despertaba. Aparte de ser demonia, tenía muy buen oído. Podía escuchar hasta el sonido de las pequeñas gotas que no dejaban de caer en el grifo del cuarto de baño.
Era extraño, no se escuchaba ningún ruido, y ahora que la pelirroja se acordaba, Natsuki no se acostaba tan temprano. Sólo eran las nueve y media.
Scarlett se asomó por la puerta de la habitación de Natsuki. La tenía entre abierta, pero las luces estaban apagadas y sin ninguna silueta acostada en la cama.
Cuando Scarlett iba a dirigirse a su habitación, una palma de una mano le golpeó el trasero y repentinamente se giró.
—¡Te pillé!—exclamó Natsuki juguetona.
—¡Por Dios! ¡No hagas eso! ¡Qué susto!—la pelirroja se llevó una mano al pecho del repentino susto. Soltó un bajo suspiro.—¿Estabas aquí?
—Sí, en el cuarto de baño. ¿De dónde vienes, "señorita asustadiza"?
Scarlett odiaba que Natsuki fuese tan cotilla, tan curiosa y queriéndolo saber todo. Sabía que estaba a punto de interrogarle por la manera en la que entrecerraba los ojos y la miraba como cual policía interrogando a un asesino.
—En el apartamento de Nathan.—contestó ella.
—¿Y qué hacías allí?
—Vale, comprendo que todos los demonios seáis unos completos cotillas, que os gusta más la vida personal de los otros que la vuestra propia, pero, ¿es necesario tanta pregunta?
—Todo lo que te trames con el Nephilim es necesaria tanta pregunta.—sonrió.
—Había ido a su apartamento a contarle sobre lo que tramaba Blake, la carta que leí, y toda esa mierda, pero no pude. Su manera de humedecerse los labios mientras le hablaba me distraía, la manera en la que me prestaba atención y me miraba, me distraía aún más, tanto que me quedé pillada y no pude decirle nada.
—Y, ¿qué pasó?
—Pues que casi tuvimos sexo.
—¡Palomitas! ¡Necesito palomitas!—exclamó bromeante.
—Para.—soltó una risa nerviosa.
—Es lo que dicen los humanos. ¿Y por qué ese "casi"?
—Porque su tío nos interrumpió.
—Ah... Kaiser, siempre tan inoportuno.
—Pero ese no es el caso, el problema es que me arrepiento de que me viese así. Me arrepiento de mostrarle que realmente deseo acostarme con él, y es que, joder, cómo para no desearlo.
—Pues acuéstate con él la próxima vez. Siempre te atrajo, ¿qué problema hay en echarle un polvo? un polvo es un polvo. Porque sólo te atrae, ¿no? sólo es atracción sexual.
—Ya no es sólo la atracción sexual, es que me gusta. Me gusta su persona. Me atrae demasiado el misterio que se trae este chico conmigo. Incita a investigar y profundizar en él.
—Cuidado, pelirroja, no tienes pinta de ser la típica tía de un polvo y adiós.
—No estoy enamorada de él.—soltó una risa.
—De unos cuantos polvos se enamoraron muchos.
—¿Y tú cómo sabes eso?
—¿Has cenado? ¡Estoy hambrienta!—dijo logrando cambiar de tema, dirigiéndose a la cocina y abriendo la nevera.
—Sí, la verdad es que tengo hambre.

Kyle estaba sentado en una de las sillas de un club. Estaba tomándose una botella de sake, una típica bebida alcohólica de Japón. A veces le gustaba salir sólo y beber sólo. Le ayudaba a pensar, aunque muchas de esas veces no controlaba lo que bebía y acababa completamente borracho. De hecho, más de una vez Nathan se lo encontró durmiendo en la puerta del edificio donde vivían.
Kyle no estaba prestando atención a la gente del club, estaba más centrado en sus pensamientos. Justamente no se dio cuenta de que Blake, estaba en el mismo club que él, e incluso éste lo estaba observando.
Cuando Kyle iba a darle un trago a su bebida, Blake se sentó en la misma mesa que él y lo miro con una sonrisa.
—¿Qué coño haces?—preguntó sin saber del porque se había sentado en la misma mesa que él.—Fuera de aquí, no tengo ganas de escuchar algunas de tus gilipolleces.
—¿Qué haces bebiendo aquí solo? ¿Dónde está tu novio Nathan?—dijo en tono burlón.
—Podría preguntarte lo mismo del por qué estás bebiendo aquí, tú solo.
—Me han jodido el día.
—¿Y a mi qué me cuentas?
—Has dicho que podrías preguntarme lo mismo del porque estoy aquí bebiendo solo, yo te contesto.
—Pues me alegro de que te hayan jodido.—sonrió.
—¿Por qué no nos intentamos llevar bien?
—¿Qué?—preguntó sorprendido.—¿Estás borracho?
—No. Al fin y al cabo somos familia, deberíamos intentar...
—No te molestes,—lo interrumpió.—no me interesa lo más mínimo llevarme bien contigo. De todas formas, sé que estás fingiendo. Actúas tan bien que podrías irte para Hollywood.—dijo sarcásticamente.
—Mierda, ¿cómo lo has sabido?—soltó una risa.
—Porque ya nos conocemos, Blake, te tengo calado.
—Me sorprendes. ¿Te ha contado el Nephilim la existencia de su supuesto tío?
—Me envió un mensaje, no lo detalló mucho, dijo que ya me contaría. De todas formas, ¿por qué me preguntas ésto?
—Porque el muy cabrón me ha amenazado. Su nombre es Kaiser. Ese hijo de puta me ha amenazado, ¡a mi!
—Pues ese hijo de puta tiene mis respetos, entonces.
—Desearía matarlo, pero nunca antes me había incomodado tanto un demonio. Ahora tengo que estar en vuestro "equipo" por cojones.
—¿Qué? ¿Qué te has unido a nosotros? ¿Sabes cuál es el objetivo de Nathan, verdad?—preguntó bastante sorprendido.
—¡Sí, lo sé, y no me queda otra opción! no puedo causarle daño, o el muy cabrón de Kaiser me mata. Ahora pondrán precio a mi maldita cabeza también.
—Tarde o temprano iban a ponerle precio a tu maldita cabeza. Estás jodido y me alegro.
—Vete a la mierda, cabrón.—maldijo mientras lo miraba con odio.
En ese momento la conversación entre los hermanastros quedó en silencio. Kyle seguía bebiéndose su sake mientras observaba a la gente del club. Ésta vez si estaba prestando atención a las personas, era más entretenido que mirar la mirada de odio de su hermanastro. Le repugnaba sólo de pensar que compartían la misma sangre.
Blake también estaba bebiendo una bebida. Cuando Kyle le dirigió una mirada, pudo observar que éste tenía la mirada perdida, giraba su botella lentamente, y se podría apreciar en su mirada cierta tristeza. Kyle no supo a qué se debía tal repentina tristeza, si era porque estaba en el mismo saco, si era porque Kaiser lo mataría si intentase algo, o si era por otra cosa.
Su mirada era melancólica, y sus pensamientos lo eran aún más. Kyle no quería preguntarle, total, no le importaba lo que sea que le pasase, pero, empezaba a tener cierta curiosidad.
—¿Qué te ocurre, Blake? ¿Mal de amores?—preguntó con una risa.
—Cállate, ¿qué coño estás hablando ahora?—empezó a fruncir el ceño como de costumbre.
—Mírate, giras tu botella como cual entristecido, tu mirada está en otro mundo y se puede notar cierta... tristeza. ¿No quieres que te maten? ¿Es eso o es otra cosa?
—Lo que me pase o me deje de pasar no es de tu incumbencia. Ni de la tuya ni de la de nadie.
—Estás amargado. Te hace falta que te echen un buen polvo. En el caso de que te pase "mal de amores", no te preocupes, hay muchos peces en el mar.
"No es que yo eche mucho la caña."—pensó para sí.
—Aunque dudo mucho que sea mal de amores. En fin, ni tu quieres contarme lo que te pasa, ni a mi me apetece escucharte en éste momento. A diferencia de ti, yo podría darte un par de consejos, aunque me caigas a reventar.  Que sepas que no te odio. Me caes mal, eres peor que un grano en el culo, pero no te odio. No voy a malgastar mi odio con Ángeles mediocres como tú.—sonrió.—Me piro, ya nos veremos.
Se levantó del asiento, dejó el dinero en la barra y se marchó del club.
Blake apretó los dientes por aquella frase tan odiosa para los oídos de éste: "No voy a malgastar mi odio con Ángeles mediocres como tú."
Apretaba la botella de cerveza con fuerza, la cual se estaba tomando. Esa frase le hizo cabrear bastante.
¿Mediocre?¡ ¿Cómo se atreve a llamarme mediocre?!, se preguntaba para si mismo.
Si seguía apretando esa botella, su tal fuerza sobrenatural acabaría haciéndola explotar. La botella ya comenzaba a rajarse, y Blake no era consciente de que la estaba rompiendo.
Cuando éste respiró hondo y se intentó calmar un poco, reaccionó y observó la cerveza. Dejó de apretarla antes de que estallara y provocase un espectáculo en aquel club.
Se levantó del asiento, dejó el dinero en la barra y se marchó del club. Ya le habían calentado lo suficiente esa noche.

Esa misma noche, Nathan y Kaiser, se disponían a dar una vuelta. Más bien, Nathan se disponía a dar una vuelta por la ciudad, Kaiser le siguió detrás, ya que se pensaba que su sobrino le invitaría a una birra.
Kaiser era un demonio que amaba la cerveza. Según él, la cerveza era su único amor, la única que le acompañaba en sus noches de soledad. Sólo tenía ojos para ella. Todo un poeta.

—¿Adónde vas, si puede saberse?—preguntó Kaiser.—¿Me vas a invitar a una birra o no?
—Te he dicho que no.—contestó éste bastante serio.—Yo he salido solo, tú eres el que me está siguiendo. No voy a un lugar concreto, sólo paseo.
—¡Argh! ¡Y yo te seguía con la esperanza de tomarme una cerveza!—exclamó.—De verdad, eres un soso. Con todo lo que he echo por ti.
—Dime, ¿qué has echo por mi?
—Cuidarte y no matarte. Eso ya es mucho para mi.
—Touché.
Mientras paseaban, Kaiser bastante desilusionado sin su cerveza, hubo un instante en que Nathan volvió a escuchar el sonido del disparo de una cámara. Otra vez ese sonido. ¿Quién le había fotografiado otra vez, y por qué?
Éste comenzó a mirar a ambos lados. Se paró en seco en mitad de toda la gente que caminaba. Kaiser lo miró bastante extrañado, era como si buscase a alguien con la mirada. Había demasiada gente caminando, era difícil lograr pillar a aquel individuo que ya le había fotografiado anteriormente.
—¿Has escuchado eso?—preguntó Nathan.
—No, ¿el qué? ¿Oyes voces en tu cabeza? ¡No! ¡Mi sobrino está loco!
—¡Cállate y deja las bromas para luego!—exclamó.—Sonaba como el disparo al hacer una fotografía, incluso he visto el flash. Ya he escuchado eso antes, alguien nos está fotografiando.
—Yo no he escuchado ni visto nada. ¿Tomas drogas?
—¡Kaiser, por Dios!
En ese mismo instante otra vez se escuchó el disparo de la cámara e incluso esta vez si pudo apreciarlo Kaiser. Nathan volvió a buscar a aquél individuo. Lo iba a encontrar costase lo que costase. Él sabía que no era ninguna de éstas personas. Mientras buscaba con la mirada a aquel individuo sin resultado alguno, echó una mirada al otro lado de la calle y pudo apreciar una figura con el rostro encapuchado y con una cámara en mano. Nathan lo miró fijamente y el individuo se dio cuenta, en cuanto lo miró aquel encapuchado empezó a andar a paso ligero. Nathan empezó tras él cruzando la otra calle.
—¡Adónde vas, locuelo!—exclamó Kaiser mientras lo veía correr.
Los coches pasaban rápidamente, y eso le dificultaba más. Nathan, parado en mitad de la carretera,  varios coches tocaban el claxon. Nathan veía como aquel encapuchado lograba escaparse. Éste corrió, pero un coche le dio un pequeño empujón justo cuando estaba cerca de la acera. El coche frenó en seco. Éste, que no había caído al suelo sino al capó del auto, se deslizó rápidamente y llegó a la acera. El dueño del auto lo llamó "loco" en japonés.
Corrió intentando atrapar al encapuchado de la cámara. Apartaba a la gente sin causarle mucho daño, pues no podía correr deprisa con tanta gente caminando.
El encapuchado se metió por un callejón, Nathan corrió más deprisa. Al lograr meterse en el callejón, el encapuchado ya no estaba. Se adentró más adentro, pero allí no había nadie. Nadie se desvanece de la nada así como así. No estaba por ninguna parte, allí no había nadie. ¿Cómo era posible? ¿Dónde se había metido? ¿Tendría ese callejón un pasadizo secreto? mil preguntas y sin ninguna respuesta.
Parado en mitad del callejón logrando recobrar el aliento, dio una patada a la pared mientras maldecía al no poder capturarlo.
—¿¡Dónde te has escondido, cabrón?!
Se deslizó por la pared y se dejó caer en el suelo. Kaiser llegó al callejón y vio a Nathan sentado en el suelo. Su expresión era de enfado.
—¿Qué ha pasado? ¿Se ha escapado?
—¿Cómo es posible que alguien se desvanezca en menos de un segundo? ese imbécil no es humano.
—¿Por qué alguien querría una fotografía de ti?
—No, ya no es sólo de mi. A mi ya me fotografiaron anteriormente, es a ti a quién han fotografiado.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque estás conmigo. Me buscan a mi, y nos están fotografiando por alguna razón. Creo que a los demás le están haciendo lo mismo. Algo está pasando.

Blake entró en su apartamento. Después de haberse marchado de aquel club, sólo pensaba en irse a casa, tirarse en su cama y no despertar hasta mañana. Entre toda la oscuridad del apartamento, entró a su habitación y se tiró a la cama cerrando los ojos. Pensaba en la carta que le mandaron avisándole que debía demostrar que estaba con ellos, o con los demás Ángeles con el objetivo de llevarse al Nephilim, pero ahora ya era demasiado tarde. Ya no podía demostrar nada, y si intentaba algo sería hombre muerto.
No se podía hacer la idea de que iba a tener que aguantar a Nathan hasta el fin de sus días, pero era mejor que estar muerto.
La ventana de la habitación de éste, se abrió de par en par causándole un repentino susto. Era como si alguien acabase de abrirla bruscamente. No corría el aire, ni hacía viento. Blake, se levantó de la cama y observó por la ventana. Ni el viento soplaba ni hacia tanto aire como para poder abrirla de tal manera. No le dio mucha importancia así que volvió a cerrar la ventana y volviéndose a tumbar en la cama.
Giró su cabeza hacia el lado de la ventana. La estaba observando por si ésta otra vez se volvía a abrir.
Tras varios minutos de observación, cosa que ya empezaba a aburrirse y a entrarle sueño, notó como si alguien se sentase encima de él rápidamente. Era como un peso humano. Giró la cabeza rápidamente y agarró del cuello a esa figura fuertemente, pues no sabía quien era hasta que la pudo observar en mitad de toda esa oscuridad de la habitación. Quedó un tanto asombrado al saber que era ella.
—Adoro que me agarren del cuello, pero para otras acciones, ya me entiendes... —dijo Natsuki un tanto juguetona.
—¿Quién te ha dado permiso para entrar aquí? ¿Acabas de entrar por mi ventana?
—El permiso me lo doy a mi misma, y sí, he sido yo la que acaba de entrar por tu ventana.
Blake la observó de arriba abajo, estaba encima de él, con sus pantaloncitos cortos a pesar del frío de la noche. Empezaba a incomodarle que estuviese encima, empezaba a sentir demasiado calor.
—Deja de jugar conmigo, idiota.—le dijo—Me das miedo, no sé que estás tramando, así que deja de jugar conmigo. No estoy de ánimos ésta noche.
—¿Te doy miedo? eso es que lo estoy haciendo bien. Si quieres te subo los ánimos... y lo que no son los "ánimos", no sé si me entiendes.
—¿Te causa diversión ésto? siempre fuiste de calentar demasiado.
—Me causa bastante diversión. Y no siempre fui de calentar demasiado, siempre fui de calentarte a ti.
—Un día me odias, no me soportas, me deseas el mal, y ahora te muestras juguetona. ¿Qué coño te pasa?
—He venido aquí, a preguntarte personalmente que te ha dicho Kaiser. ¿Te amenazó? veo que te ha dado una paliza, se nota en tu labio. Hay una pequeña raja y un moratón en tu mejilla. Le mandé yo a que te detuviese a lo que sea que ibas a hacer.—sonrió.
—No me sorprende, te pone cachonda que me peguen, por lo que veo.
—Y a quién no, con la barbaridad de problemas que has causado.
—Estaréis contentos. Porque ya no podré hacer nada, ni volverme con los míos, ni entregar a Nathan. Estoy unido obligatoriamente a vuestro equipo. Kaiser me amenazó que si le provocaba algo al Nephilim, me matará o les dirá a todos los Ángeles que estoy enamorado de ti. Sea cierto o no, aunque haga algo, le dirá que estoy enamorado de una demonia y ellos lo creerán, porque se creen que les he traicionado.
—Y es cierto.
—No, no lo es.
—Te has quedado estancado en el pasado, y lo sabes.
 —No me hagas cabrear, ¿quién se podría enamorar de un bicho como tú?
—El insulto es una de tus maneras de demostrarme que me quieres.
—Lárgate de aquí, o te echaré yo. No quiero cabrearme.
—Hazlo, venga, cabreate. A ver de lo que eres capaz de hacerme.
Blake empujó a Natsuki de encima de él. Ella cayó al otro lado de la cama. Éste se levantó de la cama y encendió la luz de la habitación. La agarró bruscamente de los brazos haciéndola levantar de la cama y acto seguido la empujó contra la pared de la habitación, mientras que éste la acorraló con sus brazos y la miró fijamente.
—Juro que me dan ganas de matarte.—le dijo con la respiración acelerada y el ceño fruncido.
—Yo creo que te dan ganas de otra palabra muy distinta acabada en "arte".—le sonrió pícara.
—Como me sonrías así otra vez no responderé de mi. Hazme el favor de largarte de aquí, maldita demonia.
—Tranquilo, de todas formas estamos unidos de ahora en adelante. ¿Qué se siente estar unido a gente a la cual odias?
—No es muy agradable, eso tenlo por seguro.
—Va a ser divertido como van a ir las cosas de ahora en adelante. Hasta luego, Blake.—sonrió maliciosamente. Y en ese mismo instante, Natsuki desapareció de las manos de Blake y se marchó por el mismo sitio de donde había venido; la ventana.


A la mañana siguiente, Nathan reunió a toda su gente a un lugar concreto donde quedar, incluido Blake.
Kaiser y Nathan ya estaban allí. Era un pequeño parque, estaba bastante solitario.
Nathan sabía que a los demás también le habían estado fotografiando, o por lo menos lo habían sentido. Estaba muy seguro de ello y cuando intuía algo, nunca solía fallar.
Kyle, Scarlett, Natsuki, y Blake ya habían llegado. Nathan y Kaiser se levantaron del banco y se situaron en frente de ellos.
—Qué bonita cara traes hoy, Blake.—dijo Kaiser al apreciar los puñetazos que le dio. Blake apretó los dientes y se hizo el sordo. Nathan echo una mirada a Scarlett, pues la noche anterior se fue repentinamente y en cierto modo recordó lo que paso y estuvo a punto de pasar, pues no se sentía mal, le resultaba gracioso que la pelirroja mostrase ese comportamiento. Scarlett apartó la mirada, cosa que a Nathan le hizo reír.
—Quiero hablaros de un asunto.—comenzó a hablar.—Hace unos días mientras acompañaba a Scarlett a su apartamento, noté como alguien me hacía una fotografía. Escuché el sonido del disparo de la cámara y el flash apuntaba hacia mi. Ayer por la noche lo volví a sentir, pero era acompañado junto a éste hombre.—echó una mirada a Kaiser.—Y ésta vez la foto no iba para mi, sino para él. Alguien nos está fotografiando y me gustaría saber si a vosotros os está pasando lo mismo.
—A mi.—dijo Blake.—Después de salir del apartamento de Scarlett y Natsuki. Noté como si alguien me estuviese fotografiando, pero había demasiadas personas con cámaras así que no le di importancia.
—A noche también vi al individuo que nos fotografió.—añadió Nathan.—Lo perseguí, lo tenía muy cerca, pero al girar la esquina y meterse en un callejón, desapareció. No había nadie. Deduje que no era humano. Sé que algo está pasando, y probablemente os estén fotografiando porque estáis al rededor mio y saben que tenemos relación. Si vosotros aún no habéis sentido nada, probablemente os fotografíen cuando os pillen, no quiere decir que no os vayan a fotografiar.
—¿Lo ves? si es que eres un problema.—dijo Blake.—Deberías entregarte por tu cuenta y dejar a los demás vivir en paz.
—¿Tienes ganas de morir?—preguntó Kaiser.—Cierra el pico.
—Yo no quise ésto, podría llevarlo por mi cuenta. Pero, vosotros decidísteis uniros y en parte os lo agradezco, menos a ti.—miró a Blake.—que no me fío de ti ni un pelo aunque estés aquí.
—Bueno, ahora me toca hablar a mi.—dijo Kaiser. Éste se sacó de su bolsillo la carta que anteriormente le había robado a Blake.
—Tú, amigo mío, dime quien ha sido el Ángel que te escribió esta carta.
Blake no quiso hablar, no quería decir quien había sido, pues sabía que Nathan iba a ir a buscarlo costase lo que costase en cuanto dijese lo que Nathan quería escuchar. Como Blake no daba respuesta, Kaiser lo agarró bruscamente de la camiseta y lo pegó contra él.
—Como no me lo digas te romperé una pierna, y así con la otra y demás partes del cuerpo hasta que me des respuesta.
—Su nombre es Zigor. Es hombre, un Ángel.
—¿Y?
—No es el rey, ni el Dios, ni nadie importante. Pero, ese Ángel... Sabe quién mató a los padres de Nathan.
—¡¿QUÉ?!—exclamó Nathan sobresaltado. Nathan apartó a Kaiser que estaba agarrando a Blake, y ésta vez fue Nathan quien agarraba a éste fuertemente. Kyle, Scarlett y Natsuki quedaron asombrados al oír aquello y la reacción de Nathan, pues se notaba el odio en su mirada.
—¿Dónde está ese cabrón? ¿¡Dónde!?
—¡No lo sé! igual está en el mundo de los Ángeles o aún siga aquí. A mi no me dijo quienes lo mataron,  no confiaba tanto en mi para eso. Tampoco sé si el fue uno de ellos o finge no serlo.

Nathan soltó a Blake y con la mirada llena de odio dijo.

—Voy a pillar a ese hijo de puta.


1 comentario:

  1. hay maldita ya esperaba sexo entre natsuki y blake que creo que ya lo han hecho
    y entre scarlett y nathan

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